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CONCUBINATO: VALORACIÓN DEL TRABAJO DOMÉSTICO COMO APORTE SOCIETARIO. UNA VISIÓN DESDE LA PERSPECTIVA DEL GÉNERO.

por Dra. Viviana Chiola, abogada

E-mail: vchiola[arroba]arnet.com.ar

 

La cuestión que a continuación expondré, forma parte de un trabajo interdisciplinario de investigación dentro del campo jurídico, presentado durante el cursado del Post Grado de Derecho de Familia de la Fac. de Derecho de la U.N.R.

Dentro de este espacio sólo se desarrollará sintéticamente, los aspectos culturales e ideológicos que subyacen en la jurisprudencia, que repetitivamente rechaza el trabajo doméstico como un aporte de la sociedad concubinaria. Dicho develamiento permitirá asimismo ensayar alguna explicación sobre la menor remuneración del trabajo en general de la mujer, y cómo ello aporta al sistema capitalista con su fuerte impronta social.

 

CONCUBINATO: planteo teórico jurídico:

 

Nuestro Código Civil reconoce como familia la matrimonial, es decir aquella que nace mediante la celebración ante la autoridad estatal.

Pero las personas constituyen uniones no matrimoniales , las que pasan a hacer al igual que la primera, fundadoras de familias. Esas uniones de hecho con vocación de permanencia y apareciendo frente a los terceros como matrimonios, son llamadas concubinato. Estas formas de unión no están prohibidas por nuestra legislación pero tampoco están amparadas; sencillamente son ignoradas.

Las personas fundan familias más allá de los modelos que y desde la ley, pretenden imponerse.

En el caso que nos ocupa y que pasa a ser la materia en análisis, son los casos en que y dentro de estas uniones de hecho, que en muchas situaciones se prolongan en el tiempo con verdadera vocación de unión, conformando una auténtica comunidad de vida al igual que la intención primigenia de quienes deciden casarse, cuando se produce una ruptura o bien el concubino fallece y la mujer durante el lapso de unión se dedicó a la realización de las llamadas "tareas domésticas", careciendo así de bienes a su nombre , sean éstos adquiridos durante la relación concubinaria o bienes que eran del compañero pero que fueron mejorando a lo largo de esa unión , queda totalmente desamparada perdiendo así las contribuciones que realizó en pos de la formación de ese patrimonio o su mejora.

Tanto la doctrina como la jurisprudencia han buceado para encontrar algún camino legal que traiga una especie de paliativo ante estas situaciones de franca injusticia y es así como se fue imponiendo el criterio de incorporar el concubinato dentro de las sociedades de hecho, no en forma mecánica, sino en aquellos casos en que se lograre la prueba que ambos concubinos aportaron a la formación de un patrimonio común y con ánimus societatis, es decir compartir tanto las ganancias como las pérdidas.

Este camino así trazado y que se continúa por aquello que "el camino se hace al andar", demuestra una voluntad receptiva ante una realidad indicadora, respecto que las personas se unen de otras formas que el modelo acogido por la ley para la formación de una familia y que no siendo estas uniones ni ilícitas ni prohibidas , debe buscarse una solución dentro del derecho, sorteando así el vacío legal.

La figura jurídica que ha sido receptada, está definida en el art. 1.648 del Cód. Civil y dice: "Habrá sociedad, cuando dos o más personas se hubiesen mutuamente obligado, cada una con una prestación, con el fin de obtener alguna utilidad apreciable en dinero, que dividirán entre sí, del empleo que hicieren de lo que cada una hubiere aportado". A continuación y en el art. siguiente la ley indica que las prestaciones que deben aportar los socios, consistirán en obligaciones de dar o en obligaciones de hacer, este último será el socio industrial.

Dentro de este encuadre y a lo largo del tiempo, la jurisprudencia con el aporte doctrinario fue flexibilizando criterios y así se dejó de considerar al concubinato como uniones inmorales, lo que permitió sortear la exigencia del art. 1.655 del Cód. Civil que exige un objeto lícito para la sociedad de hecho, como asimismo se fue aceptando como prueba de la existencia de la sociedad, la testimonial .

