Plataforma de Acción
Beijing 1995, Anexos.
Anexos
Página
I. LISTA DE DOCUMENTOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . 2
II. DECLARACIONES INTRODUCTORIAS. . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . 5
III. DECLARACIONES DE CLAUSURA . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . .35
IV. DECLARACIÓN DE LA PRESIDENTA DE LA CONFERENCIA SOBRE
LA
INTERPRETACIÓN MÁS GENERALIZADA DEL TERMINO "GENERO"
. . . . . . . . 47 Anexo I
LISTA DE DOCUMENTOS
Signatura Título o descripción
A/CONF.177/1 Programa provisional
A/CONF.177/2 Reglamento provisional: nota de la Secretaría
A/CONF.177/3 Cuestiones de organización y de procedimiento:
nota de la Secretaría
A/CONF.177/4 Segundo examen y evaluación de la aplicación
de las Estrategias de Nairobi orientadas hacia el futuro para el
adelanto de la mujer: nota de la Secretaría
A/CONF.177/5 Estudio Mundial de 1994 sobre el Papel de la Mujer
en el Desarrollo: nota de la Secretaría
A/CONF.177/6 Actualización de la publicación Situación
de la Mujer en el Mundo: Tendencias y Estadísticas: nota
de la Secretaría
A/CONF.177/7 Informe del Comité para la Eliminación
de la Discriminación contra la Mujer
A/CONF.177/8 Resultados de las conferencias regionales y otras conferencias
internacionales: nota de la Secretaría
A/CONF.177/9 Medida en que la problemática del género
ha en las actividades de los mecanismos de derechos humanos de las
Naciones Unidas: informe del Secretario General
A/CONF.177/10 Informe preliminar presentado por el Relator Especial
sobre la violencia contra la mujer, con inclusión de sus
causas y consecuencias, y Plan de Acción para la eliminación
de las prácticas tradicionales que afectan a la salud de
las mujeres y los niños: nota de la Secretaría
A/CONF.177/11 Carta de fecha 2 de septiembre de 1995 dirigida al
Secretario General por la Presidenta de la Cuarta Conferencia Ministerial
de Países no Alineados sobre la función de la mujer
en el desarrollo
A/CONF.177/12 Nota de la Secretaría por la que se transmite
la decisión 18/6 del Consejo de Administración del
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
A/CONF.177/13 Plataforma de Acción: nota del Secretario General
A/CONF.177/14 Informe de la Comisión de Verificación
de Poderes
A/CONF.177/15 Nota de la Secretaría relativa al informe del
Secretario General sobre la liberación de las mujeres y los
niños que han sido tomados como rehenes en la zona de conflicto
armado
A/CONF.177/16 Carta de fecha 12 de septiembre de 1995 dirigida a
la Secretaria General de la Conferencia por la Jefa de la delegación
de China a la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, por la
que se transmite la Declaración Parlamentaria de Beijing,
aprobada el 7 de septiembre de 1995 por los participantes en el
Día de los Parlamentarios organizado por la Unión
Interparlamentaria en ocasión de la Cuarta Conferencia Mundial
sobre la Mujer*
A/CONF.177/17 Nota verbal de fecha 12 de septiembre de 1995 dirigida
a la Secretaria General de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la
Mujer por la de Azerbaiyán en Beijing
A/CONF.177/18 Nota verbal de fecha 14 de septiembre de 1995 dirigida
a la secretaría de la Conferencia por la delegación
de Francia ante la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer
A/CONF.177/19 Carta de fecha 14 de septiembre de 1995 dirigida al
Secretario General por el Embajador de Turquía ante la República
Popular de China
A/CONF.177/L.1 Proyecto de Plataforma de Acción y propuestas
que habrán de examinarse durante la preparación de
un proyecto de declaración: nota del Secretario General
A/CONF.177/L.2 Informe del grupo de contacto oficioso sobre cuestiones
relativas al género: nota de la Secretaría
A/CONF.177/L.3 Informe sobre las consultas oficiosas convocadas
por la Presidenta de la Comisión de la Condición Jurídica
y Social de la Mujer: nota del Secretario General
A/CONF.177/L.4 Informe de las consultas previas a la Conferencia
celebradas en el Centro Internacional de Convenciones de Beijing
A/CONF.177/L.5 y Add.1 a 3,
Add.3/Corr.1, Add.4 y 5,
Add.5/Corr.1, Add.6,
Add.6/Corr.1, Add.7 y 8,
Add.8/Corr.1, Add.9,
Add.9/Corr.1, Add.10 y 11,
Add.11/Corr.1, Add.12,
Add.12/Corr.1, Add.13,
Add.13/Corr.1, Add.14,
Add.14/Corr.1, Add.15,
Add.15/Corr.1, Add.16 y 17,
Add.17/Corr.1 y Add.18 a 21
Informe de la Comisión Principal
A/CONF.177/L.6 Consecuencias para el presupuesto por programas de
las recomendaciones contenidas en la Plataforma de Acción:
Exposición presentada por el Secretario General de conformidad
con el artículo 15 del reglamento de la Conferencia y la
sección IV de la resolución 46/189 de la Asamblea
General
A/CONF.177/L.7 y Add.1
(Parts I y II) Proyecto de informe de la Conferencia
A/CONF.177/L.8 Expresión de reconocimiento al pueblo y al
Gobierno de la República Popular de China: proyecto de resolución
presentado por Filipinas en nombre de los Estados Miembros de las
Naciones Unidas que forman parte del Grupo de los 77
A/CONF.177/L.9 Declaración y Plataforma de Acción:
proyecto de resolución presentado por Filipinas en nombre
de los Estados Miembros de las Naciones Unidas que forman parte
del Grupo de los 77
A/CONF.177/INF/1 y Corr.1 Información para los participantes
* La Jefa de la delegación de Egipto también presentó
una carta en la que solicitaba que se distribuyera la Declaración
Parlamentaria de Beijing.
Anexo II
DECLARACIONES INTRODUCTORIAS
Declaración del Sr. Boutros Boutros-Ghali,
Secretario General de las Naciones Unidas*
Antes que nada deseo darles la bienvenida y augurarles el mayor
éxito en sus debates y en su labor.
Deseo también, en nombre de la comunidad internacional y
de todos los que estamos hoy aquí presentes, agradecer al
Gobierno y el pueblo de China su generosa y cálida hospitalidad.
Es a la vez oportuno y significativo que China sea el país
anfitrión de esta histórica Conferencia mundial. Como
nadie ignora, China es miembro permanente del Consejo de Seguridad
y en tal calidad participa en la labor de las Naciones Unidas para
el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales. Al acogernos
a todos nosotros esta semana, China deja bien sentada su intención
de asumir el papel que le corresponde en las principales esferas
de acción de la comunidad internacional. La Conferencia que
hoy inauguramos marca pues la consolidación de una nueva
era en las relaciones entre China y las Naciones Unidas.
Este acontecimiento es un hito importante en el camino hacia el
futuro. China tiene los recursos naturales y humanos necesarios
para hacer una contribución importante al progreso mundial;
tiene además la capacidad para participar en forma dinámica
y entusiasta en la labor que realiza la Organización para
alcanzar el desarrollo sostenible, especialmente en África.
Sin la participación y el apoyo plenos y constantes de China,
las Naciones Unidas no pueden funcionar como foro verdaderamente
universal. La decisión de China de ser el escenario de este
importante acontecimiento de la historia contemporánea es
un símbolo del lugar que ocuparán en el mundo futuro
esta nación y todas las naciones de Asia que integran la
comunidad internacional.
Señora Presidenta, por su intermedio desearía hacer
llegar al pueblo chino nuestro mensaje de gratitud y reconocimiento.
Damos gracias asimismo a todas las delegaciones de los Estados Miembros.
Esta Conferencia es el resultado de muchos años de ardua
labor preparatoria; bien sé los enormes esfuerzos que ustedes
han hecho para que sea todo un éxito.
También damos gracias a las organizadoras, en particular
a la Secretaria General de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la
Mujer, Sra. Gertrude Mongella, y a su equipo.
Esta Conferencia Mundial sin paralelo nos acerca a la verdadera
universalidad y otorga así nueva legitimidad a las deliberaciones
de la comunidad internacional. Hoy están aquí reunidos
representantes de gobiernos, de asociaciones de mujeres y de organizaciones
de la sociedad civil.
Esta profusión demuestra que se ha forjado en la vida internacional
un nuevo vínculo ente las organizaciones gubernamentales
y las organizaciones no gubernamentales. Somos testigos hoy de la
nueva legitimidad que han conquistado las organizaciones de la sociedad
civil como protagonistas en el escenario internacional.
La eficacia de nuestra labor presente y futura dependerá
en gran medida de nuestra voluntad de permanecer abiertos y receptivos
a las ideas y sugerencias de esas organizaciones.
Esta reunión es histórica, no solamente por los representantes
que en ella participan sino también por los temas de debate.
El logro de una igualdad de hecho y de derecho entre hombres y mujeres
es el gran proyecto político del siglo XX. En la ejecución
de ese proyecto se ha confiado un papel crucial a las Naciones Unidas.
Nos reunimos ahora para llevar esa gran empresa adelante, hacia
el siglo XXI y más allá; para consolidar los logros
jurídicos, desarrollar los entendimientos políticos
y comprometernos a la acción.
El milenio toca a su fin con un siglo de cambios sociales y políticos
sin precedentes en todo el planeta. Los grandes trastornos no perdonaron
país ni pueblo alguno. Hay quienes ya han llegado a la conclusión
de que el siglo XX ha sido una era de oscurantismo en la historia
de la humanidad. Nadie puede negar que sus guerras y sus luchas
han sido cruentas y causaron gran sufrimiento humano. Pero de ese
sufrimiento surgió un nuevo espíritu, un espíritu
de esperanza, y la firme decisión de obrar el cambio.
La creación de las Naciones Unidas 50 años atrás
fue uno de los logros del nuevo espíritu. En ese momento,
después del cataclismo de la guerra mundial, el mundo lanzó
una mirada retrospectiva para adquirir experiencia y evitar errores;
también miró hacia el futuro no para la simple reconstrucción
de una comunidad internaciona desmembrada, sino para edificar otra
nueva y mejor.
El reconocimiento de la dignidad y del valor de la mujer, así
como de la contribución fundamental que ésta hace
a todos los aspectos de la vida, en un pie de igualdad con el hombre,
han sido uno de los elementos principales de ese mundo mejor.
Así pues, en la Carta de las Naciones Unidas los Estados
incorporaron un compromiso claro de respetar los derechos de la
mujer:
"... reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre,
en la dignidad y el valor de la persona, en la igualdad de derechos
de hombres y mujeres ..."
Esto fue algo más que una declaración de elevados
ideales en cuanto al mundo del futuro. Fue un compromiso de procurar
que hombres y mujeres tuvieran los mismos derechos y disfrutaran
de ellos y, a diferencia de todos los demás compromisos asumidos
en la Carta, éste era mensurable.
Este compromiso también anunciaba el futuro de otra forma,
pues su incorporación en la Carta se debe a que algunas organizaciones
no gubernamentales de mujeres trabajaron con los representantes
de los gobiernos para que así se hiciera.
La entonces Primera Dama de los Estados Unidos, Eleanor Roosevelt,
tuvo una participación decisiva en el proceso.
Desde su creación, las Naciones Unidas vienen alentando constantemente
a
los Estados Miembros para que cumplan su compromiso.
En los primeros años, entre 1945 y 1962, las Naciones Unidas
se concentraron en la igualdad de las mujeres ante la ley. En 1946,
la Asamblea General estableció la Comisión de Derechos
Humanos y la Comisión de la Condición Jurídica
y Social de la Mujer. La Declaración Universal de Derechos
Humanos se aprobó en 1948. De este modo, las Naciones Unidas
trataron de sentar las bases jurídicas de la igualdad de
la mujer consagrada en la Carta.
En una segunda etapa, entre 1963 y 1975, la comunidad internacional
empezó a reconocer la importancia del desarrollo para el
adelanto de la mujer. La Organización incorporó en
el núcleo de su labor los aspectos económicos y sociales
de la vida cotidiana de las mujeres. En 1967, se aprobó la
Declaración sobre la Eliminación de la Discriminación
contra la Mujer.
En 1975, se celebró en la Ciudad de México la primera
Conferencia Mundial sobre la Condición Jurídica y
Social de la Mujer. Allí se proclamó el año
1975 Año Internacional de la Mujer, y se concibió
un tema tripartito: igualdad, desarrollo y paz, que se convirtió
en la base de la labor de la Organización en años
ulteriores y sigue siendo la base de nuestra labor actual.
Entre 1976 y 1985, las Naciones Unidas observaron el Decenio para
la Mujer, tercera etapa en la labor de las Naciones Unidas en favor
de la mujer, que culminó con el nuevo y crucial reconocimiento
de que las mujeres son agentes activos en el proceso de desarrollo
y contribuyen a él.
El año 1979 fue un año histórico: la Asamblea
General de las Naciones Unidas aprobó la Convención
sobre la eliminación de todas las formas de discriminación
contra la mujer, primer instrumento jurídico internacional
en el que se define la discriminación contra la mujer. Era,
en otras palabras, una declaración internacional de derechos
humanos para la mujer. En ese documento también se destacaba
la importancia de la acción, incluso la acción en
las esferas del empleo y la educación, para garantizar que
el progreso de la mujer tuviera una realidad de hecho y no sólo
de derecho.
Las grandes conferencias celebradas durante el Decenio para la Mujer
(en Copenhague en 1980 y en Nairobi en 1985) ofrecieron un foro
para que las organizaciones de mujeres participaran en la concepción
de la labor de las Naciones Unidas. Durante el Decenio también
se convino en la necesidad de adoptar medidas prácticas para
mejorar la vida de las mujeres.
La aprobación de las Estrategias de Nairobi orientadas hacia
el futuro para el adelanto de la mujer hasta el año 2000
fue otro hito en el proceso del adelanto de la mujer. Dichas Estrategias
incluían orientaciones para la formulación de medidas
nacionales encaminadas a alentar la participación de la mujer
en los esfuerzos en pro de la paz y en la educación para
la paz. También se señalaba en ellas la necesidad
de prestar especial atención a las medidas para ayudar a
las mujeres en situaciones particularmente difíciles.
Durante el último decenio se llevó a cabo la cuarta
fase de la labor de las Naciones Unidas en favor de las mujeres.
El nuevo programa mundial se elaboró en una serie de conferencias
mundiales. En ellas quedó claro que ningún progreso
era posible sin la participación plena y equitativa de mujeres
y hombres en lo que respecta a la promoción de la paz, la
protección del medio ambiente, el desarrollo sostenible,
los derechos humanos, la población, la salud, la educación,
el gobierno, el hogar y la sociedad civil.
En la Cumbre Mundial en favor de la Infancia celebrada en 1990 se
establecieron las metas de salud, educación y nutrición
para mujeres y niños.
La importancia de la mujer para la protección del medio ambiente
y la promoción del desarrollo sostenible se reconoció
en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio ambiente
y el Desarrollo, celebrada en Río de Janeiro: en la aplicación
del Programa 21 correspondería a las mujeres un papel central.
En la Conferencia Mundial de Derechos Humanos celebrada en Viena
se reafirmó la universalidad de los derechos humanos, y se
entendió que las mujeres debían ejercer los mismos
derechos que los hombres en un pie de igualdad.
En la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo
celebrada en El Cairo se reconoció el papel central que correspondía
a las mujeres en esas dos esferas. En un texto establecido por consenso
se reflejó un concepto de los derechos de procreación,
firmemente basado en los instrumentos de derechos humanos. También
se estableció un vínculo entre la potenciación
de la mujer y el desarrollo.
En la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social celebrada en Copenhague
en 1995 se aprobó una Declaración y Programa de Acción,
uno de cuyos principios básicos es la plena integración
y participación de la mujer en las medidas para acelerar
el desarrollo social y erradicar la pobreza.
Hoy se cumplen 50 años de esfuerzos constantes, encabezados
por las Naciones Unidas, por promover la causa de la mujer.
