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Derechos

 

Discurso de despedida en Ginebra de Mary Robinson,

Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos

Traducción para RIMA: Gabriela Adelstein

 

 

mary robinson

Quisiera agradecer a todas las personas involucradas en la organización de este evento. Ayer me despedí de nuestros colegas de Nueva York, y esta es la última vez que voy a dirigirme a ustedes como Alta Comisionada para los Derechos Humanos. Esta ocasión es, para mí, motivo a la vez de tristeza y de orgullo.

 

Es triste porque los últimos cinco años han sido difíciles y agitados, y he tenido el privilegio de trabajar con tantos amigos y colegas maravillosos. Siento un profundo orgullo por lo que ustedes representan. La gente que está afuera del Palacio Wilson no sabe cuán duro trabajan ni cuánta dedicación brindan a la causa de los derechos humanos. Pero yo lo he comprobado por mí misma, y aprecio su dedicación y su trabajo. Deseo expresar mi profunda gratitud hacia todas y todos ustedes. Mi trabajo no habría sido posible sin su apoyo y cooperación.

 

Alguien escribió que la Alta Comisionada debería despertarse, todas las mañanas, pensando en los derechos humanos. En mi experiencia en este puesto, ha sido difícil no despertarme a la mañana pensando en todo lo que es necesario hacer... ¡No ha sido fácil siquiera evitar estar despierta toda la noche pensando en esto! Se que para ustedes también el peso ha sido grande, y que muchos se han esforzado al máximo por la causa de los derechos humanos.

 

Un gran consuelo para mí, al dejar Ginebra, es saber que estoy dejando un equipo fuerte y vigorizado en la Oficina del Alto Comisionado. La lucha por los derechos humanos no terminará ni la semana próxima ni el mes próximo ni el año próximo. Debemos por lo tanto contar con la mejor gente, comprometida a continuar con este trabajo vital. Y me ha alentado muchísimo observar cómo el equipo aquí ha crecido en fuerza y eficiencia. La Oficina ahora está en buenas condiciones para continuar la lucha.

 

Creo que en los últimos años hemos progresado mucho en el fortalecimiento de los derechos humanos. Pero no quiero ocultarles que mi preocupación por el futuro de los derechos humanos ha crecido, el año pasado. Soy consciente de que estas son épocas inciertas para quienes defienden los derechos individuales. Se oyen algunas voces sugiriendo que después de los terribles ataques a los Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, los derechos humanos son de alguna manera menos importantes, que los imperativos de seguridad pesan más que otras consideraciones. No estoy de acuerdo.

 

Al contrario: al combatir el terrorismo, debe observarse toda la gama de los derechos humanos.

 

En estos tiempos, quienes creemos en los derechos humanos debemos mantener la calma. Los derechos humanos no son prescindibles, cualquiera sean las circunstancias. Y creo firmemente que los derechos humanos perdurarán.

 

Mi función como Alta Comisionada de la ONU para los derechos humanos ha sido un privilegio. Desde que la Asamblea General aprobó el nombramiento hecho por el Secretario General, he sido profundamente consciente de la confianza depositada en mí por la comunidad internacional. He tratado de cumplir con esas expectativas. Este trabajo no es fácil.

 

Ya sea como Alta Comisionada o como una colega, en esta Oficina aquí en Ginebra, en Nueva York o haciendo trabajo de campo, una carga con una pesada responsabilidad. Las ilusiones de la gente desesperada aterrizan sobre nuestros escritorios. A menudo no pueden encontrar ayuda en sus propias cortes o gobiernos nacionales. Su única esperanza de justicia recae en la comunidad internacional y en instituciones tales como la Oficina del Alto Comisionado. Nos ven como su último recurso. Esta es una realidad básica que me ha guiado durante los cinco años en que ocupé este cargo, y que me ha motivado a expresarme cuando la ocasión lo requería, incluso si lo que tenía para decir no siempre era bien recibido.

 

Dice un refrán que para tener éxito hay que hablar suavemente pero llevar un palo grande. El Alto Comisionado para los Derechos Humanos no tiene palo más grande que la apelación a la consciencia moral del mundo. He intentado hablar suave pero claramente a los gobiernos, pero me he dado cuenta de que, a veces, la única forma de obtener resultados es alzar un poco la voz!