Pero y pese a estos avances, aún no se acepta que la realización de los trabajos domésticos, dentro de ese hogar así conformado, sean un aporte societario del socio industrial, es decir aún permanecen careciendo de toda valoración económica.

Un fallo de la provincia de Córdoba , afirma : "El concubinato no supone una sociedad de hecho entre los concubinos, ni origina presunción alguna en su favor, pero tampoco la excluye, debiendo quien la invoca probarla con prescindencia de tal antecedente, acreditando la existencia de aportes y trabajos comunes, que acrecienten el caudal económico, formando un capital mediante el esfuerzo personal de ambos, que no puede estar constituido por el cumplimiento de tareas domésticas por parte de la concubina" (Cám. Ap. Civ. y Com. De la ciudad de Bel Ville, 27/08/87, " La tenzi Yolanda Mafalda c/ Suc.de Arturo l. Castellanos- Liquidación de Sociedad de hecho")

En el mismo sentido y dentro de la doctrina, el Dr. Bossert afirma. "El simple cumplimiento por parte de la concubina, de las tareas de ama de casa en el hogar concubinario, que incluyen la limpieza, preparación de la comida, aprovisionamiento (realizando comparas y hasta contribuyendo a los gastos que implican), la atención de la ropa, cuidado y asistencia al concubino, no dan lugar para sostener que aquello representa el aporte a una sociedad de hecho,.."

Y ello no es el resultado de una valla legal, sino que es el resultado de una construcción cultural, que es lo que trataré de develar a continuación; esa construcción cultural hace que derecho e ideología formen un binomio que se entrelazan y en tal sentido Carlos María Cárcova sostiene: "Derecho e ideología:...En este aspecto la teoría crítica ha puesto una especial atención y ha intentado subrayar la especificidad de esa relación. El derecho es una práctica de los hombres, que se expresa a través de un discurso que es más que palabras; que es también comportamientos, símbolos, conocimientos. Es lo que la ley manda. Pero también lo que los jueces interpretan, los abogados argumentan, los litigantes declaran , los teóricos producen, los legisladores sancionan o los doctrinarios critican. Es un discurso constitutivo, en tanto asigna significaciones a los hechos y a las palabras...

"Es decir es ideológico en la medida en que oculta el sentido de las relaciones estructurales establecidas entre los sujetos, con la finalidad de reproducir los mecanismos de las hegemonías sociales".

 

TAREA DOMÉSTICA- TRABAJO DOMÉSTICO

(bien de uso) (bien de cambio)

 

 

Para delinear el tema de la tarea doméstica como una función a cargo de la mujer, su no consideración como trabajo y su despojamiento de toda valoración económica, deberé realizar una apretada mención del rol de la mujer dentro de la cultura occidental y acentuando el contenido ideológico a partir de la revolución industrial y francesa. Para ello me basaré en estudios interdisciplinarios elaborados desde una perspectiva de género, como categoría de análisis que intenta dar luz sobre las estrategias de poder, cruzándose con otras variables de análisis social como son clase social y etnia.

Estos estudios , pese a su diversidad de enfoques y de ideologías, acuerdan respecto a la existencia del patriarcado en casi todas las sociedades y desde muy larga data hasta el presente. Y si bien ha tenido numerosos cuestionamientos a lo largo de la historia, es el feminismo el primer movimiento que realmente lo desafía como tal, no sólo descubriendo una existencia pertinaz, aún en sus formas más veladas, sino combatiéndolo al exigir una absoluta paridad de derechos (real no formal) entre géneros.

Según Heidi Hartman ( "El infeliz matrimonio entre marxismo y feminismo: hacia una unión más progresista")..."definimos el patriarcado como un conjunto de relaciones sociales que tiene una base material y en la cual hay relaciones jerárquicas entre los hombres y solidaridad entre ellos, lo que le permite dominar a las mujeres. La base material del patriarcado es el control de los hombres sobre la fuerza de trabajo de las mujeres"

La revolución industrial unida a la revolución francesa, provocaron cambios básicos en todas las relaciones, transformando gradualmente el mundo occidental que, y a partir de allí, estará marcado por el capitalismo. La familia no queda excluída de este portentoso cambio y va variando su conformación hasta llegar al modelo burgués de la familia patriarcal, nuclear, heterosexual, intimista, con asiento en la urbe, conforme así lo requirió el nuevo modelo económico.