Uno de los temas de nuestra Conferencia es la igualdad. En muchos
países ya existe la igualdad ante la ley, pero la igualdad
de hecho sigue siendo una meta difícil de alcanzar en todos
los países. La igualdad de dignidad está lejos de
ser una realidad y la discriminación por motivos de género
sigue siendo generalizada. Se necesitan medidas reales y concretas
para garantizar la igualdad de oportunidades de educación
e igualdad de acceso a los servicios de salud, el empleo y el poder
político.
Las mujeres trabajan más horas por menos paga y en empleos
de menor categoría que los hombres en casi todos los países.
El 70% de los 1.300 millones de pobres que hay en el mundo son mujeres.
Las mujeres y los niños que dependen de ellas constituyen
la mayoría de los 23 millones de refugiados y los 26 millones
de personas desplazadas dentro de sus países en todo el mundo.
Cuando se firmó la Carta ningún Estado había
elegido aún a una mujer como Jefe de Estado o de Gobierno.
Desde entonces, 24 mujeres han sido elegidas para esos cargos. Sin
embargo, queda mucho camino por recorrer antes de alcanzar la igualdad
entre hombres y mujeres en los altos puestos gubernamentales.
En 1994, en 25 Estados no había ni una sola ministra; en
general, sólo el 5,7% de los ministros del mundo eran mujeres;
y en ningún país las mujeres constituían la
mayoría de los miembros elegidos del Parlamento.
Había algunas excepciones: en Suecia, los cargos ministeriales
están distribuidos equitativamente entre hombres y mujeres.
El Caribe es la única región donde más del
20% de los altos funcionarios gubernamentales son mujeres.
En las propias Naciones Unidas se están haciendo progresos.
En mi carácter de Secretario General, he nombrado mujeres
para dirigir varios programas, con lo cual el número total
de directoras ejecutivas se ha elevado a cinco.
La Asamblea General ha tomado recientemente una medida histórica:
el nombramiento de la primera magistrada en la Corte Internacional
de Justicia.
He dado instrucciones claras para que en las Naciones Unidas se
promuevan activamente las metas de la Carta en lo que respecta a
la igualdad entre los sexos. He aprobado planes de acción
dentro de la Organización para fomentar un entorno laboral
sensible al género y garantizar que se tengan en cuenta los
aspectos de género en todas las actividades.
El papel de la mujer en la promoción de la paz es otro de
los temas de esta Conferencia. En las misiones de paz de las Naciones
Unidas, las mujeres siguen siendo un recurso insuficientemente aprovechado.
Las misiones deben prepararse teniendo en cuenta la extraordinaria
capacidad de las mujeres para hacer frente a situaciones de crisis.
La violencia contra las mujeres parece ir en aumento. La comunidad
internacional debe condenar esa situación en forma firme
y unánime.
En estudios nacionales efectuados en 10 países se estima
que entre el 17% y el 38% de las mujeres han sido agredidas físicamente
por su compañero. Aproximadamente 100 millones de niñas
son víctimas de la mutilación genital.
Hoy son más que nunca las mujeres que sufren los efectos
de la guerra y los conflictos. Hay una tendencia deplorable a la
humillación organizada de las mujeres, incluido el delito
de violación en masa.
Insistiremos en que se tomen medidas jurídicas internacionales
contra quienes hayan perpetrado actos de violencia organizada contra
las mujeres en tiempos de guerra.
Otro tema de esta Conferencia es el desarrollo. La comunidad internacional
ha reconocido la enorme capacidad de la mujer como agente del consenso
y el cambio pacífico. Es menester aprovechar la energía,
las ideas y las aptitudes de la mujer, no solamente para la reconstrucción
de las sociedades que han sido asoladas por la guerra sino también
para promover condiciones favorables para el desarrollo económico
y social general.
La carga que pesa sobre las mujeres rurales en los países
en desarrollo es bien conocida. En 1992, las Naciones Unidas organizaron
en Ginebra la primera conferencia internacional sobre las mujeres
rurales y el desarrollo. Nuestros esfuerzos de desarrollo deben
cumplir con este precepto: el desarrollo es necesario para las mujeres
rurales, pero a su vez, todo lo que beneficia a las mujeres rurales
redunda en beneficio del desarrollo.
Esta idea ha prosperado y es ahora ampliamente aceptada. Las mujeres,
su vida, sus funciones, sus aspiraciones, son la clave del desarrollo
en todos sus aspectos. La igualdad, la paz y el desarrollo deben
llegar a todas las mujeres de la Tierra. Con la promoción
de los derechos y las esperanzas de las mujeres en todas esas esferas
se beneficiará toda la sociedad humana.
Esta Conferencia es un hito en la historia de la labor de las Naciones
Unidas en favor de las mujeres. Es la culminación de una
serie de conferencias mundiales y abarca los temas tratados en todas
ellas. Esta Conferencia es un llamamiento a la acción.
La Plataforma tiene un alcance amplio y constituye un reto para
todos. Adopta un enfoque integrado para una gran variedad de problemas
y abarca todas las cuestiones, económicas, sociales, culturales
y políticas, que interesan al sistema de las Naciones Unidas.
A medida que avanzamos, la asociación entre el gobierno y
la sociedad civil se torna más importante. La Plataforma
no cobrará realidad a menos que dicha asociación se
extienda ahora a la etapa de la aplicación.
Ni los decretos gubernamentales ni los actos aislados de pequeños
grupos ciudadanos bastarán para que la Plataforma dé
frutos. El gobierno y los ciudadanos deben trabajar de consuno.
En todos los niveles, la familia, la comunidad local y el Estado,
debe promoverse la cooperación.
El Gobierno puede acopiar recursos. La sociedad civil puede hacer
participar a todos sus miembros. El lema del movimiento "Pensar
a nivel mundial; actuar a nivel local", tiene hoy más
pertinencia que nunca.
Hay una creciente conciencia de que las actitudes y el comportamiento
tanto de los individuos como las instituciones deben cambiar para
tener en cuenta los derechos reales y las necesidades reales de
las mujeres.
No olvidemos que el progreso que hagamos es mensurable y será
medido. Las generaciones futuras nos pedirán que rindamos
cuentas; buscarán pruebas concretas de que después
de Beijing, en 1995, hubo una acción real. No las decepcionemos.
No nos decepcionemos. Trabajemos juntos, para que nuestras palabras
se traduzcan en acción. Luchemos por la causa de todas las
mujeres del mundo.
* El discurso fue pronunciado por el Representante Especial del
Secretario General.
Declaración de la Sra. Chen Muhua, Vicepresidenta
del Comité Permanente
del Congreso Popular de China y Presidenta de la Conferencia
En primer lugar, permítanme agradecerles la confianza que
han depositado en mí al elegirme Presidenta de la Cuarta
Conferencia Mundial sobre la Mujer. Me siento profundamente honrada
y tengo plena conciencia de la gran responsabilidad que se me confiere
con el puesto. Para merecer esa confianza, haré todo lo que
esté en mi mano para cooperar con las delegaciones de todos
los países y con la Secretaría de las Naciones Unidas
a fin de lograr que la Conferencia sea todo un éxito. Entretanto,
espero contar con el apoyo y la orientación de todos ustedes.
En 1985 asistí en Nairobi como jefa de la delegación
de China, a la Tercera Conferencia Mundial sobre la Mujer, donde
me sumé a los delegados de otros países para examinar
las formas de promover el adelanto de la mujer. Juntos elaboramos
un documento de suma importancia: las Estrategias de Nairobi orientadas
hacia el futuro para el adelanto de la mujer. Para mí la
experiencia fue emocionante.
Hoy en día, 10 años más tarde, en vísperas
del cincuentenario de la fundación de las Naciones Unidas
y en el umbral de un nuevo siglo, nos encontramos reunidos en Beijing
para redactar la Declaración y Plataforma de Acción,
dirigidos a acelerar la aplicación de las Estrategias de
Nairobi con el fin de alcanzar nuestro objetivo común de
lograr la igualdad de los sexos.
En los 10 últimos años se han producido enormes cambios
en el mundo en que vivimos. Aunque la paz y el desarrollo siguen
siendo las dos tareas comunes a que se enfrenta el mundo entero,
el adelanto de la condición de la mujer se ha convertido
en un objetivo fundamental. Aunque la paz, la estabilidad y el desarrollo
económico son la base del adelanto de la mujer, la igualdad
y la participación de la mujer son garantía importante
del mantenimiento de la paz y el logro del desarrollo. Por consiguiente,
al preparar nuestra estrategia para el futuro, debemos tener en
cuenta el tema de la Conferencia que es, también nuestro
objetivo común: Acción para la Igualdad, el Desarrollo
y la Paz.
Resulta tranquilizador observar que gracias a los esfuerzos realizados
conjuntamente por las Naciones Unidas los gobiernos y las organizaciones
no gubernamentales, se han logrado avances alentadores en la promoción
de la igualdad de los sexos, por lo que la mujer desempeña
un papel cada vez más importante en diversas esferas de la
vida social. El papel fundamental de la mujer y el goce de sus derechos
se han reafirmado y destacado en los últimos años
en conferencias internacionales importantes como la Conferencia
de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo,
la Conferencia Mundial de Derechos Humanos, la Conferencia Internacional
sobre la Población y el Desarrollo y la Cumbre Mundial sobre
Desarrollo Social. Es evidente que la mujer pide insistentemente
que se mejore su condición; los tiempos lo exigen y la humanidad
aspira a ello.
Aunque se han logrado progresos, no debemos perder de vista la cruda
realidad que tenemos ante nosotros: los diversos objetivos planteados
en las Estrategias de Nairobi aún no se han alcanzado; el
número de mujeres en condiciones de pobreza aumenta en todo
el mundo y un gran número de mujeres y niños todavía
libran una batalla perdida contra el hambre; la tasa de analfabetismo
de la mujer sigue siendo muy superior a la del hombre, pues gran
cantidad de niñas se ven obligadas a abandonar la escuela
por diversos motivos; muchas mujeres, al no tener acceso a la atención
básica de salud, siguen siendo vulnerables a las enfermedades;
en algunas regiones, las mujeres y los niños se han convertido
en el grupo más numeroso de víctimas de constantes
conflictos armados; la violencia contra la mujer, incluida la violencia
doméstica, todavía existe. En la mayoría de
los casos, los derechos de la mujer, en lugar de respetarse, se
violan e ignoran. Todos esos factores constituyen graves obstáculos
al adelanto de la condición de la mujer en todo el mundo.
Nuestra misión en esta Conferencia es noble pero ardua. Espero
que todos los participantes traten de encontrar un terreno común
y dejen de lado las diferencias, que se unan y cooperen estrechamente
para hacer realidad el tema de esta Conferencia: Acción para
la Igualdad, el Desarrollo y la Paz.
Dentro de cinco años llegaremos al siglo XXI. Todos los presentes
en la Conferencia, incluida yo misma, somos responsables de una
tarea histórica e importante. Las mujeres de todos los países
y regiones del mundo han depositado su confianza en nosotros, con
la esperanza de que la comunidad internacional y los gobiernos asuman
un compromiso solemne y lo traduzcan en medidas concretas, de tal
forma que la Conferencia contribuya a mejorar más rápidamente
la condición de la mujer en todo el mundo. Trabajemos juntos
para estar a la altura de las expectativas del mundo entero.
Declaración de Gertrude Mongella, Secretaria
General de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer
Por fin estamos aquí en Beijing para participar en la Cuarta
Conferencia Mundial sobre la Mujer, conferencia extraordinaria por
varias razones. Ha generado mucho interés y ha dado lugar
a muchas deliberaciones en todo el mundo, entre hombres y mujeres,
viejos y jóvenes de distintos países. Ha reunido a
un número de personas sin precedentes en otras conferencias
de las Naciones Unidas, sea cual fuese su tema. Todo parece indicar
que se ha puesto en marcha una revolución social.
Esta Conferencia se ha caracterizado por un proceso preparatorio
intensivo, que ha incluido debates y consultas nacionales, regionales
e internacionales entre los gobiernos y los órganos no gubernamentales.
En cada una de las etapas de ese proceso se ha dado un paso más
hacia el consenso. Ahora debemos suponer la prueba final y demostrar
nuestro empeño en pasar a la acción, con nuestra Plataforma
de Acción.
Esta Plataforma es un tapiz de carácter mundial tejido por
mujeres, hombres y jóvenes y en su trama han participado
por igual todas las naciones, razas y religiones. Fue bordado cuidadosamente,
con esmero y objetividad durante las diversas consultas, conferencias
y reuniones organizadas a nivel nacional, regional e internacional.
La Plataforma es un documento para el mundo; pero para las mujeres
es un documento que les pertenece porque incorpora las aspiraciones,
las esperanzas y las medidas que nos ayudarán a entrar al
siglo XXI. De hecho, la Plataforma es un documento para todos. Nadie
podrá ser un mero espectador de las actividades que se emprendan
para aplicarla, ni dejar de tomar parte en ellas, porque se trata
de un programa social fundamental que afecta a toda la humanidad.
Por esta razón quiero pedir a todas las mujeres que participan
en esta Conferencia y en el Foro de organizaciones no gubernamentales
que no sólo actúen como representantes de sus gobiernos
y de las organizaciones no gubernamentales sino que además
se entreguen a la cruzada en la que hemos participado durante tantos
años. Como señalé en la inauguración
del Foro de organizaciones no gubernamentales "Millones de
personas han puesto su confianza en nosotros. No debemos defraudarlas".
Quisiera destacar algunas cuestiones importantes que se plantearon
durante el proceso preparatorio de la Conferencia de Beijing:
En primer lugar, es necesario considerar las cuestiones relativas
a la mujer de una forma integral y abordarlas como parte de los
intereses globales de la sociedad y el desarrollo. No será
posible lograr el desarrollo sostenible sin afianzar la colaboración
entre las mujeres y los hombres en todos los aspectos de la vida.
Las mujeres siempre han estado al lado de los hombres en la lucha
por abolir la esclavitud, liberar a los países del colonialismo,
desmantelar el apartheid y lograr la paz. Ha llegado la hora de
que los hombres se unan a las mujeres en su lucha por la igualdad.
En segundo lugar, debido a que las cuestiones relativas a la mujer
se relacionan entre sí, es imprescindible atribuir la importancia
y la consideración debidas a cada una de esas cuestiones.
En tercer lugar, es necesario reconocer el vínculo intergeneracional
peculiar de la mujer, así como los efectos acumulativos de
los problemas, que, si no se resuelven, suelen agravarse en fases
posteriores.
Por último, desde la primera conferencia sobre la mujer celebrada
en México hace unos 20 años, las mujeres han aprendido
que para lograr la igualdad deben depender de sí mismas.
Nadie más tomará medidas que las beneficien basándose
en un principio teórico de igualdad. Las mujeres han hecho
investigaciones y han sido objeto de investigaciones. Las estadísticas
son muy desalentadoras en varias esferas fundamentales como la pobreza,
la educación y el analfabetismo, la salud, la violencia contra
la mujer, el buen gobierno y la política, y los derechos
humanos. Con las estadísticas disponibles y los hechos ya
bien documentados es indudable que las mujeres están en peor
situación que los hombres. En el informe Situación
de la mujer en el mundo, 1995, publicado el mes pasado, se demuestran
de forma fehaciente los cambios ocurridos y los obstáculos
que deberán superarse.
Estamos en el decenio último y crucial del siglo XX y debemos
aprovechar la solidaridad que hoy nos une en nuestras experiencias
comunes, independientemente de nuestra raza, color o religión,
para adentrarnos en el siglo XXI armadas con una visión,
imaginación y decisiones que puedan cambiar nuestras vidas,
las de nuestros hijos y las de los hijos de nuestros hijos. Hemos
dicho siempre que las mujeres y los hombres deben colaborar para
que el mundo pueda cruzar el umbral del próximo milenio en
condiciones de seguridad. Por ello también debemos lograr
la participación de los jóvenes.
Son nuestra esperanza y nuestro futuro, y la sociedad se beneficiará
de su actuación.
Nuestro programa debe ocuparse de la erradicación del analfabetismo,
la mala salud, la pobreza, el desempleo y la violencia, así
como del fomento de la participación de la mujer en la adopción
de decisiones y del pleno ejercicio de sus derechos. Nuestro programa
debe concentrarse en actividades que eliminen la discriminación,
la marginación y la exclusión social.