 

Desde el principio he planteado que nuestro objetivo debe ser todo el espectro de los derechos humanos: económicos, sociales y culturales, tanto como civiles y políticos. Necesitamos una agenda de derechos humanos comprehensiva, que tenga en cuenta las necesidades de todos y todas. Esa agenda, podría agregar, es una herramienta valiosísima en la lucha contra el terrorismo.

 

Volveré a referirme al impacto del 11 de septiembre porque las implicancias de ese hecho terrible deben ser encaradas firmemente. Pero quisiera dedicar unos minutos a identificar aquellas áreas en las que me parece que se ha progresado en los últimos cinco años, y analizar tanto el potencial para seguir construyendo como los obstáculos que se presentan.

 

Al evaluar la situación de los derechos humanos hoy, lo primero que quiero mencionar es el hecho de que los derechos humanos están ahora incluidos, con firmeza, en la agenda de la comunidad internacional. Si pensamos en las argumentaciones de hace veinte años sobre si los derechos humanos son universales, si pueden ser operativos, si tienen un lugar serio en la conducción de las relaciones internacionales, debemos concluir que los derechos humanos, en efecto, han recorrido un largo camino. Hoy en día la mayoría de los gobiernos al menos reconoce que los derechos humanos tienen un rol. Lamentablemente, esto no necesariamente significa que observarán los standards de derechos humanos. Todavía a menudo oímos a los gobiernos argumentar que tienen que priorizar otros factores. La diferencia es que hoy ese tipo de discurso va en contra de la corriente de opinión. Hay un mayor reconocimiento de la centralidad de los derechos humanos y de los inmensos beneficios que brinda un enfoque basado en estos derechos. Este es un gran paso adelante.

 

Nuestro mandato es liderar los derechos humanos, y me alegra que lo hagamos mediante nuestra operatividad in situ. Somos una pequeña Oficina de la ONU, por lo que es necesario actuar estratégicamente. Pero soy consciente de las distintas formas en que operamos. El mes pasado pude verificar el impacto de del trabajo de nuestros colegas en la Oficina de Camboya, visitar nuevamente Timor Oriental y ver cómo se han desarrollado la unidad de derechos humanos de UNTAET [United Nations Transitional Administration in East Timor], y encontrarme con Nick Howen en Bangkok para oír sus opinión, como representante regional para Asia, sobre cuáles deberían ser nuestras prioridades.

 

Después viajé con colegas a la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sustentable en Johannesburgo. Gracias a discursos y notas bien preparados, pude realizar intervenciones sustantivas y relevantes sobre temas tales como el derecho al agua, HIV-Sida, derechos humanos y desarrollo sustentable, responsabilidad empresaria, y derechos humanos y medio ambiente. El mensaje de los derechos humanos era sumamente necesario... y fue recibido. Cuando me reuní con organizaciones no gubernamentales de la sociedad civil (activistas de medio ambiente y desarrollo, y activistas de derechos humanos), me expresaron su profundo agradecimiento por el liderazgo que nuestra Oficina estaba brindando. El mensaje de la sociedad civil fue claro: el desarrollo sustentable no es posible sin los derechos humanos.

 

Otro avance que veo es la consolidación de la legislación internacional sobre derechos humanos. El impulso en esta área se vio claramente en la Cumbre del Milenio, que presenció 273 firmas, ratificaciones o adhesiones a importantes tratados e instrumentos de derechos humanos suscriptos por 84 estados. La entrada en vigencia de los Protocolos Facultativos Opcionales de la CEDAW [Convención Sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer] y del CRC [Comité de los Derechos del Niño] sobre la involucración de niños y niñas en conflictos armados y sobre la venta de niñas y niños, la prostitución infantil y la pornografía infantil, son ejemplos particularmente satisfactorios. Vale la pena recordar cuán difícil fue el proceso en cada uno de esos casos, y que mucha gente pensaba que nunca tendríamos éxito. Pero el éxito llegó, y es otra prueba de que la determinación y la perseverancia pueden lograr resultados de impacto duradero. Sería un maravilloso avance si la única ratificación que falta para que la Convención sobre Trabajadores Migrantes entre en efecto pudiera lograrse en las próximas semanas.

 

Por supuesto, lograr que se firmen y ratifiquen los tratados es sólo el comienzo. Debemos redoblar nuestros esfuerzos en el futuro, para asegurarnos de que la legislación se pone en práctica, y de que la sociedad civil cumple cabalmente su papel para asegurar la instrumentación de estos compromisos.