Así tenemos, por ejemplo, a la mujer en la Francia prerrevolucionaria : pese a carecer de derechos y entre ellos el desempeñar cargos públicos, no por ello dejó de intervenir en la toma de decisiones políticas. Tal vez se deba esto a que y hasta entonces, los miembros de la familia compartían los espacios, no habiéndose aún delineado la división entre lo público y lo privado y las mujeres de la familia participaban tanto en uno como en otro, no obstante estar sometidas al varón mayor de la casa.

Al producirse la Revolución Francesa y en el transcurso de su desenvolvimiento, las mujeres francesas toman parte activísima en el fenómeno colectivo, tanto en las luchas armadas, como en las tareas de espionaje y en todas las acciones que compusieron este proceso, en una participación igualitaria al del varón. De allí los reclamos que incansablemente realizaron a la Convención Nacional, exigiendo que la Declaración Universal del Hombre y del Ciudadano, fuera la Declaración del Hombre y de la Mujer y del Ciudadano y Ciudadana. Esto generó verdaderas luchas de resistencia por parte de los varones, culminando con la condena a muerte y su ejecución de Olympe De Gouges, máxime dirigente. Así termina la primera lucha de las mujeres en búsqueda de una paridad con los varones. Esta revolución contra el poder opresor de la monarquía y la aristocracia no rompe con la opresión del varón sobre la mujer.

Una vez consolidada esta revolución, comienza la construcción jurídica que dará los instrumentos necesarios al capitalismo, esto es: la autonomía de voluntad, la propiedad privada, el contrato. Y también cimenta la forma de la familia nuclear, patriarcal, intimista. Todo ello a través del Código Civil de Napoleón que inaugura los tiempos del derecho codificado continental; será la ley escrita y codificada en un único cuerpo que regirá todas las instituciones, todos los conflictos, la sociedad en su conjunto. Se inaugura también la construcción de las grandes ficciones del derecho: el derecho se supone conocidos por todos, todos son iguales ante la ley (pero la mujer no goza de ninguno, se la considera incapaz y por tanto ni siquiera puede administrar sus bienes, continuará sometida al poder del varón sea su padre, esposo, hermano).

Concomitante con ello, tenemos el fenómeno de la revolución industrial, que y en un largo proceso, provocará un verdadero cambio de vida y una profunda transformación en la sociedad.

La construcción de fábricas, generará una demanda importante y sostenida de mano de obra. Ello provocará movimientos poblacionales provenientes del medio rural y que se irá asentando alrededor de la fábrica. Estos desplazamientos de población continuarán hasta la segunda mitad del siglo pasado y será un acontecer inédito, ya que en la prolongada Edad Media no hay registros que ello haya ocurrido (salvo los casos en España de las expulsiones masivas de judíos y moros en los siglos XII y XV.)

Esta concentración de familias en las cercanías de las fábricas, generarán barrios contribuyendo así a la aparición de la urbe, imponiendo nuevas formas de vida y de existencia.

Este desarrollo que impone el capitalismo, no resiste la forma de familia extensa, es decir como unidad de reproducción y de producción de todos los miembros: mujeres, niños, ancianos, que bajo la dirección del varón de la casa compartían la totalidad de las tareas necesarias para la empresa familiar y para la familia misma. La producción (agrícola y artesanal) , la educación de los niños, el cuidado de miembros enfermos, la atención de los ancianos del grupo familiar, todo era abastecido en la familia en una comunidad de tareas entre familiares y servidores. Ello no excluía la división del trabajo por géneros, pero en una mayor co-participación entre ellos; no aparece aquí la división entre espacios públicos y privados. Esto obviamente se trasunta en la vivienda: tanto el castillo como la casa campesina , cuenta con grandes espacios de estancia, son viviendas abiertas al extraño, no existe la separación de tantos cuartos como tipos de miembros de la familia, ni los existentes son construidos con sentido intimista.