Ya existen las bases del cambio; sólo falta contraer un compromiso
para tomar medidas destinadas a provocarlo. Cuando se analizan los
hechos y se desglosan las estadísticas, es innegable que
para cambiar el status quo es necesario pasar a la acción.
La acción es la única vía para el progreso.
Nada puede sustituirla.
En la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer deben conseguirse
promesas para la acción y promesas de recursos en los planos
nacional e internacional. Esta es la misión de la Conferencia
de Beijing. Todos los gobiernos deben fijarse prioridades, especificar
los recursos con que han de contribuir ydeclarar las medidas que
tomarán para rendir cuentas ante las mujeres del mundo. Esta
Conferencia debe preservar los progresos logrados y los acuerdos
concertados en conferencias anteriores, y también pasar de
las palabras a los hechos para lograr un cambio auténtico.
Quiero concluir con las siguientes preguntas sobre una cuestión
que me interesa personalmente y también interesa a muchas
otras mujeres:
šHasta cuando contribuirán las mujeres a la compra de armas
con su trabajo?
šHasta cuando continuarán las mujeres dando vida sólo
para que se la lleve la fuerza de las armas?
šHasta cuando continuará el mundo haciendo caso omiso de
las lágrimas derramadas por las mujeres durante los conflictos
armados?
La Plataforma de Acción no podrá aplicarse hasta que
no se aborde adecuadamente la cuestión de la paz.
Declaración de Benazir Bhutto, Primera Ministra
del Pakistán
El Pakistán agradece al Gobierno y al pueblo de China por
acoger esta Conferencia. Agradecemos profundamente la cálida
acogida y la gentil hospitalidad que se nos ha brindado.
Rindo un homenaje especial al Secretario General de las Naciones
Unidas y a la Sra. Gertrude Mongella, Secretaria General de la Conferencia,
por sus incansables esfuerzos en la organización de esta
Conferencia.
En este momento el mundo está sumido en una crisis moral,
una crisis de injusticia e inacción, una crisis de silencio
y conformidad. Esta crisis es la resultante de siglos y generaciones
de opresión y represión. En consecuencia, esta Conferencia
trasciende la política y la economía, pues estamos
tratando una cuestión moral fundamental.
Es esta una ocasión verdaderamente histórica. Unas
40.000 mujeres se han reunido aquí para exigir sus derechos,
asegurar un mejor futuro para sus hijas, poner fin a los prejuicios
que todavía siguen negando a tantas de nosotras el lugar
que legítimamente nos corresponde ocupar en la sociedad.
En esta solemne ocasión me presento ante ustedes no sólo
como Primera Ministra sino como mujer y madre - una mujer orgullosa
de su patrimonio cultural y religioso, una mujer sensible a los
obstáculos que se oponen a la justicia y a la plena participación
que todavía debe superar la mujer en prácticamente
todas las sociedades del mundo.
Como primera mujer en la historia que ha sido elegida para dirigir
una nación islámica, siento una especial responsabilidad
respecto de las cuestiones relativas a la mujer y respecto de todas
las mujeres. Y como musulmana, siento una responsabilidad especial
de oponerme a la propaganda de un puñado de personas en el
sentido de que el Islam asigna a la mujer una condición de
ciudadana de segunda clase, lo que no es efectivo. Hoy en día,
el mundo musulmán tiene tres primeras ministras, elegidas
por votación tanto de hombres como de mujeres, por nuestra
competencia personal y no por ser mujeres.
Nuestra elección ha destruido el mito construido por el tabú
social de que el lugar de una mujer está en el hogar y que
trabajar es vergonzoso o deshonroso o socialmente inaceptable para
una mujer musulmana. Nuestra elección ha dado a las mujeres
de todo el mundo musulmán la fuerza moral para declarar que
resulta socialmente correcto que una mujer trabaje y para que sigan
nuestros pasos como trabajadoras y madres que trabajan.
Las mujeres musulmanas tienen una responsabilidad especial para
ayudar a distinguir entre las enseñanzas del islamismo y
los tabúes sociales urdidos por las tradiciones de una sociedad
patriarcal. Es esta una distinción que los oscurantistas
no desearían ver pues creen en la discriminación.
La discriminación es el primer paso a la dictadura y a la
usurpación del poder. Hace un mes, el Pakistán acogió
la primera conferencia de mujeres parlamentarias que se haya celebrado
en el mundo musulmán. Nunca en la historia del Islam se habían
reunido tantas mujeres trabajadoras y representantes elegidas en
un lugar para hablar al unísono. Al reunirse más de
100 delegadas de 35 países musulmanes, sentí una gran
sensación de orgullo al comprobar que nosotras las mujeres
podemos contar con nosotras mismas para apoyarnos y darnos valor
en todo el mundo a fin de enfrentarnos y oponernos a los que no
permiten la emancipación de la mujer.
Hoy en día siento la misma sensación de orgullo, nosotras
las mujeres nos hemos reunido en Beijing, la antigua capital de
una antigua civilización, para declarar que no estamos solas
en nuestra búsqueda de emancipación, que las mujeres
de todos los continentes están juntas en busca del amor propio,
la conciencia del propio valor, la dignidad y el respeto de la sociedad
misma. Al distinguir entre las enseñanzas del islamismo y
los tabúes sociales, debemos recordar que el Islam prohíbe
la injusticia: la injusticia contra las personas, contra las naciones,
contra las mujeres. Descalifica la raza, el color de la piel y el
sexo como base de distinción entre los seres humanos, consagra
la piedad como único criterio para juzgar a la humanidad.
Trata a la mujer como un ser humano por derecho propio, no como
un objeto. Una mujer puede heredar, divorciarse, recibir asistencia
de divorcio y tener la custodia de los hijos. Las mujeres son intelectuales,
poetas, juristas y hasta participan en la guerra.
El libro sagrado de los musulmanes se refiere al gobierno de una
mujer, la Reina de Saba, se alude a su sabiduría y a su país
como la tierra de la abundancia.
El propio Santo Profeta se casó con una mujer que trabajaba,
y la primera persona que se convirtió al islamismo fue una
mujer, Bibi Kahdija. El Profeta Mahoma condenó categóricamente
la práctica del infanticidio femenino en la Arabia preislámica,
y le puso fin. El Corán dice lo siguiente:
Más cuando se anuncia a uno de ellos la buena nueva del nacimiento
de una hembra, su semblante se ensombrece y sofoca la angustia en
su interior; se oculta de las gentes por la mala noticia que ha
recibido: "šLa conservará a pesar de la deshonra o la
enterrará en el polvo?" En verdad, cuán malo
es lo que juzgan! (Sura, Al-Nahl, versículos 57, 58 y 59)
La validez de esas palabras se mantiene aun hoy día. Cuántas
mujeres "se conservan" en sus familias "a pesar de
la deshonra" y crecen abrumadas por cargas emocionales. Cuán
trágico resulta que la práctica preislámica
del infanticidio femenino aún persista en un mundo que consideramos
moderno y civilizado. Con frecuencia se abandona a las niñas
o no se les permite nacer.
Las estadísticas muestran que en más de 15 naciones
asiáticas el número de hombres supera ahora cada vez
más al de mujeres. Se quiere a los niños porque se
considera que tienen más valor que una niña. Se quiere
a los niños para satisfacer el ego: llevan el nombre del
padre en este mundo. Sin embargo, con demasiada frecuencia olvidamos
que, para los musulmanes, en el Día del Juicio se llamará
a cada persona no por el nombre de su padre sino por el de su madre.
Para agradar a su marido, una mujer desea un hijo. Para que su marido
no la abandone, una mujer desea un hijo. Cuando una mujer espera
una niña, con demasiada frecuencia apoya a su marido y abandona
o no permite nacer a esa niña inocente y perfectamente formada.
El clamor de la niña llega a los que estamos aquí
reunidos hoy día. Esta Conferencia debe trazar un derrotero
que pueda crear un entorno en que se reciba y se valore a una niña
tanto como a un niño, en que una niña se considere
tan digna como un niño. Cuando fui Presidenta de la Asociación
del Asia Meridional para la Cooperación Regional, la Asociación
declaró1989 Año de la Niña. Seis años
más tarde, continúa la situación de vulnerabilidad
de la niña, no debido a la religión en el caso del
Pakistán sino debido al prejuicio social.
Con demasiada frecuencia se han negado a las mujeres musulmanas
los derechos que les concede el islamismo. En todo el mundo, desarrollado
o en desarrollo, se niegan los derechos a las mujeres. En todo el
mundo las mujeres están sujetas a la violencia en el hogar.
A menudo una mujer no abandona el hogar porque no tiene donde ir
o prefiere quedarse y sufrir la violencia por sus hijos. En el Pakistán
hemos comenzado una campaña en los medios de difusión
para hacer conciencia en el público acerca de la violencia
en el hogar, con objeto de que las mujeres sepan que es un delito
y para poner sobre aviso a los hombres de que pueden ser sancionados
por ello. En muchas sociedades las mujeres son con frecuencia sometidas
a tortura, no sólo por parte de los hombres sino también
por sus parientes políticos del sexo femenino para obtener
beneficios financieros de la familia de la mujer. A veces la mujer
muere a manos de su marido o parientes políticos para que
él pueda tener otra esposa y más dote. El sistema
de dote es un mal social contra el que debemos alzar nuestras voces
y respecto del cual es preciso crear mayor conciencia.
Las mujeres no son víctimas del abuso físico únicamente,
también son víctimas del abuso verbal. A menudo los
hombres, llenos de cólera y frustración y en forma
poco civilizada, utilizan un lenguaje rudo y vulgar contra la mujer.
Lamentablemente, a veces las mujeres también utilizan un
lenguaje vulgar para denigrar a otras mujeres.
Por lo tanto, debemos colaborar para cambiar no sólo las
actitudes de los hombres sino las actitudes de hombres y mujeres.
La mujeres han pasado a ser víctimas de una cultura de exclusión
y de dominio masculino. En la actualidad hay más mujeres
que hombres que sufren pobreza, privación y discriminación.
Hay 500 millones de mujeres analfabetas. Del total de niños
a quienes se niega enseñanza básica, un 70% son niñas.
Para rectificar este desequilibrio, en el Pakistán nos concentramos
en la enseñanza primaria para las niñas, en la formación
de maestras y en la creación de oportunidades de empleo para
la mujer. Tengo la firme convicción de que una mujer no puede
llegar a tener el control de su propia vida y tomar sus propias
decisiones a menos que tenga independencia financiera. Una mujer
no puede tener independencia financiera si no puede trabajar. La
discriminación contra la mujer comenzará a disminuir
únicamente cuando la mujer reciba educación, y tenga
un empleo. Si mi padre no me hubiera educado ni me hubiera dejado
con medios financieros independientes, yo no habría podido
mantenerme ni luchar contra la tiranía ni presentarme ante
ustedes hoy día para dirigirles la palabra.
Para que se valore a la niña, para que la esposa diga "no"
a la violencia en el hogar, tenemos una obligación especial
de crear oportunidades de trabajo para las mujeres. Por esa razón,
en 1989 creamos en el Pakistán el Banco de la Mujer.
El Banco es administrado por mujeres para las mujeres, a fin de
ayudarlas a establecer sus propias empresas de manera que obtengan
independencia financiera y con ella la libertad de adoptar sus propias
decisiones. Hay en la actualidad en el Pakistán 23 sucursales
del Banco de la Mujer que ayudan a las mujeres que trabajan. En
las principales ciudades hay empresas establecidas por mujeres:
panaderías, restaurantes, tiendas, empresas de decoración
de interiores. Hemos levantado la prohibición para que las
mujeres pakistaníes participen en acontecimientos deportivos
internacionales.
En 1997, seremos sede de la Segunda Olimpíada de Mujeres
Musulmanas. Se están creando instalaciones deportivas especiales
para alentar la participación de las mujeres pakistaníes
en los deportes.
Las mujeres pakistaníes desempeñan una importante
función en las actividades orientadas a hacer frente al problema
de la explosión demográfica en el Pakistán.
Se impartirá capacitación a 100.000 mujeres con el
fin de disminuir los niveles de crecimiento de la población
y la tasa de mortalidad infantil en el Pakistán. Cuando visito
aldeas asoladas por la pobreza en que la población no cuenta
con agua potable limpia, se alegra mi corazón al ver a una
mujer encargada de servicios de salud, a una mujer que trabaja en
un entorno miserable. Estoy firmemente convencida de que podemos
conquistar la pobreza, la suciedad, el analfabetismo y la superstición
únicamente cuando hagamos inversiones en nuestra mujeres
y cuando nuestras mujeres comiencen a trabajar, en nuestras alejadas
aldeas donde el tiempo parece haberse detenido y donde todavía
se utiliza el buey y no el tractor para los cultivos; donde las
mujeres están debilitadas por haber tenido demasiados hijos,
donde las hijas están más malnutridas que los hijos,
pues las hijas deben comer las sobras; donde los aldeanos trabajan
día y noche con sus mujeres y sus hijos para ganarse la vida
a duras penas, donde las crecidas y las lluvias se llevan la cosecha
y destruyen los hogares, donde la pobreza acecha la tierra con ansias
que no se pueden controlar a menos que despertemos a la doble realidad
del control de la población y la emancipación de la
mujer. En este sentido, las Naciones Unidas y su Secretario General
han desempeñado una función decisiva.
Algunos cínicos debaten la utilidad de celebrar esta Conferencia.
No estoy de acuerdo con ellos, pues la celebración de esta
Conferencia demuestra que no se ha olvidado a la mujer y que el
mundo se preocupa al respecto. La celebración de esta Conferencia
demuestra la solidaridad con la mujer y nos hace decidirnos a contribuir
cada uno a su manera, en la forma que podamos, a disminuir la opresión,
la represión y la discriminación contra la mujer.
Si bien queda mucho por hacer, cada decenio ha traído consigo
un ligero mejoramiento.
Cuando yo era pequeña, las mujeres de mi familia permanecían
detrás de las murallas en las casas de las aldeas. Ahora
todas viajamos a la ciudad o al extranjero. Cuando yo era pequeña,
las mujeres de mi familia se cubrían con el burga, o velo,
de la cabeza a los pies cuando se visitaban con ocasión de
bodas o funerales, los dos únicos acontecimientos para los
que se nos permitía salir. Actualmente, la mayoría
de las mujeres se limita al duppatta o chadar y podemos salir del
hogar.
Cuando yo era pequeña, no se permitía que una niña
de mi familia se casara si no había un primo, por temor de
que la familia perdiera los bienes correspondientes. Actualmente,
las niñas se casan fuera de la familia.
Cuando yo era pequeña, inevitablemente el primo tenía
una segunda mujer. En la actualidad, las niñas no esperan
que sus maridos se casen nuevamente. Lo que antes era la regla ahora
ha pasado a ser la excepción.
Cuando yo era pequeña, las mujeres no recibían educación.
Yo fui la primera niña de mi familia en ir a la universidad
y al extranjero para mis estudios. Ahora ha pasado a ser la regla
que las niñas se eduquen en la universidad y en el extranjero
cuando las familias cuentan con los medios para hacerlo.
He visto muchos cambios en mi vida y espero ver muchos más.
Espero que algunos de esos cambios dimanen de la Declaración
Universal de Derechos Humanos, en lo que se refiere a la eliminación
de la discriminación contra la mujer. Espero que algunos
de estos cambios dimanen de la Convención sobre la eliminación
de todas las formas de discriminación contra la mujer, que
el Pakistán firmó el mes pasado.
Desde luego hubo resistencia de muchos sectores, pero estamos decididas
a avanzar en el cumplimiento de nuestro sueño de un Pakistán
donde la mujer contribuya con su pleno potencial.
Como mujeres, es una satisfacción para nosotras la Plataforma
de Acción de Beijing, en que se adopta un criterio amplio
respecto de la emancipación de la mujer. Sin embargo, no
se puede esperar que las mujeres luchen solas contra la fuerza de
la discriminación y la explotación. Recuerdo las palabras
de Dante:
"El lugar más ardiente del infierno se reserva a los
que no toman partido en épocas de crisis moral."
