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Feminismos
Documentos, reflexiones


 

Globalización y Feminismo

Tema del IX Encuentro Feminista,

Costa Rica 2002

por Alda Facio

17 de agosto de 2001

 

Hace unas semanas o tal vez ya meses, las organizadoras del próximo encuentro feminista hicieron una invitación amplia a todas las feministas que nos encontrábamos en Costa Rica. Se trataba de un taller para proponer el o los temas del encuentro. Como generalmente se hace, nos dividimos en grupos para hacer más fácil y participativo el proceso. Es revelador de la preocupación de las feministas por el asunto, que casi todos los grupos hablaron de la globalización como el tema que debía ser abordado en el próxima encuentro.

 

No puedo hablar por todos los grupos, pero en el que yo estaba discutíamos que se nos hacía difícil rechazar totalmente la globalización porque creíamos que algunas cosas buenas había traído. Entre ellas, conceptos como la jurisdicción universal y la universalidad de los derechos humanos, el mayor respeto y visibilización de las identidades diversas, etc. También reconocíamos que el mejor conocimiento de otras culturas y formas de hacer las cosas y vivir la vida, la mayor facilidad para conocer las propuestas, el arte y la música de feministas de otras regiones, la mayor posibilidad de viajar y acceder a información, etc. probablemente también se lo debíamos a la globalización. Decidimos solventar esta disyuntiva hablando de dos tipos de globalización: la que genera acercamiento entre los pueblos y la que imponen los intereses de un Estado a los demás.

 

No quedé totalmente satisfecha con nuestra solución. No me gustaba la idea implícita en ella de tener que aceptar que a un fenómeno que ha causado tanto daño deba vérsele el lado bueno. Para mí, la globalización ha sido nociva para el planeta, la naturaleza, los animales y los seres humanos, entendidos como cuerpos, espíritus y energía. También ha diluido y despolitizado el lenguaje, el arte, la teoría y práctica del feminismo, cooptando nuestro discurso y, como escriben las organizadoras en su primer boletín, "llevándonos a convertirnos en individuas divididas y funcionales al sistema". Definitivamente no le veo el lado bueno a la globalización aunque sí entiendo que es el tema que más debería preocuparnos como mujeres, como feministas y como miembras de lo que fue y debería ser el movimiento feminista latinoamericano y mundial. Por eso felicito a las organizadoras por haber decidido aceptar la propuesta de la mayoría de los grupos de aquel taller.

 

A continuación quisiera explicar por qué creo que el tema de la globalización es importante para este encuentro feminista. Recordemos que los encuentros se crearon como espacios para que las feministas pudiéramos hablar con otras feministas sobre nuestras prácticas, anhelos y preocupaciones. No eran espacios para que las que no se sintieran feministas pudieran llegar a serlo. No eran espacios para el movimiento amplio de mujeres, las mujeres líderes de partidos, parlamentarias o las mujeres sindicalistas, aunque estaban convocadas si se consideraban feministas o si querían ir a escuchar y aprender de no saberse o sentirse feminista. Eran espacios para hablar de lo personal y de lo colectivo, de lo personal y lo político, dentro del marco de los diversos planteamientos feministas. Eran espacios para que el movimiento se fortaleciera como tal, no en números, sino en claridad, en estrategias, en sus diversos principios y objetivos.

 

Claro, eran espacios creados antes de que el movimiento se diseminara en acciones sectoriales. Antes de que pasaran de moda las movilizaciones públicas.

Esto me parece importante porque creo que este noveno encuentro, al plantear el tema de la globalización y el feminismo, nos va a permitir reflexionar sobre cuál es el movimiento feminista que podemos o debemos resucitar.

 

Volver a encontrarnos en un espacio para feministas, de feministas, con feministas para entender la globalización y sus efectos en nuestros cuerpos, almas, mentes y espíritus nos va a ayudar a aclararnos sobre nuestros objetivos, prácticas y estrategias como movimiento. Ver, sentir, oír, oler, vivir la globalización en un espacio feminista nos dará la claridad para constituirnos de nuevo en un movimiento contestatario, maduro y reflexivo.