Con el advenimiento del industrialismo, esa unidad familiar extensa, comunitaria, autoabastecida, es transformada paulatinamente en la nuclear, patriarcal, intimista, conforme las necesidades que fue imponiendo el capitalismo. La producción se organizó en la fábrica y para ello necesita de trabajadores asalariados, fuera de la casa y comienza a expulsarse a todo miembro que no procrea ni atiende al asalariado. Niños, enfermos, ancianos.

A los niños se los manda a la escuela que reemplaza a la familia en el rol educativo, generalmente a cargo de la madre y esto va conformando la educación pública como forma de control social. A los enfermos se los manda a los hospitales apareciendo así los centros de salud; esto le quita a la familia la atención de sus miembros enfermos, tarea a cargo de las mujeres y a ésta se la despoja de todo el saber acumulado durante generaciones , y lo monopoliza el médico universitario, siempre varón ya que la mujer no tenía acceso a la universidad.

Es así como se genera una división del espacio público y privado, acentuado, muy definido y delimitado; el varón será el único proveedor de la familia y por tanto su actividad y total movilidad lo será en el espacio público, la mujer será recluída al espacio privado debiendo servir a toda la familia y al hombre, mediador único entre un espacio y otro.

Esto a su vez genera, la tajante división del trabajo: los varones fuera de la vivienda desempeñando diferentes tareas y único activo en el espacio público; la mujer empujada exclusivamente al espacio privado y a cargo de toda la labor doméstica. Esto generará una relación distinta entre familia y sociedad, por cuanto la unidad relevante será el individuo y no la familia.

Esta situación es expresada por Engels :"Las cosas cambiaron con la familia patriarcal y aún más con la familia individual monogámica. La dirección del hogar doméstico perdió su carácter público; la sociedad ya nada tuvo que ver con esto. Se transformó en servicio privado: la mujer se convirtió en una criada principal, sin tomar parte ya en la producción social...Pero esto se ha hecho de tal suerte que si la mujer cumple con sus deberes en el servicio privado de la familia, queda excluída del trabajo social y no puede ganar nada".

Es así como se va delineando toda una monumental construcción social con una tajante división entre el espacio público y privado, la mujer confinada a este último, siendo el varón el único que los comparte y es nexo de ambos, resultando así una nueva modalidad de división del trabajo entre géneros.

Para el logro de esto, también se van construyendo las conceptualizaciones entre lo masculino y femenino, embarneciéndolos bajo la idea que ambas categorías son "naturales". Entonces comienza a desarrollarse el perfil del "modelo de mujer deseada", para configurar el "modelo de la esposa perfecta". Deviene así el romanticismo a dar el conveniente soporte: la mujer como ser débil (el famoso "sexo débil"), a cargo de ella la sensibilidad, la subjetividad, la sumisión, la mujer "de su casa", la responsable de la crianza de los hijos, la responsable de la armonía hogareña y del "hogar dulce hogar " que debe poseer el varón para su servicio.

Contribuyendo así a sostener la construcción sobre las diferencias psicológicas que hicieron que los hombres fueran criaturas políticas y las mujeres criaturas domésticas.

A lo largo de los siglos XVII, XIX y primera mitad del XX, van apareciendo los "libros de conducta y tratados educativos para mujeres", verdaderos manuales de instrucciones para lograr el "ideal femenino" dentro de la domesticidad, sea en su rol de esposa, amante o hija . De modo tal que quedara a cargo de la mujer la creación de "un mundo" privado doméstico, como único refugio del varón ante las exigencias de un "mundo económico" sin corazón, es decir será el refugio cálido, protector, amoroso que debe aliviarlo de las tensiones como trabajador en la fábrica o en la oficina. Para ello se necesita un perfil de mujer sumisa, que acepte la autoridad del varón y que esté a su servicio todo el día y todos los días. Y que acepte también sin sublevación alguna, el despojo de sus derechos civiles y políticos, en tanto que la mujer es "una criatura naturalmente inferior al varón".