Hoy en día, en la lucha por la liberación de la mujer,
no hay cabida para los que no toman partido. Sin embargo, hemos
aprendido que no basta la democracia por sí misma. La libertad
de elección por sí misma no garantiza la justicia.
La igualdad de derechos no se define únicamente por valores
políticos. La justicia social es una triada formada por la
libertad, la igualdad y el libre albedrío:
La justicia es la libertad política.
La justicia es la independencia económica.
La justicia es la igualdad social.
La emancipación no es sólo el derecho a tener libertad
política. La emancipación es el derecho a ser independiente,
a tener educación, a poder adoptar decisiones en la vida.
La emancipación es el derecho a tener la oportunidad de seleccionar
una carrera productiva, a poseer bienes, a participar en negocios,
a descollar en el mercado.
El Pakistán considera satisfactorio que el proyecto de plataforma
de acción de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer
negociado hasta la fecha se concentre en las esferas decisivas de
interés para la mujer y esboce una estrategia orientada a
la acción para la solución de los problemas de la
mujer. Sin embargo, estimamos que en la Plataforma es necesario
abordar las cuestiones de los recursos nuevos y adicionales, la
deuda externa, los programas de ajuste estructural, los derechos
humanos de la mujer, la protección de la mujer atrapada en
conflictos armados y la realización del derecho a la libre
determinación de los territorios que aún se encuentran
bajo ocupación y dominio extranjeros.
También se debe tratar de reforzar la función de la
familia tradicional como base de la sociedad. La desintegración
de la familia genera la ruina moral, proceso al que debe ponerse
fin. Es lamentable que en la Plataforma se mencione tan poco la
función de la familia tradicional, lo que puede llevar a
interpretaciones erróneas y aun a tergiversaciones por parte
de los que se oponen al programa de la mujer.
Hemos comprobado que se ha adelantado mucho. El solo hecho de que
estemos reunidas en Beijing hoy en día es un gran paso hacia
adelante. Sin embargo, hay nubes que oscurecen el horizonte.
El fin de la guerra fría debía haber introducido una
época de paz y de progreso para la mujer. Lamentablemente,
la proliferación de las tensiones y conflictos regionales
ha frustrado nuestras aspiraciones. Tal como en el pasado, las mujeres
y las niñas han sido nuevamente las víctimas más
directas de estos conflictos, las más indefensas y en consecuencia
las que han sufrido más abusos.
La utilización de la violación como un arma de guerra
y un instrumento de "depuración étnica"
es tan depravada como censurable. La catástrofe que representa
esta situación en diferentes partes del mundo, entre ellas,
Jammu y Cachemira y Bosnia y Herzegovina, ha estremecido la conciencia
de toda la comunidad internacional.
La enormidad de la tragedia empequeñece otras esferas de
interés para nosotras, por urgentes que sean. En consecuencia,
esta Conferencia debe expresar su completa solidaridad con nuestras
hermanas e hijas que son víctimas del conflicto armado, la
opresión y la brutalidad. Su infortunio debe ser nuestra
prioridad.
Me presento ante ustedes para hablar de las fuerzas que deben dar
forma al nuevo decenio, al nuevo siglo, al nuevo milenio.
Debemos construir un mundo libre de explotación y de maltrato
de la mujer, un mundo en que la mujer tenga oportunidades para llegar
a los más altos niveles en la política, el comercio,
la diplomacia y otras esferas de la vida, donde no haya esposas
maltratadas, donde se proteja el honor y la dignidad en la guerra
y los conflictos, donde tengamos libertad e independencia económicas,
donde estemos en pie de igualdad en la paz y el desarrollo, en un
mundo comprometido por igual con el logro del desarrollo económico
y el desarrollo político, en un mundo tan comprometido con
el libre mercado como con la emancipación de la mujer.
Aun mientras clasificamos, organizamos y logramos nuestros objetivos,
paso a paso, debemos estar siempre vigilantes. Las fuerzas represivas
estarán siempre dispuestas a explotar el momento y a empujarnos
de vuelta al pasado.
Recordemos las palabras del escritor alemán Goethe:
"Hay que volver a conquistar y volver a merecer la libertad
en cada generación."
Debemos hacer mucho más que censurar el pasado. Debemos cambiar
el futuro.
Recordando las palabras de una parlamentaria, la Senadora Barbara
Mikulski, de que "la demografía es el destino",
creo que el tiempo, la justicia y las fuerzas de la historia están
de nuestro lado. Estamos aquí en Beijing para proclamar una
nueva visión de igualdad y asociación. Hagamos realidad
esta visión cuanto antes.
Declaración de la Sra. Vigdís Finnbogadóttir,
Presidenta de Islandia
Me siento honrada y, en verdad, profundamente agradecida por tener
la oportunidad de hacer uso la palabra en esta Conferencia de singular
importancia. Sospecho que la historia la juzgará importante
por muchos motivos, entre ellos el simple hecho de haberse celebrado.
Independientemente de que tenga efectos concretos o inmediatos,
nos resulta en cierto grado alentador saber que la labor que está
desarrollándose aquí habría sido impensable
hace sólo unos años, y que, con el tiempo, llegará
a ser considerada un avance lógico en el progreso de la civilización.
La Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer tiene lugar en el año
en que conmemoramos el cincuentenario de la fundación de
las Naciones Unidas. Tal vez resulte adecuado recordar en esta reunión
que los antiguos chinos utilizaban la frase "Ojalá le
toque vivir en una época interesante" no para expresar
buenos deseos, sino como una maldición. A la vez, al celebrar
este aniversario nuestra sensación de triunfo por lo que
ha logrado la comunidad mundial en su conjunto resulta extrañamente
apagada. No podemos desconocer los trágicos conflictos humanos
que siguen asolando a diversas partes del mundo.
Evidentemente, la marcha de la historia no se rinde a los caprichos
del calendario. No obstante, debido al momento en que tiene lugar
nuestra Conferencia, es inevitable encuadrar su tema en la cuestión
más amplia del tipo de visión que deseamos para las
Naciones Unidas en los próximos 50 años.
Ciertamente, una demostración de cuánto hemos avanzado
en los últimos 20 años es que ya no se pone en tela
de juicio la necesidad de tratar el adelanto de la mujer conjuntamente
con las cuestiones de la supervivencia humana. En cambio, ello se
acepta como legítimo y oportuno e, incluso, necesario.
Ni que decir que no siempre ha sido así. En la primera obra
de teoría política de Occidente, La República
de Platón, Sócrates trata de definir cuál es
el mejor orden político de acuerdo con la naturaleza. Pero
es interrumpido por sus amigos que lo acusan de omitir el papel
de la mujer. Según parece, Sócrates se mostraba renuente
a admitir a la mujer en un pie de igualdad con el hombre en su explicación
de las cosas por temor de hacer el ridículo frente a sus
semejantes. Luego se recuerda a sí mismo que las tareas que
según el nuevo sistema corresponderían a las mujeres,
en una época también habían sido chocantes
y ridículas para los hombres. Pero entonces, según
sus palabras "la apariencia de lo absurdo se disipa bajo la
influencia del juicio de la razón acerca de lo que es mejor".
Desde luego, se trata del punto de vista de un hombre en una sociedad
dominada por los hombres, por muy digno de encomio que sea el reconocimiento
de la igualdad conceptual de la mujer. Pero para la mujer de hoy,
lo contrario seacerca más a la verdad. La idea de no ser
capaz de gozar de igualdad de derechos nos parece absurda e irracional.
Y sé que muchos hombres están de acuerdo con nosotras.
A diferencia de Sócrates, tal vez, los forjadores actuales
de un futuro mejor no necesitarán que les recuerden que deben
tener debidamente en cuenta a la mujer, aunque más no sea
porque entre ellos hay muchas mujeres, y su número va en
aumento. En la actualidad casi todos los Estados del mundo se han
comprometido legalmente a proteger y promover los derechos de la
mujer. Más allá de las posibilidades que ofrecen los
marcos jurídicos, la necesidad de garantizar la plena participación
de la mujer en un pie de igualdad en todas las esferas de la vida
pública y privada goza cada vez de mayor aceptación.
Los derechos de la mujer han dejado de ser una causa periférica,
"progresista". Ahora tienen un carácter universal
gracias, en gran parte, a los esfuerzos efectuados a nivel mundial
por organizaciones como las Naciones Unidas.
En momentos en que suele culparse a las Naciones Unidas de no estar
equipadas para afrontar situaciones difíciles y apremiantes,
hacemos bien en recordar el papel crucial que cumple nuestra Organización
y sus organismos al encabezar los esfuerzos por garantizar la participación
de la mujer en un pie de igualdad en todos los aspectos del desarrollo
político, económico y social. Sin menoscabo de la
contribución efectuada por numerosas organizaciones no gubernamentales,
quisiera aprovechar esta oportunidad para rendir un homenaje especial
a las Naciones Unidas por su papel rector en esta esfera.
Ahora bien, no debemos complacernos en la gloria de la autocongratulación.
Es preciso que tengamos la valentía de admitir francamente
que, pese a todo lo que hemos logrado, seguimos teniendo grandes
y evidentes deficiencias. Paradójicamente, el número
de mujeres que viven en la pobreza ha aumentado en forma desproporcionada
con respecto a los hombres; ahora las mujeres constituyen la mayoría
de los pobres del mundo. Esto se refleja en todos los niveles: en
la salud, la educación y la seguridad física, así
como en el poder y la influencia políticos y económicos.
La niña y la mujer con frecuencia no gozan de igual acceso
que los hombres a los alimentos y a la atención médica.
Dos terceras partes de los adultos analfabetos de todo el mundo
son mujeres así como también la mayoría de
los refugiados y las víctimas de la violencia. Además,
hay muchos países en los que las mujeres, cuando pueden participar
en la vida pública, son mantenidas deliberadamente en puestos
marginales.
La tarea de esta Conferencia será abordar esas deficiencias:
no se trata sólo de admitirlas sino de explicar su origen
y de proponer maneras de superarlas. En los próximos días
la Conferencia examinará los temas críticos que preocupan
a la mujer y, es de esperar, aprobará una Plataforma de Acción
con propuestas concretas. Pero no debemos quedar satisfechas sólo
con palabras. No hace falta decir que mucho depende de la voluntad
política de los gobiernos para garantizar la debida aplicación
de esas propuestas. Probablemente se necesitarán nuevos recursos
para hacerlo, pero no constituyen un requisito indispensable. La
falta de recursos no debe utilizarse como excusa para dejar de actuar.
Muchos gobiernos cuentan con los medios necesarios para poner fin
a algunos de los grandes problemas que afectan particularmente a
la mujer. En realidad, tienen la responsabilidad de hacerlo.
Juntos tenemos ahora una oportunidad única porque, en cierto
sentido, estamos redescubriendo la Carta de las Naciones Unidas.
Equivocados o no, muchos consideraron que el nacimiento de las Naciones
Unidas constituía el fin de la eterna búsqueda de
la paz. La meta primordial de la Carta era terminar con la guerra,
pero en la Carta se incluía, un ideal no menos ambicioso:
el compromiso de eliminar la causa de los conflictos humanos mediante
la promoción de los derechos humanos, la justicia y el progreso
social. Sin duda las Naciones Unidas no han tenido la culpa de que
las maniobras políticas internacionales pusiesen en segundo
plano este otro ideal. El comienzo de la guerra fría y el
surgimiento de la rivalidad Este-Oeste indujeron a las Potencias
mundiales a la paradoja de tratar de imponer una paz perdurable
a través de la superioridad militar. En pocas palabras, a
las Naciones Unidas nunca se les dio la oportunidad de actuar de
acuerdo con sus ideales. El experimento no pudo llevarse a cabo.
En los últimos años hemos visto que las Naciones Unidas
se han ido adaptando rápidamente a las nuevas exigencias
de la situación creada a partir del fin de la guerra fría.
La serie de conferencias, que comenzó con la Cumbre Mundial
en favor de la Infancia en Nueva York y siguió con la Cumbre
para la Tierra en Río de Janeiro, la Conferencia Mundial
de Derechos Humanos en Viena, la Conferencia Internacional sobre
la Población y el Desarrollo en El Cairo y la Cumbre Mundial
sobre Desarrollo Social en Copenhague, ha establecido un nuevo programa
por el cual la Organización se ha liberado de la concepción
limitada de la seguridad como algo que se mide en gran parte en
términos militares. En cambio, estamos trazando un nuevo
camino hacia la paz, basado en el reconocimiento de que la seguridad
de las personas, a largo plazo, no puede estar separada de la seguridad
de los Estados.
Es en este sentido que estamos redescubriendo la Carta de las Naciones
Unidas. Al hacerlo, recuperamos la relación, dejada de lado,
entre el mantenimiento de la paz y la igualdad de derechos de hombres
y mujeres consagrada en la Carta. Los que la redactaron no agregaron
"la igualdad de derechos de hombres y mujeres" como una
ocurrencia tardía. La incluyeron desde el comienzo, en el
segundo párrafo del preámbulo de la Carta. Al traer
ahora la antorcha en pro de la mujer hasta Beijing y al llevarla
a la cumbre sobre las ciudades que se celebrará el año
próximo en Estambul, también estamos demostrando al
mundo que las urgentes preocupaciones mundiales, como el medio ambiente,
el crecimiento demográfico y el desarrollo social, incumben
a la mujer tanto como al hombre.
A cada derecho corresponde una obligación, y al exigir la
igualdad de derechos para controlar su vida, las mujeres también
están expresando el deseo de asumir la obligación
de abordar los temas que preocupan al mundo, junto con los hombres,
en beneficio de todos los habitantes del planeta. Si somos capaces
de enunciar la causa de la igualdad en estos términos, la
hemos universalizado verdaderamente y hemos comenzado a vislumbrar
en el futuro el sufrimiento de una sociedad de una calidad muy diferente.
Pero, curiosamente, esa visión me parece menos impensable
de lo que debe haber parecido hace un siglo la idea de la igualdad
de la mujer. En este sentido podemos afirmar justificadamente que
hemos recorrido en verdad un largo trecho del camino.
Hemos venido a Beijing a presentar la causa de la mujer. Pero, y
esto es aún más importante, hemos venido aquí
como miembros responsables de la raza humana empeñados en
crear un mundo mejor para las generaciones venideras. En el idioma
chino existe un idiograma que significa paz, formado por un hombre
y una mujer debajo de un techo. Al concluir mis palabras, agradezco
al Gobierno de China su generosidad en proporcionar la sede para
una Conferencia tan importante de hombres y mujeres de todo el mundo
y desearía expresar el sincero deseo de que antes de partir,
dejando atrás este techo bajo el cual nos reunimos, podamos
lograr hacer un aporte importante, sustancial y perdurable a la
paz mundial.
Declaración de Khaleda Zia, Primera Ministra
de Bangladesh
Nos hemos reunido aquí en Beijing con un propósito
común: renovar nuestro compromiso con el adelanto de la mujer.
En este centro de una antigua civilización, me siento imbuida
de optimismo de que los prejuicios ancestrales contra la mujer están
cediendo por fin y que nos estamos aproximando a la realización
de nuestro acariciado objetivo de igualdad, desarrollo y paz.
No me cabe duda de que esta Conferencia Mundial de Beijing constituirá
un hito en la historia de la lucha de la mujer en favor de la igualdad
y la libertad, lucha que comenzó en la primera conferencia
sobre la mujer celebrada hace 20 años en México. Es
un privilegio para mí estar presente en este momento histórico
para expresar la solidaridad de Bangladesh con ustedes. Quisiera
manifestar nuestro profundo agradecimiento al Gobierno de China
por su cálida acogida, su hospitalidad y la excelente organización
de esta Conferencia. Permítame que la felicite, Señora
Presidenta, por su elección y expresarle mi confianza de
que, con su atinada dirección, esta Conferencia procederá
sin trabas y concluirá su nutrido programa de trabajo.
El viaje de México a Beijing ha sido largo; una odisea que
se prolongó dos decenios pero que se caracterizó por
un sentimiento de profunda solidaridad y perseverancia. Sin embargo,
en ese trayecto hubo obstáculos e impedimentos tremendos,
entre los que se destacaron las barreras psicológicas. Con
todo, la firmeza de las mujeres de todo el mundo era inquebrantable.
