Derechos
Aprobación de la Ley de Salud Sexual en la Cámara de Diputados
de Argentina
Discurso de la diputada Elisa Carrió en la sesiòn
del 18 de Abril,
al tratarse el proyecto de ley de Salud sexual y salud Reproductiva
Sra. Carrió.- Señor presidente: deseo referirme a algunas
cuestiones previas.
En primer término deseo manifestar, para que quede constancia
en actas, el profundo rechazo personal, y como diputada de la Nación,
que me produce la forma en que distintos grupos presionan sobre la sanción
de algunas leyes.
Los lobbies encarnizados, aún cuando provengan de sectores religiosos,
desmerecen a la política y a la Iglesia. Quiero que este concepto
quede expresamente incluido en mis manifestaciones.
La segunda cuestión a la que deseo referirme es un tema al que
considero central. En contestación a lo señalado por la diputada
preopinante, diré que en realidad el estado de naturaleza es un estado
de fuerza, en el que los que dominan -justamente porque no hay ley- son
los que tienen los recursos o manejan la cultura.
En consecuencia, el dictado de la ley es para reestablecer el equilibrio
de la igualdad en sociedades diezmadas por la fuerza. La ley, mediante la
igualdad y la discriminación inversa, es la que equilibra a los sectores
objeto de la denominación, es decir, a los pobres. Es obvio que estamos
en las antípodas ideológicas.
En tercer término debo decir que esta no es una ley de los hombres
y por ello es que no se puede tratar en el recinto de esta Cámara
de Diputados por largo tiempo.
Quiero aclarar que hablo como feminista y por el derecho de las mujeres
a ser personas. Esta es una ley que incumbe a las mujeres de este país
y por eso es que puede ser objeto de tantas presiones e indiferencia.
La presión, la indiferencia y el desconocimiento han sellado la
herencia de la cultura machista sobre las mujeres. (Aplausos.)
En esta concepción, el cuerpo de las mujeres -no solo su mente-
ha sido objeto de dominación. En consecuencia, se puede establecer
una clara diferencia entre la autonomía de la libertad de los hombres
y el destino de las mujeres.
Los hombres siempre pudieron decidir. Las mujeres siempre llevaban en
sus cuerpos un destino. En consecuencia, las mujeres no tenían toda
la libertad de la que gozaban los hombres.
Me niego a hablar de si esto favorece o no la cultura del aborto porque
no soy abortista. Me niego a hablar de una propaganda falsa que se hace
para impedir que las mujeres pobres tengan el mismo derecho que aquellas
de clase media que concurren a las misas de 7 y firman los documentos a
favor o en contra de la ley de salud reproductiva. (Aplausos.)
Como ya lo he dicho, hay que vivir en las provincias pobres, hay que
saber que la maternidad a los diez, once o doce años no fue la chica
quien decidió tener relaciones sino que fue un adulto el que se apropió
del cuerpo de esa mujer. En la maternidad infantil y adolescente siempre
hay abuso, ya sea por parte de los parientes adultos o de los hombres en
general. Entonces, esta niña empieza a los once años a saber
que su vida y su cuerpo tienen un destino en manos de la dominación
del otro.
He trabajado en planes contra la violencia, porque -debemos decirlo-
esto es violencia contra las mujeres. Aquí no se trata solamente
del derecho a decidir: esta es la larga historia de la violencia sobre el
cuerpo de las mujeres pobres.
Recordemos el caso de María Soledad. ¿Saben por qué
ése no fue un crimen importante? Porque la que había sido
violada era una mujer pobre, y aquí está el señor diputado
Pernasetti que sabe que es así.
Sólo cuando las mujeres empezaron a caminar para pedir verdad
y justicia esta historia cambió para enseñar a la Argentina
que la dominación no se hace sobre los cuerpos de las mujeres pobres.
Esas mujeres tienen el derecho a ser informadas; nadie puede decidir si
no sabe. Todas deben saber mínimamente que tienen sobre su cuerpo
un derecho humano fundamental. Negarles el derecho a saberlo es limitarlas
y obturar su voluntad de decidir, y no hay en la herencia judeocristiana
-lo digo como católica- ninguna frase en el Antiguo ni en el Nuevo
Testamento que diga que hay un destino. La obediencia a Dios es fundamentalmente
libertad, y para ser libre hay que saber.
En consecuencia, lo que se procura con estas discusiones es imponer a
las mujeres pobres de este país un destino que ya tienen por ser
pobres, como ya lo tienen por una razón de género.
Represento a la provincia que tiene el mayor índice de maternidad
infantil. Cuando recorro los barrios, las chicas de dieciocho años
me dicen: "Lilita: tengo ya seis hijos" o "tengo prolapso
de útero". No son profesionales, no son chicas que vayan a buenos
colegios: son adolescentes que empiezan a trabajar en casas de familia por
sueldos de hambre cuando tienen once años. ¡Vaya si alguno
de los presentes no sabrá qué les pasa a las adolescentes
pobres cuando llegan a las casas de las familias ricas! Pero si hay embarazo,
las despiden en el acto, y esas madres de trece o catorce años quedan
sin trabajo y sin saber qué fue de su cuerpo, de su vida, de su destino
y de su cultura.