Esta monumental construcción cultural que desarrolla y alienta el sistema capitalista, le es útil y necesario desde dos aspectos complementarios entre sí:

Por un lado esto justificará que la remuneración en cuanto al trabajo desempeñado por las mujeres y los niños sea significativamente menor que el del varón (me refiero al varón en edad productiva, ya que cuando niño o anciano, también será despreciado por el sistema). Y tal como señala Hartman las mujeres serán, sobre todo en épocas de crisis, las que mayor posibilidad tendrán dentro del mercado laboral de encontrar un trabajo fuera de la casa, remunerado, por cuanto su menor valoración sirve al sistema para paliar sus déficits económicos y como reserva de mano de obra barata.

Este perfil de mujer servirá para componer el perfil de "ama de casa", que completa así la arquitectura de la familia nuclear, patriarcal. Mientras que quien gana el sustento para la familia, el varón, queda con una parte para sí y otra para el resto del grupo, la mujer debe ser la administradora de ese fondo comunitario sin contar con un fondo propio, es decir su trabajo pasa a ser gratuito.

Queda convertida la mujer ama de casa en un trabajador sin salario, y a su cargo la prestación de una gran cantidad de servicios; al ser la mujer un ser inferior toda actividad que provenga de ella carece de carácter productivo, y por tanto la "tarea doméstica" queda así descalificada desde su enunciación careciendo de valor de cambio, sólo tiene valor de uso.

Dice Mariarosa Della Costa: "Desde Marx, ha sido claro que el capital domina y se desarrolla a través del salario...Lo que no ha quedado claro es que precisamente a través del salario se ha organizado la explotación del trabajador no asalariado. La mujer asilada en la casa, forzada a llevar a acabo trabajo que se considera no calificado. Su papel en el ciclo de la producción social ha permanecido invisible..."

Dentro del sistema capitalista el trabajo doméstico es esencial en la producción de plusvalía, ya que le ha dejado a su cargo el cumplimiento de servicios sociales, liberando al varón de esas tareas, para que éste pueda tener un mejor rendimiento en su trabajo remunerado. Además el ama de casa jamás será una trabajadora que se declare en huelga, trabaja tiempo completo, no responde a feriados ni días de descanso ni tampoco exige vacaciones.

Queda sí develado que el trabajo doméstico no es una actividad "naturalmente femenina", sino que así ha sido impuesto culturalmente, sirviendo a los intereses del capitalismo; que el denominarlo "tarea doméstica" es la forma descalificadora respondiendo así a esos mismos intereses que bregan por considerar ese trabajo como "bien de uso", cuando en realidad es un "verdadero bien de cambio" tan productivo como cualquier otra fuerza de trabajo.

 

Y LA ACTUALIDAD ¿ QUÉ NOS MUESTRA?

 

Pues en este inicio de siglo algunas cosas cambiaron, pero sólo la superficie, en lo profundo la realidad muestra como el modelo porfiadamente sienta "sus reales" y así tenemos "una historia repetida".

La mecanización dentro del hogar, aún alivianando algunas tareas, no ha hecho menguar la responsabilidad en el orden doméstico que aún continúa recayendo sobre la mujer. Ese tiempo mayor que pueda tener derivado de la mecanización de algunas tareas, las emplea realizando trabajos para terceros, en una contribución económica al hogar, pero que son extensiones de los propios trabajos domésticos: preparando alimentos para vender, cuidando niños o enfermos; fenómeno éste hoy muy divulgado ante las altas tasas de desempleo.

Hoy la mujer en gran número trabaja, además fuera de su casa: sea porque ante el desempleo del varón le es más fácil conseguir empleo (recordemos que estadísticamente a la mujer por igual trabajo recibe un 20% menor de salario que el varón), sea porque así lo desea como realización personal, sea para completar la contribución del varón.

Así es como a la mujer se le suma una doble jornada laboral: las que corresponde a sus obligaciones laborales domésticas y las que corresponde a sus obligaciones laborales fuera del hogar; porque en estos casos el trabajo doméstico no es repartido equitativamente entre todos los miembros de la familia, y es más, el auxilio que pueda necesitar recae sobre las niñas o sobre las mujeres de más edad, como madres o suegras.

Esta situación, hoy se encuentra exacerbada ante el progresivo empobrecimiento o menguas de contribuciones económicas por parte del varón ,que enfrenta la escalada de desempleo o de disminución de su retribución y es la mujer la que sale a paliar el efecto desvastador que esto trae dentro del seno familiar.