 

No estoy planteando que no pueda haber mujeres que se sientan o se definan como feministas y que también sean de derecha o de centro o de lo que sea. Es más, posiblemente haya muchas mujeres de derecha que en su vida personal sean más feministas que muchas de nosotras. Mujeres que hayan trabajado el sexismo interiorizado con más ahínco y determinación. Y esto es una parte importantísima de ser feminista. Sin embargo, ser feminista a nivel individual no es lo mismo que ser parte de un movimiento. Las feministas podemos estar en todos lados: en el Estado, en las agencias de cooperación, en la ONU, en las ONGs, y hasta en movimientos religiosos, artísticos, o que luchan contra otras formas de discriminación e intolerancia. Pero sostengo que el movimiento feminista, como tal, tiene que ser progresista, es decir, de izquierda, como lo fue desde sus inicios y en sus distintas etapas, de lo contrario tiene poco que ofrecerle a la gran mayoría de las mujeres que siguen siendo pobres.

 

El tema de la globalización no nos permitirá olvidarnos que hay otras formas de vivir la discriminación y que luchar contra éstas debe formar parte de nuestro accionar. Y, si lo hacemos bien, también nos puede ayudar a no caer en cosmovisiones parcializadas, porque así como el poder globalizado no es sólo machista, sino racista, clasista, homofóbico, adultocéntrico, etc., nuestro movimiento ha de poder hacer coaliciones con otros movimientos antidiscriminatorios, al tiempo que ayudamos a esos otros movimientos a no ser sexistas. Esto tenemos que hacerlo como movimiento y no ya como feministas individuales que participamos en esos otros movimientos. Es más, espero que dialogar, hacer talleres, teatro y otras dinámicas sobre el tema de la globalización nos ayude a reconstruirnos como el movimiento antidiscriminatorio por excelencia de América Latina y el Caribe y, por qué no, del mundo entero.

 

Si le veo tantas ventajas al tema es porque entiendo la globalización como un fenómeno que tiende a sustituir la economía basada en producir bienes, por una basada en la especulación. Y aunque las feministas de los años sesenta criticábamos el hecho de que se sobrevalorara el producir bienes por encima del cuidar y nutrir seres humanos, la globalización no ha generado un cambio en las actitudes hacia la reproducción. Todo lo contrario, lo que ha logrado es la sobrevaloración de los bienes virtuales, inmateriales o intangibles como lo son el dinero, el mercado de valores y la circulación de capitales, con lo que la reproducción ha quedado aún más desvalorizada. Y un tema central del feminismo fue y sigue siendo la reproducción humana.

 

Ahora no sólo vivimos en sociedades que desprecian el cuidar y nutrir, sino que también desprecian el producir comida, ropa, casas, etc. Y, como dicen los economistas, la riqueza no sale de la nada; si no se produce, la riqueza sólo puede provenir de quitársela a alguien. Mucha riqueza, como la de los Bill Gates y otros directivos de las multinacionales, implica quitarle un poco de riqueza a mucha gente. Y cuando un poco de riqueza significa todo lo que mucha gente tiene, la mucha riqueza de los pocos significa la pobreza de los muchos, especialmente de las muchas. Y otro tema central del feminismo fue y sigue siendo el empobrecimiento mayor de las mujeres.