 

Quisiera ahora referirme en especial a la Corte Penal Internacional. Debemos aplaudir el hecho de que la CPI se haya convertido en realidad. Me resulta particularmente grato que el estatuto contenga una provisión para procesar las violaciones como crímenes de guerra. Tener una corte independiente obligará a rendir cuentas a quienes perpetran violaciones a los derechos humanos. Por sobre todo, tendrá un efecto disuasivo sobre quienes contemplen tales violaciones. Como dije ayer en Nueva York, lamento los actuales intentos por debilitar la legitimidad y la efectividad de la CPI, pero creo que cesarán en el corto plazo, y que la CPI probará repetidamente su propio valor.

 

Otra área de progreso ha sido la inclusión de los derechos humanos en el trabajo de Naciones Unidas en su conjunto y en el de otras organizaciones internacionales. Como en las otras áreas mencionadas, también aquí hay tareas pendientes. Pero es notable cómo, por ejemplo, el PNUD y el Banco Mundial han asumido las dimensiones de los derechos humanos, cuando en el pasado habrían tendido a considerarlas difíciles y sensitivas. Estoy convencida de que la inclusión tanto de los derechos humanos como de una fuerte perspectiva de género es la clave para que los derechos humanos sean aceptables en todos lados, y espero que se construya sobre nuestros esfuerzos iniciales.

 

Quiero decir unas palabras sobre el rol de la ONU en la protección de los derechos humanos, que creo es absolutamente crucial. Cuando asumí como Alta Comisionada expresé mis dudas sobre la ONU. Durante mis cinco años cono Alta Comisionada he visto algunos desarrollos positivos, si bien, francamente, me habría gustado ver más. De lo que estoy cada vez más convencida es de qué importante es que el mundo tenga una ONU eficiente, consciente, responsable. La ONU es especial porque, de todas las organizaciones internacionales, es la única que tiene legitimidad universal.

 

He presentado una cantidad de propuestas para reforzar el rol de los derechos humanos dentro de la ONU. Una de estas propuestas plantea que se redacten pautas de derechos humanos para ser utilizadas en la implementación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, acordados a partir de la Declaración del Milenio. Otra idea que he sugerido al Secretario General es conmemorar el año próximo el aniversario de la Conferencia de Viena mediante el diseño de una metodología para monitorear el avance del logro de los objetivos de derechos humanos. Un Reporte Anual de Avance de la ONU sobre derechos humanos, realizado por expertos independientes, brindaría una visión externa del avance y los desafíos para la implementación de los objetivos de derechos humanos de la Declaración del Milenio.

 

Y la ONU debe anticiparse y estudiar temas tales como la bioética y la dimensión de derechos humanos de los desarrollos científicos y tecnológicos, temas que merecen más atención como los derechos de la gente discapacitada, el uso de Internet y la tecnología informática para promover el respeto de los derechos humanos.

 

Como en todas sus actividades, la ONU debe demostrar que su enfoque de los derechos humanos es efectivo, y que puede aportar mejoras reales a las vidas de las personas. Mis mejores deseos para mi sucesor, en la persecución de este objetivo.

 

Quisiera hacer una mención especial para los defensores de los derechos humanos. No necesito subrayar el rol pivotal que tienen estos defensores. Pero este es un buen momento para dejar expresado cuánto yo, y la comunidad internacional, debemos a los miles de mujeres y hombres que han sostenido los derechos consagrados por la Declaración Universal. Se ha progresado, a través de la designación de la Representante Especial para Defensores de Derechos Humanos del Secretario General, y Hina Jilani está haciendo un trabajo excelente. Las y los defensores de derechos humanos necesitan atención y cuidado especiales, ya que están en la primera línea de la lucha. Ha sido un privilegio para mí conocer a tantos de ellos, ver su coraje y perseverancia, y esperar poder mantener el vínculo en el futuro.

 

Las principales amenazas a los derechos humanos pueden verse en aquellas fuerzas que son lo opuesto de sus fortalezas. Por ejemplo:

- que los gobiernos declamen sus compromisos respecto de los derechos humanos, pero que no los cumplan;

- que las organizaciones internacionales sean inconsistentes en su inclusión de derechos humanos y género;

- que la vigilancia de la sociedad civil se relaje, que se atenga a los argumentos de seguridad nacional.

