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Artes


 

"Libertad condicionada", entrevista con Griselda Gambaro (fragmento)

por Reina Roffé

 

(...)

-Durante su intervención en el "Congreso Internacional Autor Teatral y Siglo XX" celebrado en Madrid, usted dijo que los argentinos son caníbales o depredadores culturales. ¿Podría explicar por qué?

 

-Porque la cultura argentina opera por apropiación. Esto se ve en la pintura, en la música, en el teatro. En Latinoamérica nos han sacado tanto; y en el caso específico de la Argentina, al extirparnos la cultura indígena, nos provocaron una fractura. Por eso, los argentinos tuvimos que trabajar sobre el vacío que produjo la fractura de la Conquista y de otros procesos históricos. Sobre ese vacío, y después con las aportaciones de las corrientes inmigratorias y los sedimentos de estos aportes, hemos creado nuestra propia cultura. Pero todavía siguen resonando los ecos de aquel quiebre. Éste es uno de los motivos por los cuales nuestra cultura es una cultura en estado de conflicto. Hemos tenido que nombrarnos desde el principio.

 

-¿Estado de conflicto que se refleja en sus piezas teatrales y también en su novela Después del día de fiesta?

 

gambaroporkusmuk-Yo soy de origen italiano, siento de manera muy acusada este origen y el mestizaje cultural que hay en mi país; en efecto, esto se nota en lo que escribo. En Después del día de fiesta, uno de los personajes es Leopardi, caído por casualidad en la Argentina, y también están las cartas de la hermana Paulina. Pero estas incorporaciones circulan por la novela en un ambiente y con un clima muy del suburbio argentino. Las cartas de la hermana Paulina están intercaladas de tal forma que ya no podría decir qué pertenece a Paulina y qué a mi texto narrativo. Es un recurso que he usado en varias oportunidades, aunque siempre hay una base unificadora que responde a mi propia escritura. A mí me parece que este tipo de apropiación enriquece las obras, trae esa otra cultura que no nos pertenece, pero que hacemos nuestra por mestizaje. Ahora bien, cuando hablo de apropiación, lo que quiero decir es que recibo lo bueno que nos ofrecen los otros y lo integro a lo mío, pero no trato de imitarlos ni de parecerme a nadie.

(...)

-Sus primeras piezas abordaban temáticas que tenían que ver con los juegos del poder; en otras palabras, con el mundo de los hombres. Luego, usted empezó a tratar con mayor énfasis la problemática femenina. ¿A qué se debió el cambio?

 

-Se produjo a raíz de una novela que escribí en el año 1976, Ganarse la muerte, que fue publicada en Francia al mismo tiempo que en la Argentina. Las feministas francesas la entendieron como una novela que protestaba contra el sometimiento de la mujer. Yo viajé a Francia para la traducción y me puse en contacto con las feministas. Conversar con ellas me hizo pensar más en esa situación particular de la mujer. Antes, lo hacía instintivamente; mi oposición al sometimiento de la mujer era más visceral que otra cosa. Después, adquirí mayor consciencia y sentí la necesidad de incorporar esta problemática en mis obras.

 

-Los personajes femeninos, sobre todo de sus piezas teatrales, parecen aceptar la situación que la realidad les impone. ¿Son personajes derrotados?

 

-Puede que en La malasangre y en Del sol naciente, sí, pero son personajes derrotados desde otra óptica, porque no se entregan a la derrota, la derrota es el punto desde donde parten para tomar otra actitud frente a los acontecimientos y a su situación específica. Además, uno no acepta la derrota, la sufre. El personaje de El campo no tenía armas para superar la derrota. Pero las protagonistas de obras posteriores mías, sí. Asumen el fracaso, pero se rebelan contra él.

(...)

-¿Cuáles son sus mayores aportes al arte?

 

-No lo sé, eso lo tendrán que decir los demás. A mí lo que me gustaría es haber aportado un sentido ético, social y político. Porque toda esta época en la que se habla de la destrucción de las ideologías es muy mentirosa. Creo que el artista debe asumir una conducta y una responsabilidad social, debe oponerse a los modelos que el poder ofrece o impone, porque al poder siempre le va a resultar conveniente inculcar que ya se acabaron las ideologías, las utopías, etc. Entiendo que el arte debe estar atento primordialmente a su propia especificidad, pero también a lo que sucede en el mundo. Porque, de lo contrario, vamos a hacer un arte gratuito. Sé, sin embargo, que el arte nunca ha servido para atenuar los horrores del mundo, pero nos ha clarificado esos horrores. Entonces, si hacemos un arte complaciente o que esté atento nada más que a su propia estética, ya ni siquiera vamos a poder reconocer los horrores.

(...)

 

*La presente entrevista forma parte del libro "Conversaciones americanas" de la escritora y periodista argentina Reina Roffé (Ed. Páginas de Espuma, Madrid, 2001).

© fotografía: María Kusmuk.

 

 

© 2001-2005
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Puede reproducirse en internet citando la fuente y/o directamente linkeando a la dirección que se detalla. Para publicación en papel por favor comunicarse con la autora o el autor.
© 2002, Reina Roffé
Palabras clave: Griselda Gambaro, Reina Roffé, literatura argentina, narrativa, dramaturgia, exilio, dictadura militar.
URL de este archivo: http://www.rimaweb.com.ar/artes/roffe_gambaro.html