Una serie de conferencias aguzó la percepción mundial
respecto de nuestras inquietudes. Hubo progresos en todos los países
del mundo, si bien en diverso grado. Las Estrategias de Nairobi
orientadas hacia el futuro nos dieron orientación en el camino.
En las esferas de la educación y la salud disminuyeron las
diferencias por razón de género. Aumentó de
manera apreciable la esperanza de vida de la mujer. La mortalidad
materna se redujo a la mitad. Disminuyeron enormemente las diferencias
entre los sexos en cuanto a la alfabetización.
Sin embargo, este historial de progreso no puede disimular el hecho
de que las mujeres siguen viviendo en un mundo desigual. Aunque
para la mujer han aumentado rápidamente las oportunidades
de acceso a la educación y a la atención de salud,
las oportunidades de índole económica y política
en muchas partes del mundo aún no están totalmente
a su alcance. Así lo revela claramente el hecho de que, del
total de pobres, el 70% son mujeres. La mujer está en una
situación de desventaja en lo que respecta al empleo, los
salarios, el acceso al crédito y la representación
en los planos administrativo y político.
Además, en muchas sociedades sigue siendo elevado el índice
de violencia y discriminación contra la mujer. Las bárbaras
atrocidades de que son víctimas las mujeres en Bosnia constituyen
un recordatorio penoso de que, en el momento actual, el barniz de
civilización e instrucción es muy delgado, incluso
en Europa.
En las tres conferencias anteriores sobre la mujer se logró
aumentar la conciencia de la comunidad internacional en relación
con esos problemas. Dichas conferencias fueron de utilidad para
convencer a los gobiernos de que aceleraran sus inversiones en la
educación y la salud de sus ciudadanas y en la defensa de
los derechos de la mujer. El desafío principal para la Conferencia
de Beijing consiste en ampliar las oportunidades económicas
y políticas que hasta ahora siguen siendo limitadas. Nuestra
voluntad política de promover la causa de la mujer deberá
encontrar en Beijing una expresión verdadera y significativa.
En este contexto, la presente Conferencia debe reiterar tres factores
de importancia decisiva para el adelanto de la mujer:
En primer lugar, debemos reconocer que la mejora de la condición
de la mujer no sólo es una inversión vital en el futuro
de la humanidad sino que también ofrece muchas ventajas secundarias.
Las mujeres son una fuerza fundamental para erradicar la pobreza,
trazar un futuro sostenible y lograr la paz regional y mundial.
En segundo lugar, debemos afirmar la necesidad de una nueva relación
y de una asociación armoniosa entre hombres y mujeres, entre
gobiernos y ciudadanos y, en realidad, entre todos aquellos que
puedan aportar soluciones a los problemas sociales complejos. La
democracia ha propiciado una sociedad civil y un sistema de valores
más amplios. Creo que es necesario apuntalar ese sistema
con una sociedad responsable en la que es indispensable la función
de apoyo de los gobiernos.
Por último, no debemos escatimar ningún esfuerzo para
crear, promover y sostener, por todos los medios posibles, la conciencia
respecto del papel y de las aportaciones de las mujeres.
Tal vez convendría que compartiera con ustedes las experiencias
de mi país. Como es bien sabido, Bangladesh hace frente a
restricciones múltiples y diversas limitaciones. Sin embargo,
nuestro compromiso sigue siendo inquebrantable. En los últimos
años, hemos hecho todo lo posible por mejorar la condición
de la mujer, dotándola de los medios necesarios para que
pueda efectuar su mejor aportación al progreso de la sociedad.
Tenemos varios logros importantes en nuestro haber. Quisiera enumerar
algunos de ellos.
Nuestra Constitución garantiza la igualdad de los sexos en
todas las esferas de la vida nacional. Existe una legislación
vigente que protege los derechos de la mujer. Hemos establecido
un Ministerio de Asuntos de la Mujer, que funciona de manera independiente.
El objetivo de las políticas del Gobierno es incorporar a
la mujer en los programas de desarrollo socioeconómico. Se
ha creado un Consejo para la Promoción de la Mujer, presidido
por la Primera Ministra, que tiene la responsabilidad de impartir
directrices normativas y supervisar las actividades de todos los
ministerios en esa esfera.
Como es evidente, las mujeres en nuestra sociedad han empezado a
desempeñar un papel fundamental en la política y participan
libremente en las elecciones nacionales y locales. Además,
para garantizar una mínima participación en los asuntos
administrativos, el 10% de todos los escaños del Parlamento
está reservado para mujeres. Se han asignado cupos específicos
para ellas en todos los niveles de la administración pública.
Se estimula mucho la educación de las niñas; nuestro
Gobierno ha puesto en marcha planes innovadores para que se matriculen
más niñas en las escuelas. Una de esas ideas novedosas
que ha dado buenos resultados es el programa "Alimentos por
educación". En el marco de otro programa, se proporciona
un estipendio a las alumnas durante toda su instrucción hasta
que llegan al décimo grado. En la actualidad hay más
alumnas que alumnos en muchas partes de nuestro país.
Los progresos que hemos alcanzado en el sector de la salud también
han merecido elogios de observadores imparciales. Ahora son mucho
más asequibles los servicios de atención de salud.
La esperanza de vida de la mujer ha aumentado de 54 años
en 1985 a 57 años en 1994. Se han reducido las tasas de mortalidad
infantil. Para las mujeres ha sido benéfica la disminución
de la tasa de crecimiento de la población del 2,35% en 1985
al 1,9% en 1994.
Una de las transformaciones más significativas que tiene
lugar actualmente en Bangladesh ha sido el aumento apreciable del
empleo femenino en las zonas urbanas y rurales. Tan sólo
en la producción de prendas de confección se da empleo
actualmente a alrededor de 1 millón de mujeres. Nuestra política
de otorgar créditos sin garantía está produciendo
grandes beneficios. Se estima que en las zonas rurales hay mucho
más de 6 millones de mujeres que trabajan por cuenta propia
en actividades lucrativas y en otras actividades afines.
Aunque el Gobierno ha tratado de formular un gran número
de programas innovadores con objeto de propiciar la realización
del potencial de la mujer, su emancipación y su acceso a
los puestos de trabajo, quisiera subrayar además que las
gestiones del Gobierno se han complementado mediante iniciativas
del sector privado y de organizaciones no gubernamentales. Muchas
de esas iniciativas han cosechado éxitos notables, especialmente
el Banco Grameen.
Los siete países del Asia meridional que se han reunido al
amparo de la Asociación del Asia Meridional para la Cooperación
Regional han otorgado a la mujer la máxima prioridad. En
ese sentido, quisiera referirme a la decisión de esa Asociación
de declarar el período comprendido entre 1991 y 2000 Decenio
de la Niña, así como su objetivo de lograr la eliminación
de la pobreza absoluta, de preferencia en el año 2002 a más
tardar. Nuestros esfuerzos han adquirido seguramente mayor significado
e importancia por el hecho de que tres de los siete países
de la citada Asociación están presididos actualmente
por mujeres que han llegado a esa posición de mando como
resultado de un proceso electoral.
En Bangladesh, también estamos listos para emprender, a partir
del año en curso, las actividades estratégicas y los
programas de gran envergadura que convenga para lograr la participación
de la mujer en la sociedad en el período que abarca el Plan
de 15 años.
Así pues, Bangladesh ha mantenido su firme adhesión
a los propósitos y objetivos de las Estrategias de Nairobi
orientadas hacia el futuro. Puede que nuestros logros no hayan sido
muy espectaculares, pero constituyen un claro indicio de nuestra
determinación de alcanzar esas metas.
El pasado mes de diciembre se remitió a la Secretaría
de la Conferencia un documento relativo a la posición común
de los países integrantes de la Asociación del Asia
Meridional para la Cooperación Regional, en el que figuraban
cinco recomendaciones importantes.
Más recientemente se celebró en julio, en la ciudad
de Dhaka, la Reunión Ministerial sobre la mujer, organizada
por la Asociación del Asia Meridional para la Cooperación
Regional. En la resolución de Dhaka aprobada en la Reunión
se destacaron los siguientes aspectos:
- Erradicación de la pobreza entre las mujeres;
- Supervivencia, protección y adelanto de la niña;
- Medidas para contrarrestar la violencia contra las mujeres, incluida
la trata de mujeres y niños;
- Igualdad de acceso a las oportunidades de enseñanza para
la mujer;
- Igualdad de acceso a los servicios de atención de salud
y nutrición para la mujer.
Considero que esa labor, sumamente importante, que se ha realizado
en el marco de la Asociación del Asia Meridional para la
Cooperación Regional
tiene una pertinencia mucho más amplia. Esperamos que esas
recomendaciones se reflejen en la Plataforma de Acción que
habrá de aprobarse en Beijing.
Del mismo modo, deberíamos aprovechar los resultados de otras
reuniones regionales e internacionales similares celebradas últimamente,
ya que sus conclusiones nos serían de gran utilidad.
En la Plataforma de Acción se deben defender los valores
religiosos, culturales y sociales que resultan decisivos para fortalecer
los vínculos familiares, la paz social y la estabilidad.
Quisiera aprovechar esta oportunidad para mencionar que las enseñanzas
y los principios del Islam pueden ser una aportación positiva
a la realización de nuestro objetivo común de igualdad,
desarrollo y paz.
Vemos el mundo del futuro, no como un mundo ideal, sino como un
mundo justo, no como un mundo inalcanzable, sino como un mundo viable.
Para que esa visión se transforme en realidad no bastará
un compromiso: se requerirá acción. Las iniciativas
que se adopten aquí en Beijing podrán ser mucho más
significativas si se complementan con otras medidas en otras partes.
Debe haber una corriente ininterrumpida de recursos para que podamos
alcanzar nuestros objetivos. El mundo desarrollado debe aportar
al mundo en desarrollo suficientes recursos nuevos y adicionales
en forma de financiación, conocimientos técnicos y
tecnología.
El sistema de las Naciones Unidas y otros foros internacionales
deben aplicar sus políticas de desarrollo de manera más
vigorosa. Además es menester prestar especial atención
a la difícil situación de las mujeres en los países
menos adelantados. El carácter estructural de las restricciones
prevalecientes en esos países agrava sus problemas. Se debe
hacer un llamamiento a la comunidad mundial para que se adopten
medidas internacionales en apoyo de las medidas nacionales. Esta
es la oportunidad de demostrar que la fraternidad humana es universal;
el mundo tiene que aprovecharla.
No cabe duda de que la Plataforma de Acción que se ha de
aprobar en Beijing tendrá repercusiones de gran alcance en
lo que se refiere a la vida de la mujer en los próximos decenios.
Sin embargo, creo que lo verdaderamente decisivo será que
se consiga un mecanismo complementario adecuado, eficaz, visible
y fidedigno. En Copenhague y en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo
Social planteé tres propuestas concretas. En una de ellas
se pedía al Secretario General que hiciera lo necesario para
que el sistema de las Naciones Unidas en su totalidad respondiera
mejor a ese nuevo programa de cooperación internacional que
establecimos en una serie de conferencias memorables celebradas
en Río de Janeiro, El Cairo, Copenhague y ahora aquí,
en Beijing.
Por lo que se refiere a las medidas complementarias de la Conferencia
Mundial de Beijing, quisiera presentar las tres propuestas siguientes:
En primer lugar, en el período de sesiones del año
en curso de la Asamblea General de las Naciones Unidas se debería
dar prioridad a la creación de un nuevo puesto de Secretaria
General Adjunta encargada de los asuntos de la mujer. Ni qué
decir que ese puesto debería ser ocupado por una mujer de
competencia comprobada a la que se encomendaría la responsabilidad
de coordinar todas las actividades y los programas referentes a
la mujer en el sistema de las Naciones Unidas en su conjunto. Se
le encomendaría además concretamente la aplicación
de la Plataforma de Acción de Beijing.
En segundo lugar, se debería establecer una comisión
de las Naciones Unidas de alto nivel integrada exclusivamente por
mujeres muy destacadas, que desempeñarían sus funciones
a título personal y deberían pertenecer a diversas
disciplinas. La comisión se encargaría de formular
propuestas concretas y de sugerir programas para facilitar la aplicación
de la Plataforma de Acción. Se ocuparía, sobre todo,
de vigilar y evaluar el desempeño de los órganos y
organismos de las Naciones Unidas en lo que respecta a las cuestiones
relativas a la mujer. Cabe además la posibilidad de que en
las labores de la comisión se invitara a participar a título
personal a varias mujeres destacadas y distinguidas que ocupan puestos
superiores en el sistema de las Naciones Unidas.
En tercer lugar, quisiera sugerir que el Secretario General tomara
la iniciativa de establecer un premio anual que se otorgaría
a la mujer cuyos logros en el curso del año la hicieran merecedora
del título de "Mujer del Año". Esa persona
sería elegida por un jurado internacional integrado por personalidades
destacadas. Tal vez sería posible que el Secretario General
invitara a la distinguida Presidenta de esta Conferencia a que asumiera
la función de primera Presidenta de dicho jurado internacional.
Mis tres propuestas se refieren primordialmente a la comunidad internacional
y, de manera concreta, a mujeres muy destacadas con una visión
mundial. Al examinar estas propuestas, no debemos olvidar a los
millones de mujeres de nuestros propios países que día
y noche luchan por mejorar la calidad de su vida y por contribuir,
dentro de sus modestas posibilidades, a la emancipación,
la instrucción y la realización del potencial de la
mujer.
Para esas mujeres que, en la medida de sus modestas posibilidades,
han contribuido al enaltecimiento de la mujer en sus respectivos
países, se podrían establecer premios nacionales.
En esa forma, recordaríamos la importancia de la Cuarta Conferencia
Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing, rendiríamos
tributo a los sacrificios y las aportaciones de innumerables generaciones
de mujeres y estimularíamos también a nuestras jóvenes
y a las próximas generaciones de niñas a que contemplen
el futuro con un sentimiento de confianza en su verdadero valor,
su dignidad y su capacidad.
Vine a Beijing con grandes esperanzas y grandes expectativas. No
me iré defraudada. Esta Conferencia ha fortalecido mi determinación
de proseguir la labor en favor de las mujeres de Bangladesh para
mejorar su situación y propiciar su felicidad y bienestar.
Es cierto que se trata de una tarea enorme, pero sé que el
mundo nos apoya. Nos brindaremos recíprocamente respaldo,
sostén y aliento para hacer frente a los desafíos
que nos esperan. Nuestra labor tiene que culminar con éxito,
y así será.
Declaración de la Sra. Speciosa Wandira Kazibwe,
Vicepresidenta y Ministra de Promoción de la Mujer y Desarrollo
Comunitario de Uganda
Como jefa de la delegación de Uganda mucho me honra ser de
las primeras oradoras en dirigirse a la tan esperada Cuarta Conferencia
Mundial sobre la Mujer, Conferencia orientada a preparar a la humanidad
para hacer frente a los desafíos del siglo XXI con miras
a construir un mundo mejor.
Desearía aprovechar la oportunidad para felicitar a usted,
Sra. Presidenta, así como a los miembros de la Mesa, por
su elección para dirigir esta memorable Conferencia. Confío
en que su sabiduría y experiencia nos permitirán concluir
de manera fructífera todos los importantes temas de nuestro
programa.
En ese mismo tenor, desearía extender el sincero agradecimiento
de mi delegación al Gobierno de China por los preparativos
realizados para la celebración de esta Conferencia y por
la hospitalidad que nos han brindado desde nuestra llegada a este
hermoso país.
La secretaría de la Conferencia ha desempeñado una
labor colosal en el proceso preparatorio y en la elaboración
del proyecto de plataforma de acción. Quiero felicitar a
mi hermana, la Secretaria General de la Conferencia, Sra. Gertrude
Mongella, y a su equipo de colaboradores por el esfuerzo puesto
en la coordinación y dirección de este proceso.
Mi delegación acoge con beneplácito las iniciativas
y tendencias del sistema de las Naciones Unidas encaminadas a una
acción más práctica y sistemática en
pro del adelanto de la mujer, y por el impulso mantenido a través
de la celebración de una serie de actividades a nivel mundial
en que se han analizado las inquietudes de la mujer y se han examinado
cuestiones relacionadas con el desarrollo.