A su vez tenemos como fenómeno social que y a pesar que hoy tenemos dentro de la normativa que regula la familia, el divorcio vincular, es decir que los cónyuges recuperan su capacidad nupcial, una escalada de las uniones de hecho, es decir de la formación de hogares a partir del hecho fundacional de una unión no matrimonial.

Marcela Lachman, periodista apunta en una publicación del año 1999 : "Los informes del Instituto Nacional de estadísticas y Censos (INDEC) señala algunas curiosidades. Por ejemplo que se posterga la edad de casamiento, mientras aumentan las uniones consensuadas.....El apuro por casarse no parece ser una modalidad de este siglo...."Formalizar" tampoco les quita el sueño a muchas relaciones. Del 60% de personas casadas en 1980, en 1994 se redujo al 54%. El número de personas que viven en pareja sin pasar por el Registro Civil creció del 3% al 7%"".

A su vez Sandra Chaher en una publicación periodística señala en 1999 :" Hace cerca de treinta años que en las zonas urbanas, y en concordancia con una tendencia mundial, disminuyen los matrimonios y aumentan las uniones de hecho..."

Pese a ello tal parece, que esta forma familiar no tendrá, por el momento acogida legal: entre 1990 y 1992 caducaron cinco proyectos de ley y desde Agosto de 1996 el proyecto sobre "Régimen Jurídico de las Uniones de Hecho", aún aguarda su tratamiento. El proyecto del nuevo Código civil y Comercial que en 1999 fue presentado por el Poder Ejecutivo a la Cámara de Diputados, tampoco aborda este tema.

Es decir, que si en nuestra sociedad las uniones de hecho van en aumento y por otro lado ninguna norma lo regula, estamos ante una posible avanzada de conflictos que habrá que resolver mediante el derecho positivo vigente y que no es otro que el mismo código Civil de Vélez Sarsfield.

Cuando el codificador crea, dentro del matrimonio, una comunidad de bienes, no hizo otra cosa que proteger a la mujer ama de casa, que empujada a ese rol y recluída al espacio privado, despojada de todo derecho, le era imposible producir riqueza material alguna.

Este amparo no está presente en las uniones de hecho, generando así infinidad de situaciones para muchas mujeres, que unidas a un hombre durante largos años, habiendo formado una familia y contribuido para ello con su trabajo personal dentro de la casa, se encuentra que ante la ruptura de esa unión o la muerte del compañero, sin acceso alguno a ese patrimonio construido en común y que queda en manos únicas del varón o sus herederos.

Y esto deviene no de la ley, sino de la negativa rotunda en no considerar al trabajo doméstico como productivo que contribuye a la formación de un patrimonio o su acrecentamiento.

Si el varón es relevado de las tareas domésticas, quedando a cargo de la mujer, ese tiempo mientras es aprovechado por el primero para actividades fuera de la casa y que se consideran productivas, la mujer ha volcado todo el tiempo en las tareas del hogar, permitiendo así al compañero la plena disposición de la jornada para las actividades laborales, por las que se paga un salario o deviene en un rendimiento económico.

La diferencia dentro de este tema, entre un matrimonio y una unión de hecho, es que en el primer caso, la mujer nada debe probar , mientras que en el segundo, deberá acreditar la realización del trabajo doméstico y de qué manera y con qué alcance han contribuido a la obtención del patrimonio común.

 

CONCLUSIÓN

 

Indagar este tema, nos lleva a visualizar los intereses que mueven las construcciones culturales y que desde el poder se van imponiendo.

Así hemos visto cómo todo trabajo a cargo de la mujer es remunerado en cantidad menor al del varón y hoy ante el fenómeno social de la desocupación, es la mujer quien tiene mayores posibilidades a él, precisamente por ser un trabajo "más barato", y es así cómo el capitalismo retiene a través de los tiempos y a pesar de los cambios históricos, su férrea ideología a pesar del embozo con que a veces construye sus discursos.

