Insisto...

 

Este año fue para mí de tantos cambios que como toda una acuariana que se precie, la adrenalina casi fue tanta como la sangre que me recorre. Sin embargo, la tristeza puede más, la impotencia es superior.

En un país que vive a diario la humillación y la postergación de sus necesidades básicas más elementales, justo a mí se me ocurre en este momento enarbolar mis ideales sobre toda la habitual basura partidaria e intentar una vez más, reivindicar humildemente desde mi lugarcito el prestigio que la política nunca debió perder.

No es fácil, porque los funcionarios ya no funcionan y los dirigentes ya no dirigen y tampoco representan a sus mandantes, al pueblo. La mayoría ha mutado en gerentes de distintos negocios y negociados que cada vez los alejan más del bienestar común para privilegiar a unos pocos y olvidar a la mayoría sumergida. Sólo los consideran cuando esa mayoría les sirve para poder ser manipulada en pos de sus mezquinos intereses.

Se ha destruido la cultura del trabajo a partir de las prácticas clientelistas que instalaron cuando todavía el país tenía algún resto. Se han tergiversado los valores y le han hecho perder la dignidad a un pueblo que hoy ni siquiera posee un mínimo de orgullo patriota.

Se ha usado como pretexto "la muerte de las ideologías" sólo para que los corruptos de un lado y de los otros, actúen con espíritu de cuerpo en cuanto sienten amenazados sus privilegios.

Se rifaron los bienes del Estado sin que se reemplazaran por los tan publicitados beneficios de la globalización. Se vendieron las joyas de la abuela indiscriminadamente para pagar la fiesta -en cuentas del exterior- de una elite mientras en la Argentina la clase media -que supo conseguir el esfuerzo de nuestros abuelos- es hoy, una especie en extinción.

Bariloche está como el resto del país, con los índices de desempleo por las nubes, larguísimas colas frente a los cajeros automáticos, lecop -letras- que no se sabe a ciencia cierta como usarlos para pagar, por lo menos, los servicios indispensables, vecinos humildes que por primera vez tienen que "bancarizarse" para poder hacer uso y administrar sus miserias con tarjetas de última generación; sueldos atrasados, etc. etc.

Pero lo que es peor es la desesperanza que se respira, la tristeza que se huele, las manos callosas cerradas en un puño, los pies que se arrastran y la actitud doblegada, la capacidad para soñar aniquilada.

Por eso, porque me duele caminar por los barrios y ver los fantasmas grises de mis vecinos, porque me sublevan las caras sucias de los chiquitos con mocos, con hambre y sin zapatillas, porque me enfurecen los que insisten en ignorar la miseria, trabajo en denunciar para construir -no basta con destruir lo que estorba, también hay que construir lo que falta- aún cuando la denuncia haga que cada vez sea más breve mi paso por la función pública. Porque soy una cabeza dura que pretende derribar todos los muros, voy a seguir hasta donde me dejen porque soy una convencida de que otra vida para mis hermanos y para mí es posible.

 

Laura Alves


18 de diciembre de 2001.

 

© 2001, Laura Alves
RIMA: Red Informativa de Mujeres de Argentina.
URL de este archivo: http://www.rimaweb.com.ar/opinion/laura_alves_insistir.html
Fecha de publicación en RIMAweb: 18 de enero de 2002
Palabras clave: crisis argentina, feminismo, lucha social
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