Cabe destacar en particular la Convención sobre la eliminación
de todas las formas de discriminación contra la mujer, instrumento
que Uganda firmó sin reservas y que contiene orientaciones
oportunas para los Estados Miembros a la hora de abordar cuestiones
de importancia capital que inciden en la condición la mujer.
Confío sinceramente en que el impulso logrado y el entusiasmo
generado durante los dos últimos decenios se mantengan hasta
que llegue el momento de hacer realidad la igualdad, el desarrollo
y la paz.
El decenio de 1990 se ha caracterizado por profundos cambios en
las relaciones políticas, económicas, sociales y culturales
a nivel mundial y nos ha planteado nuevos desafíos. En diversas
conferencias y convenciones se han ido precisando los derechos y
responsabilidades de las personas y de los Estados sobre una multiplicidad
de cuestiones mundiales. El movimiento de mujeres en todo el mundo
ha desempeñado y sigue desempeñando una función
cada vez más decisiva en lo que respecta a encauzar los debates
y tomar medidas para el pleno ejercicio de los derechos de la mujer.
En todos los debates, el mensaje es claro: el desarrollo sostenible
orientado al ser humano sólo será realidad cuando
se eliminen de una vez por todas los desequilibrios relacionados
con el género.
Para lograrlo se requieren esfuerzos concertados a nivel nacional,
regional, e internacional a fin de poner en práctica los
objetivos y estrategias establecidos en las Estrategias de Nairobi
orientadas hacia el futuro, en que se fijó el programa para
el adelanto de la condición de la mujer en 1985.
Tras casi un decenio tratando de consolidar su precaria paz, Uganda
ha emprendido un proceso de democratización y se ha comprometido
a proteger los derechos humanos y los derechos de la mujer en particular.
La posición de Uganda con respecto al papel de la mujer
es clara e inequívoca. Reconociendo la posición desaventajada
que durante tanto tiempo ha tenido la mujer, el Gobierno ha adoptado
una política de acción afirmativa, y, como resultado
de ello, hay en Uganda seis Ministras, de las que yo soy una, además
de ser la Vicepresidenta, y cinco Magistradas del Tribunal Superior.
Además, las mujeres constituyen el 16% de los miembros del
Parlamento y el 19% de la Asamblea Constituyente, órgano
que ha redactado una nueva Constitución para nuestro país.
En los consejos del gobierno local hemos garantizado para cada sexo
una representación mínima del 30%. La presencia de
la mujer es imprescindible para poder velar eficazmente por sus
derechos.
Para afianzar aún más esto, en la Constitución
se estipula la creación de una comisión de igualdad
de oportunidades encargada de supervisar y velar por la aplicación
de leyes de acción afirmativa en favor de la mujer y otros
grupos marginados, como los jóvenes y las personas con discapacidades.
En la nueva Constitución se han incorporado las siguientes
disposiciones, que protegen los derechos humanos fundamentales de
la mujer y la dignidad de la persona humana:
- La mujer gozará de la misma dignidad personal que el hombre;
- La mujer tendrá derecho a recibir el mismo trato que el
hombre, incluida la igualdad de oportunidades en las actividades
políticas, económicas y sociales;
- La mujer tendrá derecho a la acción afirmativa en
su favor con miras a eliminar el desequilibrio creado por la historia
y las costumbres tradicionales;
- La Constitución prohíbe las leyes, culturas y costumbres
o tradiciones que van en contra de la dignidad, el bienestar o los
intereses de la mujer o que los menoscaban.
En la esfera de la educación, el Gobierno de Uganda ha adoptado
medidas afirmativas encaminadas a aumentar las tasas de matrícula
en la universidad nacional y otras instituciones de enseñanza
superior. Como resultado, la matrícula de mujeres en la universidad
ha aumentado de 25% a 33%, mientras que en otras instituciones de
enseñanza superior, en particular en las escuelas de agronomía
y veterinaria, el 50% de las plazas están reservadas para
las mujeres aspirantes, práctica que continuará hasta
lograr la paridad de género.
Quiero destacar que esta iniciativa es parte de un movimiento firme
encaminado a lograr que un número decisivo de mujeres participe
en los niveles de toma de decisiones en la esfera política
y en la administración pública.
Lo que necesitamos no es un puñado de mujeres que hagan historia
sino un volumen que logre cambios a todos los niveles.
En el decenio también se han examinado y reformado leyes
discriminatorias, en particular la ley sobre violación y
abuso sexual de mujeres.
Además de la acción afirmativa, el Gobierno de Uganda
ha tomado medidas para velar por la integración positiva
de la mujer y las cuestiones relacionadas con el género en
todos los procesos de desarrollo. La estrategia de integración
se aplica en dos niveles: a nivel nacional, mediante el marco nacional
de política sobre el género y a nivel sectorial, por
conducto de la política sobre el género a nivel sectorial.
En ambos niveles, se proporcionan directrices para la incorporación
de las cuestiones relacionadas con el género, se llevan a
cabo exámenes de política y se imparte formación
para el análisis de las cuestiones relacionadas con el género.
El objetivo de estas intervenciones es proporcionar un marco para
que todas las estructuras gubernamentales y los asociados en el
desarrollo incorporen las cuestiones relacionadas con el género
en sus políticas y programas.
A nivel comunitario, Uganda ha creado asambleas locales para la
mujer, conocidas como consejos de mujeres. Los consejos tienen una
estructura piramidal que va desde la base hasta el nivel nacional
y que proporciona un foro local para la movilización de las
mujeres hacia la participación cívica desde la propia
base.
Todo el mundo espera ansioso los resultados de esta Conferencia.
Ella ha proporcionado a la comunidad internacional la oportunidad
de reflexionar sobre nuestros logros y fracasos pasados con respecto
al adelanto de la mujer, pero debe al mismo tiempo ofrecer soluciones.
La dificultad radica en plasmar la Plataforma de Acción en
programas concretos que logren resultados tangibles para todas las
mujeres a todos los niveles. Debemos continuar "maternizando"
en el plano mundial, y actuando al mismo tiempo en el plano local.
La esfera más decisiva es la de la alfabetización
funcional para la mujer en el mundo en desarrollo. A fin de eliminar
para siempre el analfabetismo entre las mujeres debemos asegurarnos
de que se garantice que las niñas reciban una educación
que les permita adquirir las capacidades necesarias para sobrevivir
en este mundo competitivo.
Debemos seguir fomentando la acción afirmativa para las mujeres
con discapacidades y las mujeres que pertenecen a minorías
étnicas y religiosas.
Para lograrlo se necesita dinero. Las mujeres deben tener dinero,
pero el dinero seguirá siendo una ilusión si promovemos
microproyectos para pequeñas agrupaciones de mujeres. El
dinero es poder.
Es bien sabido que los que tienen el poder económico controlan
a los demás a nivel internacional, regional y nacional.
La emancipación económica de la mujer equilibrará
las fuerzas, incluso al nivel de la familia. Tal vez esta sea la
receta para la paz.
Debemos contar con servicios financieros regionales para la mujer,
de los cuales otras instituciones similares al nivel nacional obtendrán
los fondos para financiar proyectos económicos tangibles
dirigidos por mujeres. No debemos olvidar el viejo proverbio inglés
que dice que el que paga manda.
El movimiento se demuestra andando. No nos engañemos más
ni pensemos que el poder se sirve siempre en bandeja de plata. No
debemos subestimar el poder político de la mujer - ese poder
radica en nuestro voto - "Eyesitukidde, tanywa matabangufu.
Mwene Nkovu, namanha bwesiigha".
La estrategia para poner fin a nuestro infortunio es votar por hombres
y mujeres capaces y conscientes de los problemas de género.
Entonces, sólo entonces, dejaremos de mendigar.
Declaración de la Sra. Nguyen Thi Binh, Vicepresidenta
de Viet Nam
Quisiera señalar antes de nada que es un honor para mí
reunirme con miles de mujeres que han acudido a Beijing en su búsqueda
de igualdad, desarrollo y paz. Felicito especialmente a la República
Popular de China por los esfuerzos realizados para hacer posible
la celebración de nuestra importante Conferencia y del foro
de organizaciones no gubernamentales. Quiero agradecer sinceramente
al Gobierno de China su invitación, así como la calurosa
hospitalidad que me ha brindado. En esta última reunión
mundial de mujeres en el siglo XX intentemos entre todos preparar
el camino que nos llevará hacia un siglo XXI más pacífico,
más justo, más próspero, y respondamos al llamamiento
de las Naciones Unidas con ocasión de su cincuentenario:
"Unidos para un mundo mejor" - mejor tanto para las mujeres
como para el conjunto de la humanidad.
Mi país, Viet Nam, es bien conocido por la odisea tumultuosa
y dolorosa que ha vivido durante decenios de guerras que han asolado
nuestra tierra, ya de por sí pobre, y ha dejado un saldo
de millones de viudas, huérfanos, inválidos y desaparecidos.
Las mujeres de Viet Nam se han forjado, en el seno de su pueblo,
en un crisol de innumerables pruebas y múltiples vicisitudes
que han cristalizado en su excepcional capacidad de resistencia
y perseverancia, en su aptitud para sobrevivir y conservar intacta
su identidad contra viento y marea, como los bambúes de Viet
Nam, flexibles pero inquebrantables, que se doblan con el viento
pero no se parten y sí se enderezan inmediatamente, firmes
y orgullosos como antes.
No obstante, sería imposible explicar lo que hicimos en el
pasado, al lado de nuestros hombres y con ellos, si no destacáramos
la otra fuerza que adquirieron las mujeres de Viet Nam de su singular
pasado, a saber, la increíble capacidad para tomar las riendas
de su propio destino, para actuar con iniciativa y creatividad en
todas las circunstancias, incluso las más difíciles.
Sin embargo, es preciso reconocer que el pueblo vietnamita, hombres
y mujeres, además de mantener sólidos lazos con el
pasado, se enfrentan sobre todo al futuro. En la actualidad, las
mujeres de Viet Nam están consagradas a la tarea de la recuperación
y el desarrollo de su país. Para tal fin, emplean las dos
principales cualidades de que ya hicieron uso durante la guerra,
la resistencia y la perseverancia, así como la determinación
de forjar su propio destino. También son beneficiarias y
partes activas del proceso de reforma y renovación que permite
a Viet Nam sobreponerse poco a poco a las secuelas de la guerra
y salir poco a poco de su pobreza para integrarse al mundo exterior.
No obstante, deseo expresar mi convicción, a la que he llegado
tras la experiencia vivida anteriormente como Ministra de Educación
y Formación, y que ha sido corroborada en numerosos simposios
y conferencias y en diversos estudios y encuestas realizados a nivel
regional, nacional e internacional, de que esas dos cualidades de
la mujer vietnamita no pueden aprovecharse en su totalidad si le
falta el catalizador poderoso y multiplicador de la educación.
Por consiguiente, es preciso hacer hincapié en la educación
de la mujer y, sobre todo, de las niñas. Estoy plenamente
convencida de que las mujeres de Viet Nam, una vez dotadas de cultura
y conocimientos, llegarán a ser el centro del desarrollo
socioeconómico de su país y podrán contribuir
con orgullo a construir un futuro lleno de esperanza para Viet Nam.
Estos son los sentimientos que deseaba compartir con ustedes. También
quisiera aprovechar esta feliz ocasión para reiterar a los
amigos y amigas de ayer y de hoy el más sincero agradecimiento
del pueblo y las mujeres de Viet Nam por su amistad, su apoyo y
su asistencia.
Anexo III DECLARACIONES DE CLAUSURA
Declaración del Sr. Boutros Boutros-Ghali,
Secretario General de las Naciones Unidas*
Aunque no puedo estar presente con ustedes en el día de
hoy, he seguido el desarrollo de esta Conferencia con muchísima
atención. Desde Nueva York, les hago llegar mis sinceras
felicitaciones a todos: delegados, representantes de organizaciones
no gubernamentales y miembros de la Secretaría.
Tenemos todos una deuda de gratitud con la República Popular
de China, que ha sido anfitriona de una de las conferencias mundiales
más grandes de la historia, en la que han participado alrededor
de 17.000 personas, entre ellas 6.000 delegados de 189 países,
más de 4.000 representantes de organizaciones no gubernamentales
acreditadas, un gran número de funcionarios públicos
internacionales y alrededor de 4.000 representantes de los medios
de difusión. Hubo también más de 30.000 participantes
en el Foro de Organizaciones no Gubernamentales. Agradecemos sinceramente
a China por haber sido anfitriona del mundo.
Quiero agradecer especialmente a la Presidenta de la Conferencia,
Sra. Chen Muhua. Con el correr de los años, cuando tuvimos
oportunidad de encontrarnos en El Cairo y en Beijing, ha aumentado
mi admiración por la eficiencia de la Sra. Chen Muhua y su
capacidad de solucionar los problemas incluso antes de que surjan.
Permítame decirle, Sra. Chen Muhua, que es usted el modelo
de la mujer fuerte y dedicada que garantizará el éxito
perdurable y trascendental de esta Conferencia.
Doy las gracias a la Secretaria General de la Cuarta Conferencia
Mundial sobre la Mujer, Sra. Gertrude Mongella. Ha sido ella la
fuerza impulsora de esta Conferencia. En los difíciles días
de las reuniones preparatorias, en las negociaciones con las delegaciones
nacionales, la Sra. Mongella, gracias a su dedicación a la
causa de la mujer y a su experiencia como negociadora, mantuvo en
un curso certero los preparativos para Beijing. Sé que seguirá
dedicándose con empeño a esta causa, a medida que
avanzamos hacia la aplicación de las decisiones aprobadas
en Beijing.
El impulso logrado debe ahora traducirse en medidas concretas y
todos tenemos la responsabilidad de asegurar que las decisiones
convenidas aquí cambien efectivamente el mundo.
Los compromisos asumidos en Beijing no son sólo el resultado
de negociaciones diplomáticas. Tras ellos está el
poderío firme y organizado del movimiento femenino. Toda
la serie de conferencias y cumbres mundiales ha sido transformada
por la influencia creciente, la pasión y la convicción
intelectual del movimiento femenino.
En Río, Viena, El Cairo y Copenhague se puso de relieve la
importancia de las cuestiones relacionadas con la mejora de la condición
de la mujer. Tras cada una de esas conferencias mundiales surgió
un reconocimiento más firme:
- Del papel crucial de la mujer en el desarrollo sostenible y la
protección del medio ambiente;
- De los derechos humanos de la mujer como parte inalienable, integral
e indivisible de los derechos humanos universales;
- De la violencia contra la mujer como una violación intolerable
de sus derechos;
- Del hecho de que los servicios de salud, atención materna
y
planificación de la familia y el acceso a la educación
y la información son esenciales para que la mujer pueda ejercer
sus derechos fundamentales.
El movimiento femenino tiene en las Naciones Unidas un firme aliado.
Empezando con la afirmación contenida en la Carta, en que
se hace hincapié en la plena igualdad entre hombres y mujeres,
las Naciones Unidas han colaborado con el movimiento femenino para
lograr el objetivo de nuestros fundadores. La Comisión de
la Condición Jurídica y Social de la Mujer fue uno
de los primeros órganos establecidos por las Naciones Unidas
después de su fundación. En los últimos 20
años, las conferencias mundiales sobre la mujer celebradas
en México, Copenhague y Nairobi han contribuido al fortalecimiento
progresivo de los aspectos jurídicos, económicos,
sociales y políticos de la función de la mujer. En
1979, la Asamblea General aprobó la importantísima
Convención sobre la eliminación de todas las formas
de discriminación contra la mujer.
El movimiento en pro de la igualdad entre los géneros en
todo el mundo ha sido uno de los acontecimientos más importantes
de nuestra era. Me honra afirmar que las Naciones Unidas han sido
parte de este movimiento.
Sin embargo, pese a los progresos alcanzados, queda todavía
mucho por hacer. Aunque las mujeres han hecho avances importantísimos
en muchas sociedades, casi en todas partes se da todavía
una prioridad secundaria a las cuestiones de la mujer. Las mujeres
hacen frente a problemas de discriminación y marginalización
de maneras sutiles y a la vez flagrantes, no comparten en pie de
igualdad los frutos de la producción y constituyen el 70%
de los pobres del mundo.
