Curso de reproducción y sexualidad para niños/as

Por Cynthia Peters

Título original: Reproduction and sexuality, 101

Origen: Z Commentaries, 1-3-2000

Traducido por Alfred Sola y revisado por Cristina Feijoo
y Lucio Salas, abril de 2001

 

Vivo en un barrio variado y progresista en que las escuelas tienen libros como 'Heather tiene dos mamás', pero aunque esta conciencia de que "el amor hace a la familia" tiene fuerte implantación, no parece que eso se refleje en la forma en que hablamos a los niños sobre sexualidad y reproducción.

En mi familia y en las de mis amigos hay parejas de lesbianas de razas diferentes, parejas heterosexuales de distintas razas, madres solteras (algunas con niños adoptados, otras no). Hay madres biológicas lesbianas cuyos hijos han sido procreados por amigos, conocidos y bancos de donación de semen. Y también hay parejas heterosexuales, algunas con hijos biológicos, otras con hijos de otras relaciones, otras con hijos adoptados.

Fue en este contexto en el que mi hija de seis años me vino un día y me dijo "Mamá, Maddy y yo tenemos una discusión. Ella dice que se necesita un hombre y una mujer para tener un bebé, y yo digo que no. ¿Quién tiene razón?"

Es una pregunta difícil. Aparte de los avances en la clonación, la intervención divina y la partenogénesis, sí se necesita esperma y un óvulo para hacer un bebé. Pero después de eso el resto puede variar mucho. Casi cualquiera que quiera tener un hijo puede tenerlo o conseguir uno de diversas maneras.

Lo cual nos lleva a la pregunta de cómo hablar a nuestros hijos sobre la reproducción. Parece que cuando los niños empiezan a preguntar sobre el sexo, les contestamos con los pormenores de la cópula heterosexual. Sexo equivale a reproducción. Por lo tanto, el sexo es relación entre heterosexuales que quieren tener un bebé. O al menos así es como les debe parecer a la mayoría de chicos de primaria que empiezan a preguntar sobre el sexo, de dónde vienen los niños y ese tipo de cosas.

Cuando mi hija obtuvo la respuesta "estándar" sobre el sexo reproductivo, pensó sobre ello un buen rato y entonces dijo "¿Quieres decir que tu hiciste eso con papá para hacerme?" Yo asentí. "¿Y lo hicisteis otra vez para hacer a Sila?" Asentí de nuevo. Pausa prolongada. "¿Crees que lo volveréis a hacer alguna vez?"

Claramente, había absorbido parte del significado del sexo reproductivo, pero no mucho sobre sexualidad. Sin abrumar a nuestros hijos, debemos diferenciar entre sexo y reproducción. Debemos recalcar el hecho que las familias pueden combinarse en todo tipo de formas. Y debemos introducir algún tipo de lenguaje para hablar sobre nuestra capacidad de placer y expresión sexual, experiencias corporales que no están relacionadas de ningún modo con pasar nuestros genes.

¿De qué formas podríamos hacer eso y por qué es importante?

Para empezar, tiremos por la borda el paradigma vagina/pene. En el lenguaje liberado de hoy en día, creemos que lo hacemos bastante bien al explicar la diferencia básica entre géneros de la siguiente forma: los niños tienen pene y las niñas tienen vagina. Realmente es un paso hacia adelante respecto el lenguaje de la vieja escuela, que daba a los niños un atributo y a las niñas la ausencia de uno: los niños tienen pene y las niñas no. Pero, ¿desde cuándo es la vagina la característica definitoria de los genitales femeninos? Es cierto que juega un papel clave en el hecho reproductivo, pero el clítoris es mucho más interesante por otros motivos. Sin embargo, no oyes mencionarlo a demasiados niños. Cualquier niña que haya dejado los pañales sabe de su existencia, pero no tiene una palabra para mencionarlo, y el silencio peculiar sobre él (puesto que nombramos todas las otras partes del cuerpo de la niña) lo hace parecer prohibido.