No estamos hablando del niño por nacer; estamos hablando de niñas
que no pueden vivir en las condiciones de extrema pobreza y de dominación
machista y económica de nuestros pueblos. ¡Claro, de ellas
se ríen, porque están en las afueras! ¡Pueden ser usadas!
No he visto a nadie que no haya militado ni siquiera en las parroquias,
ni tampoco a los sacerdotes y las monjas que están en las villas
de nuestro país, que no deseen esta norma. Sugiero a los diputados
que visiten Quilmes, y advertirán que lo que digo es cierto cuando
comprueben el destino desastroso de estas criaturas. ¿Saben quiénes
están en contra de que se usen pastillas o un DIU para evitar tener
diez hijos a los veintiún años? Las que vamos a misa de siete
de la tarde, las que tenemos todo y no podemos explicar cómo tenemos
tres hijos si alguna vez no tomamos un anticonceptivo. (Aplausos.)
En consecuencia, quiero que quede claro al pueblo argentino que éste
es el derecho de una niña a saber qué es su cuerpo, y de una
adolescente o de una mujer a no tener que elegir entre la leche del hijo
o el anticonceptivo. Este es el derecho que no tienen algunas porque nosotros
como clase política hemos construido una sociedad de exclusión,
una sociedad que hace víctimas a las más víctimas.
Y las más víctimas entre las víctimas son las mujeres.
Por eso aclaro que no tengo ningún problema y que voy a apoyar
totalmente esta iniciativa, no sólo en nombre de mi conciencia y
en el del pueblo de la provincia del Chaco sino también de mis más
profundas y hondas convicciones cristianas. (Aplausos prolongados.)
Sra. Carrió.- Señor presidente: voy a formular tres precisiones.
En primer lugar, es cierto que en determinados organismos internacionales
se han implementado planes de esterilización como modo de disminuir
la pobreza. He tenido un enfrentamiento muy duro en una sesión en
las Naciones Unidas en ocasión de explicar por qué entiendo
que bajo ningún concepto la ley argentina puede incorporar planes
de esterilización. Debemos entender claramente cuáles son
esos planes. Recuerdo en el caso del Perú, la cuestión se
encuentra hoy en la Comisión Internacional de Derechos Humanos.
Los planes de esterilización no están vinculados a la posibilidad
de que las mujeres pobres tengan un mecanismo que les permita decidir cuántos
hijos tener y en qué momento, sino que está directamente vinculado
a la atadura de trompas y a la esterilización de los hombres.
Este proyecto fija un criterio absolutamente contrario, porque lo único
por lo que no han peleado es justamente por esto. Incluso se lo dije a mucha
gente que estaba preocupada por este tema. Reitero que los planes de esterilización
-que existen- están vinculados a las ataduras de trompas, que este
proyecto prohíbe expresamente. Por lo tanto, esta iniciativa no sólo
no habla de planes de esterilización, sino que es contraria a ellos.
Por ello creo que el señor diputado no sabe de qué está
hablando.
En segundo término, él también se refirió
a la familia, y como hizo tantas referencias a documentos cristianos habría
que recordarle que la familia no es un hombre, una mujer o una reproducción
para que haya mano de obra calificada en los países pobres. Cuando
el Evangelio se refiere a la familia habla de la unión en el amor,
en la libertad y en la responsabilidad. Pareciera que este señor
ambiciona género para generar brazos.
Por otro lado, muchos de los presentes creemos en el milagro de la vida
y de la concepción. Pero la mayoría de nosotros no estamos
dispuestos a soportar la hipocresía de los días conmemorativos.
Gracias a Dios, el día que el ex presidente instaló este tema
me llamó a mi casa la señora Zulema Yoma para decirme: "Lilita:
quiero hablar en nombre de mi historia para que callen los hipócritas".
Así fue, y dejaron de hablar del niño.
Por otra parte, creo que de mala fe se vincula este tema con la cuestión
de la vida. Acá estamos frente a un problema de saber y de libertad.
En todo caso tenemos que desmitificar la cuestión. No se puede estar
a la vez en contra de una ley de salud reproductiva y en contra del aborto
clandestino que lleva a la muerte a las mujeres pobres. Que no mientan:
si uno está en contra de estas leyes lo que hace es habilitar, multiplicar
y propiciar el aborto clandestino de las mujeres pobres de la Argentina.
(Aplausos.)
Con respecto al tema de la educación quiero señalar que
como cualquier otro militante cristiano o de otra religión siento
que hemos hecho muy poco para pelear desde nuestros lugares en contra de
la pobreza que permite la violencia. Si no hemos hecho cosas como clase
política, los que además de la política tenemos una
militancia cristiana deberíamos saber que allá afuera se hizo
muy poco para educar a las familias respecto de esta cuestión. Tendríamos
que decir que nuestra militancia cristiana se redujo al ritual de ir a una
misa y no a pelear día a día por una educación y una
política distintas.
Por último, es extraño tanto discurso por parte del miembro
de un partido cuyo presidente está imputado de genocidio. (Aplausos.)
(Gracias a María Pía Brugo por enviarnos este material)
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