En el cartel situado a la entrada del Foro de las Organizaciones
no Gubernamentales en Huairou se nos pide que miremos el mundo a
través de los ojos de la mujer. En estas dos semanas, esto
es lo que ha hecho el mundo. Hemos visto que, pese a los progresos
alcanzados desde la primera Conferencia Mundial sobre la Mujer,
realizada hace 20 años, las mujeres y los hombres siguen
viviendo en un mundo desigual. En todos los países persisten
las disparidades y las desigualdades entre hombres y mujeres. No
hay en 1995 un solo país donde hombres y mujeres disfruten
de plena igualdad.
El mensaje de esta Conferencia es que las cuestiones relativas a
la mujer son globales y universales. Hay actitudes y prácticas
firmemente arraigadas que perpetúan diariamente la desigualdad
y la discriminación contra la mujer en la vida pública
y privada en todas partes del mundo. Al mismo tiempo, ha surgido
el consenso de que la igualdad de oportunidades para todos es esencial
para el establecimiento de una sociedad justa y democrática
para el siglo XXI. Todos reconocen ya el vínculo fundamental
que existe entre los tres objetivos de la Conferencia: igualdad,
desarrollo y paz.
La Plataforma de Acción ha sido fruto de un proceso preparatorio
más participatorio e inclusive que ninguno antes en la historia.
Nunca antes se habían reunido tantas mujeres, representantes
de gobiernos y organizaciones gubernamentales, para compartir experiencias
y trazar el rumbo para el futuro. Las Naciones Unidas han proporcionado
el lugar y el marco para que las cuestiones relativas a la igualdad
entre hombres y mujeres adquieran un lugar prioritario en el calendario
mundial. Las mujeres del mundo han sido la fuerza impulsora que
ha preparado ese calendario y que impulsa su cumplimiento.
La Plataforma de Acción es un programa poderoso para mejorar
la condición de la mujer. En ella se pide la integración
de las perspectivas basadas en el género en todas las políticas
y los programas y se concentra la atención en medidas concretas
encaminadas a solucionar los problemas encarados en las esferas
de especial preocupación en todo el mundo. La Plataforma
de Acción debe ser nuestra guía y nuestro punto de
referencia constante y debe recibir amplia difusión a nivel
mundial, regional y local. La aplicación de sus metas, objetivos
y medidas debe vigilarse en forma activa y la Plataforma debe revitalizarse,
según resulte necesario, para tener en cuenta los nuevos
acontecimientos a medida que surgen.
Al iniciar el camino desde Beijing, la Plataforma es un llamamiento
para la adopción de medidas concretas con los siguientes
objetivos:
- Medidas para proteger y promover los derechos humanos de la mujer
y la
niña como parte integral de los derechos humanos universales;
- Medidas para erradicar la carga persistente y creciente de la
pobreza
que soporta la mujer;
- Medidas para eliminar los obstáculos que se oponen a la
plena
participación de la mujer en la vida pública y en
la adopción de
decisiones a todos los niveles, incluso en la familia;
- Medidas para eliminar todas las formas de violencia contra la
mujer;
- Medidas para garantizar la igualdad de acceso de niñas
y mujeres a la
educación y los servicios de salud;
- Medidas para promover la autonomía económica de
la mujer y para
asegurar su acceso a los recursos productivos;
- Medidas para fomentar la distribución equitativa de las
responsabilidades en el seno de la familia.
La Plataforma de Acción impone una gran responsabilidad al
sistema de las Naciones Unidas. Se pide en ella que las organizaciones
de las Naciones Unidas desempeñen un papel crucial en el
seguimiento, la ejecución y la vigilancia.
Todo esto plantea un desafío a la capacidad y la dedicación
de las Naciones Unidas. En mi calidad de Secretario General, acepto
ese desafío. Haré todo lo posible por asegurar que
las recomendaciones que se me han hecho se apliquen en forma rápida
y efectiva. Estoy decidido a incluir una perspectiva basada en el
género en todos los aspectos de la labor de la Organización.
En cooperación con mis colegas, los jefes ejecutivos de los
organismos especializados de las Naciones Unidas y de los programas
y fondos de las Naciones Unidas, procuraré iniciar una respuesta
coordinada en todo el sistema e integrar las medidas resultantes
de esta Conferencia con las de otras conferencias mundiales. Mantendré
a los Estados Miembros regularmente informados de los progresos
alcanzados.
Los jefes ejecutivos de las organizaciones del sistema de las Naciones
Unidas han manifestado su empeño en promover la causa de
la mujer en las secretarías del sistema como cuestión
de prioridad en sus políticas. Todos se han comprometido
a elaborar políticas concretas y mecanismos de vigilancia
para mejorar la situación de la mujer y, en particular, para
aumentar el número de mujeres en puestos de nivel superior
y de adopción de políticas.
El sistema de las Naciones Unidas ya ha aprobado muchas medidas
en relación con esto, que serán críticas para
la aplicación de la Plataforma: la inversión de la
tendencia hacia la feminización de la pobreza; el aumento
de los niveles de educación y de salud de la mujer y la niña;
la mejora de la protección jurídica de la mujer en
el hogar; el establecimiento de una protección más
cabal de la mujer en tiempo de guerra. Todas estas cuestiones deben
recibir prioridad.
Hago un llamamiento a todos los gobiernos que aún no lo hayan
hecho para que se adhieran y ratifiquen los instrumentos de derechos
humanos de las Naciones Unidas y los convenios laborales - en particular
la Convención sobre la eliminación de todas las formas
de discriminación contra la mujer y la Convención
sobre los Derechos del Niño.
Para terminar, quiero referirme especialmente a las instituciones
de la sociedad civil, que han desempeñado un papel tan importante
en los preparativos de esta Conferencia. Desde que asumí
el puesto de Secretario General, he hablado muchas veces de la evolución
de la sociedad civil y de su importancia para el avance económico,
cultural y democrático. El establecimiento de mecanismos
más eficaces para garantizar la colaboración entre
los gobiernos y la sociedad civil contribuirá significativamente
a la aplicación de las políticas y las medidas previstas
en la Plataforma. Las Naciones Unidas intensificarán los
vínculos estrechos y las relaciones de trabajo que ya existen
con la comunidad de organizaciones no gubernamentales a nivel mundial
y nacional. Las Naciones Unidas están dispuestas a apoyar
a los gobiernos en sus esfuerzos por promover y fortalecer las instituciones
de la sociedad civil.
Dentro de pocas semanas, los dirigentes del mundo se reunirán
en la Sede de las Naciones Unidas en una Reunión en la Cumbre
de Jefes de Estado y de Gobierno para conmemorar así el cincuentenario
de la fundación de las Naciones Unidas.
Al celebrar el mundo ese aniversario, debemos trabajar unidos para
garantizar que la igualdad de derechos de hombres y mujeres consagrada
en la Carta de las Naciones Unidas se haga realidad.
Debemos trabajar juntos para aplicar la Plataforma de Acción
aprobada aquí en Beijing.
Que todo el mundo sepa y reconozca que sólo mediante el plen
reconocimiento de la igualdad de derechos de la mujer se lograrán
los objetivos de igualdad, desarrollo y paz para toda la humanidad.
* La declaración fue pronunciada por el Representante Especial
del Secretario General en nombre del Secretario General.
Declaración de la Sra. Gertrude Mongella,
Secretaria General de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer
Al ponerme de pie para pronunciar las palabras de clausura de ésta,
la más especial de toda las conferencias mundiales de las
Naciones Unidas, n puedo evitar un suspiro de alivio. De alivio,
no porque las numerosas reuniones, consultas y actividades asociadas
con la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer hayan concluido
oficialmente, sino de alivio y de felicidad porque lo hayamos logrado:
Lo logramos! Hemos logrado trascender las complejidades históricas
y culturales; hemos logrado trascender las desigualdades y diversidades
socioeconómicas; hemos logrado mantener vivo nuestro sueño
y nuestros objetivos comunes de igualdad, desarrollo y paz. En algunas
esferas, hemos ampliado significativamente los horizontes de conferencias
anteriores. Por último, hemos logrado redactar nuestro documento
de consenso - la Plataforma de Acción - mediante la ardua
labor y el espíritu de cooperación, la dedicación
y la determinación de los Gobiernos y otros grupos representados
aquí.
Estoy segura de que todos compartimos este momento de satisfacción
por el cual hemos trabajado diligentemente a todos los niveles.
Todos hemos hecho nuestro aporte para poder reunirnos a celebrar
juntos nuestro logro común de hoy con el mismo espíritu
de solidaridad que guió nuestras actividades e iniciativas,
hasta Beijing. Todos y cada uno de nosotros hemos dedicado tiempo,
energía y esperanzas para poder llegar a este punto culminante
de la historia de la humanidad. Mis más sinceras gracias
a todos ustedes.
No hay palabras que puedan expresar adecuadamente mi gratitud a
nuestros anfitriones, el Gobierno y el pueblo de China, por la infraestructura
física que han puesto a nuestra disposición; por el
apoyo moral y cálido que nos han brindado para hacernos sentir
aquí como en nuestra casa; por los incansables esfuerzos
desplegados para garantizar nuestra seguridad; y también
por las muchas actividades y espectáculos organizados para
los participantes en el Foro de las organizaciones no gubernamentales
y en la Conferencia. Muchas gracias.
Estamos especialmente agradecidos al Comité Nacional Chino
para la Organización de la Conferencia y a la Federación
Panchina de Mujeres, así como a todos los voluntarios, por
su dedicación y entrega y por la eficaz coordinación
de todos los preparativos.
El Foro de organizaciones no gubernamentales sobre la mujer, celebrado
del 30 de agosto al 8 de septiembre de 1995 con el fin de reunir
a mujeres y hombres para cuestionar, crear y transformar estructuras
y procesos mundiales a todos los niveles mediante la habilitación
y exhaltación de la mujer, congregó a más de
25.000 mujeres, hombres y jóvenes para debatir en talleres,
simposios y otras consultas distintos aspectos de interés
que afectan la vida de las mujeres. Algunos de los debates que tuvieron
lugar generaron roces, lo que refleja la divergencia de opiniones
y la dificultad del proceso de formación de consenso. Pero
sabemos que en todas las conferencias se producen debates apasionados.
La exhaltación general del trabajo de la mujer que tuvo lugar
en Huairou contribuyó a cimentar los vínculos y redes
de las mujeres de todos los rincones del mundo. Agradezco a los
organizadores del Foro de las organizaciones no gubernamentales
sobre la mujer de 1995, el impulso, la dedicación y el apoyo
proporcionados.
Doy las gracias al Secretario General, Dr. Boutros Boutros-Ghali,
quién ha estado con nosotros desde el principio, por su apoyo
y por haber depositado su confianza en mí. También
le doy las gracias por haberse comprometido, como lo ha hecho, a
realizar actividades complementarias para responder a las aspiraciones
de tantas mujeres.
Quiero también aprovechar esta oportunidad para expresar
mi sincero agradecimiento a toda la Secretaría de las Naciones
Unidas, así como a los colegas de otros órganos, organismos
y organizaciones de las Naciones Unidas, cuya lista es demasiado
extensa para nombrar aquí, por su incansable apoyo. De no
haber sido por el arduo trabajo realizado durante todo el proceso
preparatorio, así como en Beijing, la Conferencia no hubiera
podido avanzar con la facilidad con que lo hizo.
Agradezco y bendigo a los jóvenes por habernos acompañado
en todo este proceso. Son ustedes, con su creatividad, valor, energía
y visión, quienes nos harán avanzar. Como he dicho
antes, el futuro pertenece a los jóvenes, y a ustedes corresponden
por derecho propio las medidas que se deriven de Beijing. Por lo
tanto, confiaremos en ustedes para llevar adelante la revolución.
Ahora tenemos nuestra Plataforma, y ella debe servirnos de base
para gestionar los cambios que se esperan de nosotras. Debemos mucho
a la capaz dirección de la Sra. Chen Muhua, Presidenta de
la Conferencia; la Dra. Patricia Licuanan, Presidenta de la Comisión
Principal; la Sra. Obaapanyin Nana Ama Yeboaa, Presidenta del Grupo
de Trabajo I; la Sra. Irene Freudenschuss-Reichl, Presidenta del
Grupo de Trabajo II, y a todos aquellos cuyos esfuerzos han facilitado
el proceso para la adopción de esta Plataforma. Ahora tenemos
en nuestras manos el mandato por el que hemos estado trabajando,
nuestra base legítima para exigir cambios. Nuestra Plataforma,
que representa un consenso mundial para el cambio social, no puede
dejarse ahora en un rincón juntando polvo.
Ha concluido la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, pero
recién comienza la verdadera tarea de transformar las palabras
en acción. Que el espíritu de organización
y fijación de metas que caracterizó la etapa preparatoria
de esta Conferencia se convierta en la energía que impulse
su aplicación. Que la diversidad de las mujeres se encauce
ahora para convertir verdaderamente a éstas en las mayores
multiplicadoras de la prosperidad y no en las mayores víctimas
de la pobreza.
Hemos dado un paso decisivo e irreversible hacia adelante; no es
posible retroceder. Aquí están los hilos para tejer
un mundo mejor para la humanidad. Actuemos entonces ahora y en forma
decidida. Aunque no deseo subestimar los problemas que acompañarán
la aplicación de la Plataforma, creo firmemente que si todos
hacemos nuestra parte, por pequeña que sea, lograremos convertir
lo imposible en posible.
Como dicen nuestros anfitriones chinos, un viaje de mil leguas comienza
con el primer paso. Sin embargo, el viaje no será por supercarreteras
en las cuales se puede avanzar a toda velocidad; es posible que
nos conduzca a través de mares y lagos; a través de
colinas, montañas y valles; se requerirán muchos años
de arduo trabajo y sacrificios para llegar hasta el final. Cuando
el camino resulte muy difícil quizá tengamos que hacer
breves pausas de descanso a fin de reabastecernos, refrescarnos
y reorientarnos. La justicia social exige que sigamos avanzando.
Aunque nos desviemos un poco de nuestro derrotero, no podremos hacer
retroceder la revolución social que se ha iniciado.
Que Beijing sea el primer paso de nuestro viaje de mil leguas para
alcanzar la verdadera igualdad, el desarrollo y la paz en el mundo.
Que Beijing sea la Plataforma desde la cual se lleve adelante nuestra
cruzada mundial. Comprometámonos, como hemos estado haciendo
desde el principio, a transmitir el espíritu y las esperanzas
de Beijing a todas las mujeres, hombres y jóvenes en nuestros
caseríos, aldeas, pueblos y ciudades en todos los países
del mundo.
Que todos difundan la Plataforma al regresar a sus hogares en sus
países y que el mensaje sea alto y claro: Ha llegado la hora
de actuar.
El mundo tiene puesta su mirada en nosotros y nos considerará
responsables de la aplicación de las buenas intenciones y
decisiones convenidas en Beijing. Por lo tanto, les encomiendo reincorporarse
a sus filas, precisar sus objetivos y avanzar. Garanticemos que
la antorcha que se encendió en México y se reavivó
en Copenhague y Nairobi siga avanzando después de Beijing.
No tengo duda de que alcanzaremos nuestra meta.
Declaración de la Sra. Gro Harlem Brundtland,
Primera Ministra de Noruega
Hemos acudido aquí en respuesta al llamamiento de los miles
de millones de mujeres que han vivido en el mundo y de los miles
de millones que vivirán en él. Necesitamos un cambio
inmediato y definitivo: las mujeres no aceptarán más
el papel de ciudadanas de segundo orden.
Nuestra generación tiene que responder a ese llamamiento.
No cabe duda de que hemos avanzado, pero todavía no se puede
aquilatar cabalmente nuestro éxito; eso dependerá
de la voluntad que demostremos todas para cumplir lo prometido.
Las opiniones expresadas aquí, y las noticias que desde aquí
se han propagado, conformarán irrevocablemente la opinión
mundial. La huella de lo sucedido en Beijing es indeleble.