Luego debemos reflexionar sobre esos viejos diagramas con que nuestra profesora de gimnasia de secundaria nos mostraba "los hechos de la vida". ¿Estaban tan mal después de todo? ¿No comunicaban con precisión lo que debe ocurrir entre un espermatozoide y un óvulo para que empiecen a multiplicarse esas células? Nos reímos de esos diagramas porque no revelaban nada de la sexualidad, y eso es lo que nos importaba. En algunos círculos, los liberales intentaron llevar el placer a la ecuación. Otro paso adelante, supongo, como que la "vagina" entrara en el diccionario, pero aquí está el problema: si juntamos los conceptos de placer y de sexo reproductivo, ¿cómo explicas entonces el otro 90% de la expresión sexual?

La mayoría de niños y adolescentes ha experimentado alguna versión de su propia sexualidad, la mayoría de ella no relacionada con la procreación, y sin embargo les hablamos del sexo sólo en términos reproductivos. Eso es confuso, en el mejor de los casos. Y en el peor, los sentimientos sexuales adquieren un aura de secretismo y no compartimos ningún lenguaje con nuestros chicos para hablar sobre ellos. Volvamos a las viñetas que muestran la mecánica acerca de dónde vienen los niños. Añadamos información explícita sobre control de la natalidad cuando sea apropiado. Y luego pensemos en formas apropiadas para cada edad de hablar francamente a los niños (y escucharles abiertamente) sobre el placer y la expresión sexual. Dejemos que palabras y conceptos como masturbación, placer, sexualidad, sensualidad, gay, lesbiana y bisexual (que no tienen nada que ver con la reproducción) sean parte del diálogo en la familia y en la comunidad. Si no lo hacemos, dejamos básicamente la discusión en manos de los anunciantes, que llenan las ondas y nuestras conciencias con imágenes de agresores sexuales masculinos y pasivas receptoras femeninas de la atención masculina.

Un último pensamiento: gracias al feminismo hemos avanzado mucho. Pero el patriarcado y el heterosexismo se perpetúan en nuestro lenguaje y en nuestras formas de conceptualizar interacciones humanas importantes como el sexo y la sexualidad. Tomemos, por ejemplo, el libro para niños titulado "¿De dónde vengo?. La realidad de la vida sin tonterías y con ilustraciones" que a primera vista parece progresista y con una visión positiva sobre el sexo. El siguiente extracto de la sección llamada "El inicio de un bebé" da toda la iniciativa sexual al hombre. La mujer es un receptáculo dispuesto. "El hombre ama a la mujer. Así que le da un beso. Y luego se abrazan muy fuerte". Después de algunos detalles sobre el desarrollo de una erección en el hombre, nos dice que ahora quiere estar tan cerca como sea posible de la mujer, así que decide poner su pene en su vagina.

Bueno, genial. Léele este libro a una niña pequeña y le acabas de comunicar una sinopsis muy clara del papel de una mujer en la vida y en el sexo: los hombres tienen deseos poderosos que las mujeres deben satisfacer.

Debemos recordar el poder del lenguaje: si los niños, especialmente las niñas, no tienen palabras para describir las partes de sus cuerpos que les dan placer, les estamos quitando las herramientas que necesitan para comunicarse sobre la sexualidad y para dirigir su propia sexualidad. Si no hacemos distinción entre el sexo reproductivo y el placer sexual, relegamos todas las formas de expresión sexual (más allá de la relación heterosexual) al reino de lo desconocido y de lo que "no se debe hablar". Si no encontramos formas sanas de hablar sobre sexo y sexualidad con nuestros hijos, entonces estamos dejando que sean Disney y los anuncios de cerveza los que definan los parámetros de la expresión sexual. Y si intentamos llevar un sentimiento positivo y progresista a la pregunta "De dónde vienen los niños", entonces estamos asociando el placer sexual únicamente con el rol reproductivo, no reconociendo las múltiples formas en que niños y adultos experimentan la sexualidad, y estamos saltándonos una explicación más realista de cómo se crean las familias.

 

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