 

La globalización, al sobrevalorar lo intangible, ha logrado que la mayoría de la gente se conforme con discursos desprovistos de acciones. La incorporación del discurso de género en las instituciones de la oligarquía internacional como el BM, el BID y el FMI ha permitido que puedan seguir con sus planes de ajuste estructural sin oposición del movimiento feminista porque lo están haciendo "con perspectiva de género". Cinco años después de Beijing, las mujeres del mundo estamos más pobres, más violentadas y más marginadas de los espacios de poder real y, sin embargo, decimos que hemos avanzado porque ahora estamos presentes en el discurso de los poderosos, y la perspectiva de género en todas o casi todas sus políticas y proyectos. Y una estrategia central del feminismo fue y sigue siendo el que se incorpore la perspectiva de género en todo el accionar humano, no como discurso, sino como medio para eliminar la desigualdad de poder entre los sexos.

 

La globalización niega el futuro porque la economía especulativa exige que las empresas o políticos que quieran mantenerse a flote tengan que obtener provechos inmediatos, sin importar las consecuencias para la naturaleza, los animales, los y las trabajadoras o el planeta. Otro tema central del feminismo ha sido y sigue siendo la utopía, y sin futuro no hay utopía posible de ser soñada. Y sin una utopía compartida no puede haber movimiento. El movimiento feminista puede reconocerse diverso, y en su seno puede haber mujeres de condiciones muy diferentes, pero un movimiento no puede subsistir sin un objetivo común y ante ese objetivo común hay que tener una posición común. Luchar contra la globalización puede ser nuestra posición común; soñar con un mundo de igualdades puede ser nuestra utopía.

 

La globalización destruye la esperanza porque al excluir a millones de personas de la posibilidad de salir de la pobreza, sólo permite el recurso a la violencia como medio de subsistencia. Las personas ya no pueden esperar que la situación mejore y su única salida es robar, traficar, matar. Y como no tienen acceso a los ricos, roban, trafican y matan a sus hermanas/os, compañeras/os y vecinas/os. Todavía otro tema del feminismo ha sido el derecho a vivir sin violencia y, sin esperanza, no puede haber paz porque su ausencia es ya una forma de violencia.

 

Hacer nuestras la democracia, las libertades fundamentales y los derechos humanos en general, ha sido una estrategia del movimiento feminista, especialmente en la última década. Sin embargo, la globalización ha degenerado estos valores que el mismo capitalismo tenía como elementales, a tal punto que parece un sin sentido apropiárnoslos. ¿Para qué queremos un sistema que se reduce a permitirnos escoger cada cierto tiempo entre dos o más malos planteamientos y peores políticos? ¿Por qué conformarnos con plantear propuestas dentro de este sistema, como las de las cuotas de participación política o penalización de la violencia doméstica, en vez de imaginar y luchar también por una real democracia? ¿Cómo defender la libertad de expresión si ésta se ha convertido en libertad de empresa y de empresas enormes que tergiversan la verdad a su antojo?

 

No estoy diciendo que no debemos luchar por la democracia, los derechos humanos y la libertad de expresión. Pero debemos hacerlo desde una posición común de crítica a la forma como se entiende desde la globalización. Necesitamos más mujeres en el poder, pero también necesitamos que esas mujeres no sean cualquier mujer, sino mujeres dispuestas a luchar contra la globalización. Necesitamos acabar con la violencia de género, pero necesitamos hacerlo con propuestas que no terminen beneficiando a los poderosos.

 

La globalización ha permitido que el país que cuenta con el mayor mercado de intangibles y un sistema militar para respaldarlo, sea entendido como líder en cuestiones que nada tienen que ver con su poderío económico-militar. Así el sistema político, legal y educativo de ese país son vistos como modelos a emular a pesar de que en ese país el actual presidente no fue electo por la mayoría de los votantes; las cárceles están llenas de las minorías étnicas; las mujeres no cuentan con licencias pre y post natales, y el mayor acceso a la educación superior no está produciendo más mujeres solidarias con las mayorías excluidas de los supuestos beneficios que estaría produciendo el actual sistema, sino más mujeres que gozan de los privilegios que otorga esa globalización. En un mundo cada vez más acrítico de lo que emana de ese centro de soberbia, arrogancia y despotismo que se ha erigido en el gendarme del mundo, muy poco se cuestiona su tecnología, su ciencia, su medicina y sus planes Colombia, que sólo en apariencia nos ha dado más ocio, libertad, salud o paz.