 

Confío en que, juntos, podemos hacer frente a estas amenazas. La continua vigilancia de la sociedad civil es un factor clave. Siempre me resultó natural articular mi trabajo con la sociedad civil, y ayer tuve el gusto, en Nueva York, de expresar mi profunda gratitud por el apoyo que recibí de la comunidad de ONGs en los últimos cinco años. En la última sesión de la Comisión de Derechos Humanos me preocupó que las voces de las ONGs no pudieran ser oídas tanto como en el pasado. Insto a las ONGs a que sigan su trabajo y centren sus actividades no sólo en los gobiernos sino también en otros actores claves tales como la comunidad empresarial, que tienen tanto un papel tan poderoso.

 

Volviendo al 11 de septiembre: dije al principio que siento temor por el impacto que ha tenido sobre los derechos humanos. En la reunión anual de Relatores Especiales y las comisiones del Tratado que tuvo lugar recientemente en Ginebra, me impresionó cuántos reportes habían llegado de todo el mundo informando sobre la erosión de libertades civiles, con la excusa de combatir el terrorismo. Y resultó notable, y preocupante que, en la última sesión de la Comisión, la presión a favor de la acción en algunos de los casos más terribles de abuso de los derechos humanos fuera, este año, menos fuerte.

 

La respuesta al terrorismo continuará siendo un foco importante de los asuntos internacionales en los próximos años. Pero deberemos continuar insistiendo en que, para contrarrestar los ataques terroristas, deben respetarse los derechos básicos y las libertades fundamentales. No debemos hesitar en llamar la atención sobre los standards internacionales correspondientes, y en particular sobre los derechos no derogables que deben ser protegidos en todo momento.

 

El aspecto más feliz de mi partida de Ginebra es que llevaré conmigo tantos recuerdos valiosos. Como ciudadana común, seguiré comprometida con la causa de los derechos humanos. Un área que me interesa particularmente es el lugar de los derechos humanos en el mundo globalizado, y cómo podemos trabajar en pos de standards éticos de globalización. Un tema relacionado y de vital importancia es la construcción de capacidades nacionales. Cuando estudiamos la historia del movimiento de derechos humanos, resulta inevitable homenajear la extraordinaria visión de Eleanor Roosevelt, quien reconoció que lo que el mundo necesitaba era una ley universal e indivisible sobre derechos humanos. Ahora lo que se necesita, sobre todo, es la construcción de sistemas nacionales de protección que aseguren la instrumentación de la ley acordada sobre derechos humanos. Eso encaja con una de mis citas preferidas de Eleanor Roosevelt: que los derechos humanos comienzan "en espacios pequeños, cerca del hogar".

 

La globalización ética, la construcción de capacidades nacionales: estos temas son áreas vinculadas en las que veo grandes desafíos para quienes están interesados en los derechos humanos. Dedicaré mi tiempo a desarrollar ideas para fortalecer estas áreas, como parte del objetivo global de implantar una cultura de derechos humanos.

 

Una vez más, gracias a todas y todos ustedes por su apoyo, y mis mejores deseos para mi sucesor Sergio Vieira de Mello, y a todos ustedes en la lucha que se nos avecina. Como Alta Comisionada, soy consciente de que el mandato de los derechos humanos, más que cualquier otro, refleja quiénes son la fuente y quiénes deben ser el foco y la inspiración de la ONU, como se manifiesta en las palabras iniciales de la Carta: "Nosotros los pueblos".

 

Gracias.

Ginebra, Suiza. 11 de septiembre 2002.

 

© 2001-2005
RIMA: Red Informativa de Mujeres de Argentina
Puede reproducirse en internet citando la fuente y/o directamente linkeando a la dirección que se detalla. Para publicación en papel por favor comunicarse con la autora o el autor.
URL de este archivo: http://www.rimaweb.com.ar/derechos/discurso_final_mrobinson.html
Fecha de publicación en RIMAweb: 4 de diciembre de 2002.
Palabras clave: mary robinson, convención de las mujeres, derechos humanos, derechos económicos sociales y culturales, derechos de las mujeres, violencia física, violencia psicológica, legislación, derechos.
Fecha de actualización en RIMAweb: 5-05-2005