šQué se recordará? šEl exceso de protección
de seguridad? šLas palmas de las manos de los policías? šLas
visas denegadas? Sí, pero esas prácticas no pueden
perdurar y, a la larga, no perdurarán. Hagamos hoy un recuento
de nuestras victorias estratégicas y no de las derrotas tácticas.
Lo que hemos logrado es romper los marcos que constreñían
las vidas de mujeres y niñas.
Ahora debemos seguir adelante. La historia de las luchas de liberación
nos demuestran que la vida, la libertad, la igualdad y las oportunidades
nunca se han concedido. Siempre ha sido preciso tomarlas.
No podemos mantener la ilusión de que otros van a ocuparse
de establecer la igualdad con los hombres. Las mujeres, y los hombres
que trabajan a su lado y comprenden el problema, tendrán
que luchar por esa libertad.
Hoy sabemos que la contribución de la mujer a la economía
es decisiva para el crecimiento y el desarrollo social. Sabemos
que los países seguirán viviendo en la pobreza si
la mujer permanece bajo el yugo de la opresión. Sabemos el
costo de un apartheid persistente basado en el género.
Hoy en día no hay un solo país en el mundo, ni uno
siquiera, donde las mujeres y los hombres gocen de igualdad de oportunidades.
Por tanto, debemos regresar de Beijing a las barriadas pobres de
las megalópoles del tercer mundo, a las tierras de cultivo
que bordean los desiertos en África y a las comunidades indígenas
de las selvas pluviales latinoamericanas. Tenemos que regresar a
nuestros países para cambiar los valores y las actitudes.
Pero no sólo allí: tenemos que ir a las salas de sesiones,
a los suburbios de Europa y América del Norte, a todas nuestras
comunidades locales, a nuestros gobiernos y a la Sede de las Naciones
Unidas. Es en esos lugares donde se necesitan cambios. Tanto en
el Norte como en el Sur.
šQué debe hacerse para cumplir las esperanzas y las aspiraciones
de las generaciones actuales y venideras? La mujer debe gozar de
libertad e igualdad a la hora de tomar decisiones sobre su propia
vida y ha de gozar del derecho, oficial y protegido, de participar
en la formación de la sociedad, pero, sobre todo, tiene que
ejercer ese derecho . El poder de las mujeres constituye una fuerza
formidable. Los valores de la mujer tienen mucho que aportar.
Necesitamos mujeres en todos los niveles de la administración
y el gobierno, tanto en sus instancias locales como a nivel nacional.
Todos coincidimos en que la mujer debe recibir educación
y no sólo experiencia, pero todavía estamos lejos
de un mundo en que se pueda hacer uso de ese derecho.
Cabe citar un ejemplo del plano político: a nivel mundial
hay gabinetes y parlamentos en que la presencia de la mujer es escasa
o nula. Esta situación no puede continuar y no continuará.
Además, si la transición hacia una representación
política más real se retrasa, la acción afirmativa
dará resultado. Así ocurrió en Escandinavia.
Hace 15 años, cuando pasé a ser Primera Ministra,
ese acontecimiento fue un choque cultural para muchos noruegos.
Ahora los niños de cuatro años preguntan a sus madres,
"šPuede un hombre ser Primer Ministro?".
Estamos en el proceso de aprobación de una Plataforma de
Acción amplia. Todos sus elementos son importantes en este
programa de cambio. Permítanme detenerme en algunos de sus
aspectos principales más apremiantes.
Coincidimos en que la educación de la mujer es esencial.
El Informe sobre el Desarrollo Humano publicado este año
lo indica con suma claridad: los dividendos económicos de
las inversiones destinadas a la educación de la mujer son
plenamente comparables con los correspondientes a los hombres. Ahora
bien, los dividendos sociales de la educación de la mujer
superan con creces los de la educación de los hombres. La
instrucción de las niñas es uno de los factores fundamentales
para el desarrollo.
Se ha celebrado un difícil debate sobre la forma en que Beijing
debería definir los derechos humanos de la mujer, como si
pudiera existir un conjunto de derechos humanos para el hombre y
otro, más restringido, para la mujer. Incluso escuché
el siguiente argumento, esgrimido por un país que quiero
mencionar: "En realidad, el Occidente está tratando
de imponer sus pautas culturales como modelo internacional".
Esto no es cierto: en la actualidad la mayoría de los países
defienden sus propias culturas y, como nunca antes, se demuestra
respeto y comprensión por los valores de otras culturas y
religiones.
Pero la cuestión es otra: hay límites para las prácticas
que los países pueden esperar que la comunidad internacional
acepte o condone, aun cuando esas prácticas tengan raíces
culturales profundas. Es aquí donde entran en juego los derechos
humanos.
Cabe afirmar que la violencia contra la mujer, incluida la violencia
en el hogar, forma parte de una "pauta cultural" en la
mayoría de los países, incluido el mío. Recibimos
una cantidad increíble de informes sobre mujeres golpeadas
por sus esposos. Es evidente que la protección contra la
violencia y la coerción tiene que hacerse valer también
en el plano sexual de la vida.
Esta Conferencia ha expresado clara y acertadamente lo que deben
entrañar en la práctica los derechos humanos vigentes.
El Estado se convierte en cómplice cuando la violencia contra
la mujer se considera una forma de conducta cultural separada e
independiente del ámbito de la justicia y el cumplimiento
de la ley.
El mapa del mundo está cubierto de manchas de infamia causadas
por el maltrato de niñas. En eso consiste la mutilación
genital de las niñas. Esa práctica no adquiere un
carácter sacrosanto ni escapa del ámbito de la política
sólo porque pueda afirmarse que forma parte de una "pauta
cultural".
Conocemos bien la terrible discriminación que se practica
contra las niñas, aún antes de que nazcan. Constituyen
trágicos testimonios de ese fenómeno lo que se ha
descrito ambiguamente como "selección prenatal del sexo"
y la mortal negligencia con que se trata a las lactantes.
Generalmente estas prácticas tienen raíces muy antiguas,
pero quienes las utilizan son personas que viven en el mundo de
hoy. šPor qué en determinados países el número
de varones es sorprendentemente mayor que el de niñas? Tal
vez la pregunta ofenda a los gobiernos, que no alientan esos delitos,
pero todos seremos culpables si cerramos los ojos.
šPor qué la niña recibe menos alimentos, y de peor
calidad, que sus hermanos? šPor qué recibe menos servicios
de salud y educación? šPor qué está sometida
a la horrible tradición de la explotación sexual?
No es fácil cambiar actitudes centenarias arraigadas, pero
las que acabo de mencionar tienen que cambiar. Esa tarea exige una
intervención enérgica de los gobiernos, los grupos
religiosos y privados y las organizaciones no gubernamentales.
Una mayor igualdad en el marco de la familia beneficia a los hombres,
las mujeres y los niños. La afirmación de que esta
Conferencia atenta contra la maternidad y la familia es totalmente
absurda.
Actualmente reconocemos que la pobreza tiene un sesgo de género.
Cada vez más, la pobreza discrimina entre la mujer y el hombre.
Ha quedado completamente refutado el mito de que los hombres son
los proveedores económicos y las mujeres son principalmente
madres y encargadas de atender a la familia. Esta estructura de
la familia nunca ha constituido la norma, salvo en un sector muy
estrecho de la clase media.
Las mujeres siempre han trabajado, en todas las sociedades y en
todas las épocas. Como norma, han trabajado más arduamente
que el hombre y, también como norma, sin pago y sin reconocimiento.
Su contribución ha sido indispensable para las economías
nacionales y para sus familias, en las cuales ha desempeñado
el papel de sostén con resultados frecuentemente superiores
a los del hombre.
Según las estadísticas, las sociedades han mantenido
generalmente apartada a la mujer. Mujeres que trabajan de 10 a 12
horas diarias en la agricultura de subsistencia aparecen registradas
como "amas de casa" en los censos nacionales.
Pero el desconocimiento de la contribución de la mujer a
la economía ha tenido efectos nocivos más graves.
A menudo, las mujeres no pueden obtener siquiera un préstamo
modesto para hacerse independientes y productivas. En muchos países,
las mujeres no tienen propiedades, no pueden recibir herencias y
no pueden ofrecer garantías. Por añadidura, generalmente
la ley actúa en su contra.
Las mujeres no tendrán una mayor participación social
sencillamente porque lo deseemos, sino en virtud de cambios en la
legislación, un aumento de la información y una redistribución
de los recursos.
Los ministros de finanzas y planificación deben revisar sus
prácticas anteriores a la luz de lo que se ha afirmado en
Beijing acerca del papel económico de la mujer. Librar a
la mujer de las cadenas de la pobreza no constituye sólo
una cuestión de justicia, sino además una cuestión
de crecimiento económico sólido y mayor bienestar
para todos. Hace tiempo se debió haber incluido la perspectiva
del género en los planes de desarrollo y los presupuestos
gubernamentales.
El concepto 20/20 es una vía prometedora para el progreso.
Requiere un compromiso mutuo, la solidaridad de la comunidad internacional
y la responsabilidad de cada uno de los gobiernos nacionales en
cuanto a proporcionar servicios sociales básicos. No es posible
satisfacer las aspiraciones de nuestros pueblos ni cumplir nuestros
compromisos si no se asigna por lo menos el 20% de los presupuestos
nacionales a servicios sociales básicos. Además, es
preciso que en ese 20% se tenga en cuenta una perspectiva basada
en el género.
En 1994 aprendimos una lección en la Conferencia Internacional
sobre la Población y el Desarrollo, celebrada en El Cairo.
El mejoramiento de la condición de la mujer y la planificación
familiar sensata son fundamentales para reducir las tasas de fecundidad.
La riesgosa pauta de "demasiados hijos, demasiado temprano,
demasiado tarde y demasiado seguidos" es también muy
nociva para la supervivencia de los lactantes y los niños
de corta edad. No hay razón alguna para condenar a la mujer
a una vida de procreación y fatiga perpetuas. Si no se ha
prestado oídos a los llamamientos en pro de la justicia para
la mujer, tal vez sí se repare en la necesidad de una economía
más sólida y tendencias demográficas sensatas.
Por suerte, pudimos erigir un dique para contener las aguas tempestuosas
que amenazaban el consenso en El Cairo. Pero aquí en Beijing
conseguimos algo más que una defensa de los logros anteriores.
Cuando dije en la Conferencia de El Cairo que, por lo menos, debíamos
eximir de sanciones a las mujeres que no habían encontrado
más solución que el aborto, esas palabras causaron
una conmoción. No comprendo por qué también
aquí, en Beijing, los partidarios más elocuentes de
lo que muchas de nosotras propugnamos, una sociedad protectora donde
todas las mujeres puedan tener sus hijos en condiciones de seguridad,
han afirmado de manera tan rotunda que estas decisiones dramáticamente
difíciles deberían ser castigadas por ley.
Deberíamos concentrarnos en el sufrimiento humano y no en
la recriminación contra los más débiles y vulnerables.
Cada segundo nace un niño o una niña en este mundo
de diversidad y desigualdad. Todos merecen cariño y cuidados,
un futuro y oportunidades. No hay nada que refleje una confianza
tan total e incondicional como la mirada de los ojos de un recién
nacido, ya sea niño o niña. Tenemos que tomar ese
privilegio como punto de partida y hacernos merecedores de esa mirada.
Declaración de la Sra. Chen Muhua, Presidente
de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer
Hace dos semanas, cuando fui elegida por unanimidad Presidenta de
esta Conferencia, me sentí muy honrada, pero también
muy consciente de la enorme responsabilidad que sobre mí
recaía. Hoy me llena de felicidad ver que la ardua labor
que hemos realizado en las últimas dos semanas y todos nuestros
esfuerzos comunes han hecho de la Cuarta Conferencia Mundial sobre
la Mujer un éxito rotundo, que hemos cerrado con broche de
oro.
Las mujeres de todo el mundo han seguido de cerca la Conferencia
de Beijing y los pueblos de todos los países han depositado
grandes esperanzas en nosotros. Creo que podemos decir que no los
hemos defraudado.
El éxito de la Conferencia demuestra que la mejora de la
condición de la mujer no sólo da a ésta más
posibilidades de expresar sus opiniones sino que además es
una tarea esencial para nuestra época: es la esperanza de
toda la humanidad.
El éxito de la Conferencia demuestra también la voluntad
política común y el compromiso de los gobiernos del
mundo y de la comunidad internacional de promover la igualdad de
género y de realizar esfuerzos para lograr la igualdad, el
desarrollo y la paz.
El éxito de la Conferencia es el resultado de la estrecha
cooperación y los esfuerzos conjuntos de todos los participantes.
La Declaración de Beijing y la Plataforma de Acción
son el fruto de nuestra ardua labor.
Todo el mundo recordará la Cuarta Conferencia Mundial sobre
la Mujer como una conferencia de las Naciones Unidas de una escala
sin precedentes muy bien organizada y como un hito en la historia
del movimiento mundial en favor de la mujer. Dará sin duda
un gran impulso a los esfuerzos de las Naciones Unidas encaminados
a promover la igualdad de género y el desarrollo social.
Al igual que los documentos aprobados en las tres anteriores conferencias
sobre la mujer, la Declaración de Beijing y la Plataforma
de Acción aprobadas por esta Conferencia servirán
de guía a los gobiernos y a la comunidad internacional en
sus esfuerzos por promover la igualdad de género y, al igual
que los documentos aprobados en las importantes conferencias de
las Naciones Unidas sobre el medio ambiente y el desarrollo, la
población y el desarrollo social, celebradas recientemente,
se convertirán en documentos fundamentales para el desarrollo
social mundial.
En mi labor como Presidenta de la Conferencia, he tenido el honor
de contar con el apoyo y la estrecha cooperación de los demás
funcionarios electos de la Conferencia y los miembros de la Comisión
Principal, todas las delegaciones, la Secretaría de las Naciones
Unidas y todos los participantes de la Conferencia, así como
de las organizaciones no gubernamentales. A todos ellos deseo expresarles
mi más sincera gratitud.
Sigamos manteniendo este espíritu de solidaridad y cooperación
y redoblemos nuestros esfuerzos para mejorar la condición
de la mujer en el mundo. Una vez terminada la Conferencia, adoptemos
medidas eficaces, llevemos nuestras decisiones a la práctica
y hagamos de lo posible una realidad. Aunemos nuestros esfuerzos
para lograr la igualdad, el desarrollo y la paz y para asegurar
una vida feliz para las generaciones venideras, y trabajemos juntos
por un siglo XXI aún mejor.
Anexo IV DECLARACIÓN DE LA PRESIDENTA DE LA CONFERENCIA SOBRE
LA INTERPRETACIÓN MÁS GENERALIZADA DEL TÉRMINO
"GENERO"
1. Durante la 19Ş sesión de la Comisión de la Condición
Jurídica y Social de la Mujer, reunida en su calidad de órgano
preparatorio de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, se
planteó la cuestión relativa al significado del término
"género" en el contexto de la Plataforma de Acción
de la Conferencia. A fin de examinar la cuestión, la Comisión
decidió establecer un grupo de contacto en Nueva York, que
estaría presidido por la Relatora de la Comisión,
Sra. Selma Ashipala (Namibia). La Comisión encargó
al grupo de contacto oficioso que llegara a un acuerdo sobre la
interpretación más común del término
"género" en el contexto de la Plataforma de Acción
y que informara directamente a la Conferencia de Beijing.
2. Habiendo examinado detenidamente la cuestión, el grupo
de contacto señaló que: 1) el término "género"
se había utilizado e interpretado comúnmente en su
acepción ordinaria y generalmente aceptada en muchos otros
foros y conferencias de las Naciones Unidas; 2) no había
indicación alguna de que en la Plataforma de Acción
pretendiera asignarse al vocablo otro significado o connotación,
distintos de los que tenía hasta entonces.
3. En consecuencia, el grupo de contacto reafirmó que el
vocablo "género", tal y como se emplea en la Plataforma
de Acción, debe interpretarse y comprenderse igual que en
su uso ordinario y generalmente aceptado. El grupo de contacto acordó
también que el presente informe fuera leído por la
Presidenta de la Conferencia con carácter de declaración
de la Presidenta y que esa declaración formase parte del
informe final de la Conferencia.
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