Y es en ese orden cómo se continúa repitiendo a través de las sentencias la total descalificación de las tareas domésticas, en una resistencia a la reflexión del derecho entrecruzado con otras disciplinas, en una resistencia para quedar encerrado en su propio discurso.

El derecho es creado, conformado, construido, conocido, transmitido mediante signos, sea expresados en forma escrita u oral. Sin la existencia de éstos no habría nacido el primero.

El lenguaje en su manera organizativa de los signos, deviene en una operación intelectiva exclusivamente humana, y ello es así porque representa la forma más elevada de una facultad que es inherente a la condición humana: simbolizar.

Es con la función mediadora del lenguaje, como el ser humano puede categorizar, organizar el conocimiento, transformarlo en abstracciones conceptuales, puede instaurar una realidad imaginaria, animar las cosas inertes, construir y proyectar lo que aún no es, develar lo oculto.

Lenguaje, sociedad y cultura mantienen una constante relación dinámica, al unísono van operando las continuas transformaciones, cambios, resistencias.

El lenguaje que jamás permanece inmutable, se configura a través de sus signos, que son arbitrarios, sólo el consenso en llamar a las cosas de una manera y no de otra, es lo que le da existencia. Mas el significado que "contiene "ese signo va variando a través de los cambios culturales.

Consecuentemente y ante el texto escrito de la ley, el mismo permanece igual a través del tiempo, pero la dinamización de su significado es lo que hace que la misma sea operativa en tanto y en cuanto quien la aplica ante el caso concreto: el juez, realice una interpretación acorde a los nuevos contenidos que los cambios sociales exigen o bien enriquecido a través de otras disciplinas, y de esa manera va dando las respuestas que en un orden de justicia así entendido, satisfagan las necesidades de los justiciables, quienes ante la aparición de un conflicto van en búsqueda de la solución.

Es por ello que la resolución de los conflictos que en sociedades como las nuestras se encuentran atravesadas por multiplicidad de contenidos , en una constante de cambios vertiginosos, no siempre pasa por la existencia de "nuevas leyes" que continuamente se reclama en el seno social, sino cómo el juez con "las leyes que tiene" enfrenta la solución.

Y es así como entra en relación el derecho con la ideología , que es la que se va construyendo desde el poder y que muchas veces los jueces no hacen más que repetirla en una constante jurisprudencial que no se atreve a romper con los modelos establecidos.

Si a la "letra de la ley" se la va impregnando de los nuevos "significados" que los tiempos , las necesidades sociales, el aporte de las disciplinas extra jurídicas van exigiendo y aportando, ante el hecho concreto que llega a la justicia para su resolución , la misma estará más cerca de una "buena administración de justicia" , esa sentencia dará una respuesta más justa y acorde a la realidad, sin la necesidad de nuevas leyes o modificaciones a las existentes.

En el tema que hoy ocupa este trabajo, estamos ante una situación en que no es preciso el dictado de una ley para amparar a las concubinas que sólo han aportado con su trabajo doméstico en la unión de hecho, sólo es preciso dar el significado correspondiente a la letra de la ley, y ello está en manos del juez, que al decir de Modesto Saavedra " si el proceso de obtención judicial del derecho intervienen otros elementos, más aún, si esos otros elementos se incrustan en dicho proceso desde su raíz, condicionando el recurso a unos u otros métodos, orientando la búsqueda del significado de las normas y del sentido de los hechos, e incluso dirigiendo las construcciones doctrinales y dogmáticas , entonces al juez le corresponde, como artífice de la decisión, una responsabilidad que no cabe trasladar exclusivamente a la ley".-

 

 

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© 2001-2005
RIMA: Red Informativa de Mujeres de Argentina
Puede reproducirse en internet citando la fuente y/o directamente linkeando a la dirección que se detalla. Para publicación en papel por favor comunicarse con la autora o el autor.
© 2002 Viviana Chiola
http://www.rimaweb.com.ar/derechos/concubinato_vchiola.html
Fecha de publicación en RIMAweb: 26 de diciembre de 2002.
Palabras clave: concubinato, trabajo doméstico, viviana chiola, derechos económicos sociales y culturales, derechos de las mujeres, violencia física, violencia psicológica, legislación, derechos.