 

Podría seguir toda la noche hablando de los males que nos ha traído la globalización, pero creo que con estos pocos ejemplos podemos darnos cuenta de la importancia del tema para la teoría y práctica del feminismo y por qué pienso entonces que es un acierto de las organizadoras haber escogido el tema de la globalización y el feminismo para el próximo encuentro.

 

Y lo mejor, desde mi punto de vista, es que no tenemos que verle el lado bueno a la globalización. Hace poco leí un artículo de Miguel Riera en la revista española "El Viejo Topo", en el que el autor habla de la diferencia entre ésta y la mundialización, que es un fenómeno mucho más antiguo. Propongo entonces que hablemos de globalización cuando estamos hablando del actual modelo de

dominación capitalista a escala internacional, es decir, de la actual hegemonía de Estados Unidos. Y que hablemos de planetarización cuando estamos hablando de intercambio de conocimientos, valores, bienes, prácticas e ideas. Que hablemos de planetarización cuando estamos hablando de llevar las ideas y prácticas feministas a todas las mujeres y hombres de todas las culturas, etnias, edades, colores, sexualidades y habilidades. Que hablemos de la planetarización de la cultura feminista que implica interpretaciones de la realidad distintas a la globalizada, reelaboración de valores, reformulaciones lingüísticas y simbólicas, ciencia, arte, cine, música y literatura feminista. Después de todo, la planetarización de la cultura feminista es tan real como la globalización y no se debe a ella. Propongo también que hablemos de planetarización cuando estamos hablando de un movimiento que se suma al movimiento internacional contra el capitalismo desmedido.

 

No niego que hemos logrado algunas mejoras con nuestras propuestas, pero las feministas no podemos ser solamente propositivas, especialmente dentro de un marco normativo como el del neoliberalismo imperante. Frente a la depredación de la globalización, necesitamos un movimiento crítico, subversivo, transgresor y, más importante aún, un movimiento capaz de tejer otras realidades a partir de viejos sueños. Tenemos que, parafraseando a Fernan Gallego, montarnos en el tren del futuro socialista, subiendo con nuestro propio equipaje y enriqueciendo así las ideas y prácticas de los intelectuales de izquierda, de las y los indígenas, jóvenes, campesinos/as, negras/os, discapacitadas/os, obreras/os, consumidoras/es, que ya no se están tragando el cuento de que el socialismo murió para siempre y que, por ende, el capitalismo es el único modelo viable. La izquierda se está reconstruyendo en un nuevo sujeto político realmente alternativo y es imperante que apostemos a ella si no queremos que el tren del futuro se vaya sin nosotras y, por ende, vuelva a fracasar.

 

Es posible que ésta sea la última oportunidad de la humanidad para sobrevivir en este planeta. Creo que muchas de nosotras hemos pasado los últimos años tratando de "engenerar" las leyes y políticas públicas de nuestros Estados neoliberales.

Hemos aprendido mucho y logrado algo en ese andar. Es más, debemos seguir en este esfuerzo porque no es necesario escoger entre tratar de resolver problemas concretos o tejer la utopía. Con una utopía en nuestro horizonte, más claridad tendremos para el trabajo concreto.

 

Estoy totalmente convencida que como movimiento, y ya no como individuas, debemos apostar a un cambio radical. Por eso les propongo que aprovechemos el tema que nos brinda el noveno Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe para que le pongamos "género" a la utopía de la izquierda que, al final de cuentas, siempre fue la nuestra también.

 

Gracias Laura Alves por compartir este artículo.


© Alda Facio, agosto de 2001.

URL de este archivo: http://www.rimaweb.com.ar/feminismos/alda_facio_globalización.html
Fecha de publicación en RIMAweb: 1 de spetiembre de 2001