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El costo de la violencia doméstica

Una sangría para las economías de la región

 

Dejemos hablar a las cifras. Los devastadores efectos de la violencia doméstica en las economías impactan cuando se empiezan a conocer los millones de dólares consumidos por los gastos que demanda en salud, policía, justicia y merma de la productividad.

Según un estudio del Banco Mundial, uno de cada cinco días laborables que pierden las mujeres por razones de salud es el resultado de problemas relacionados con la violencia doméstica.

En Canadá, un informe revela que este tipo de violencia causa un gasto de unos US$1.600 millones anuales, incluyendo la atención médica de las víctimas y las pérdidas de productividad. En Estados Unidos, diversos estudios determinaron pérdidas anuales de entre US$10.000 millones y US$67.000 millones por las mismas razones.

Para América Latina y el Caribe casi no hay cifras disponibles, ya que recién comienzan a realizarse estudios sobre el impacto económico de la violencia doméstica en la región.

Los efectos en la propia mujer víctima de la violencia son los más inmediatamente visibles: gastos en salud, ausentismo laboral, disminución de ingresos para el grupo familiar. Pero ellos constituyen apenas la punta del iceberg frente a los costos que el problema tiene para la sociedad, como su impacto global en los sistemas de salud, aparatos policiales y régimen judicial.

"Los costos indirectos pueden superar ampliamente a los costos directos", estima Mayra Buvinic, jefa de la Unidad del Programa de la Mujer en el Desarrollo del BID.

 

UN MAL TRANSMISIBLE...

Un impacto importante se observa en la salud materna durante el embarazo, por los severos efectos que tiene en los hijos por nacer. Las agresiones físicas y psicológicas provocan mayores tasas de mortalidad prenatal e infantil, y problemas de salud que acortan la vida activa de las mujeres.

Un estudio sobre Nicaragua recién realizado por el BID muestra que los hijos de familias con violencia intrafamiliar contra la mujer son tres veces más propensos a asistir a consultas médicas y también son hospitalizados con mayor frecuencia. El 63 por ciento de estos niños repite años escolares y abandona la escuela en promedio a los 9 años de edad, frente a una escolaridad hasta los 12 años en los hijos de mujeres que no sufren castigos graves.

La violencia se convierte también en gran medida en una escuela que prolonga y perpetúa el mal: cuando los niños son víctimas o testigos de abusos, tienden a repetir esas conductas.

 

EL FACTOR POBREZA...

Estudios hechos por el BID analizan la relación entre la violencia doméstica y otras variables socioeconómicas, como la violencia social y la pobreza.

"El nivel de violencia social determina en gran medida la capacidad de una sociedad para lograr un crecimiento económico sostenido", afirma Mayra Buvinic, y agrega que la pobreza es un significativo factor de riesgo para la violencia doméstica. En Chile, por ejemplo, los casos de violencia física son cinco veces más frecuentes en los grupos de bajos ingresos, mientras que la violencia física grave es siete veces más común entre los pobres, relación que se ha verificado también en otros países.

Hay evidencia, además, de que las mujeres golpeadas son más pobres. En Nicaragua, las mujeres víctimas de violencia física grave perciben menos de la mitad de los ingresos laborales que las mujeres no víctimas.

 

MÁS TRABAJO, MENOS ABUSO...

Los datos más recientes de América Latina muestran que una manera de reducir la violencia doméstica es la mayor participación de la mujer en la fuerza laboral, fenómeno que al mismo tiempo estimula el desarrollo económico de un país.

El estudio del BID en Nicaragua determinó que son víctimas de violencia física grave el 41 por ciento de las mujeres que no trabajan en forma remunerada, mientras que entre las que sí trabajan por un pago --y lo hacen además fuera del hogar-- la violencia física grave sólo afecta al 10 por ciento.

Por otra parte, las mujeres que reciben ingresos no laborales son significativamente menos susceptibles al maltrato físico por parte del cónyuge. En Nicaragua, por ejemplo, sólo el 2,78 por ciento de las mujeres que cuentan con apoyo financiero de otros miembros de su familia son víctimas de violencia física. La otra cara de la moneda es que las mujeres que no cuentan con ningún ingreso propio --especialmente las que trabajan sin remuneración en negocios familiares-- son más frecuentemente víctimas de violencia doméstica.

Una estrategia posible para reducir la violencia doméstica, entonces, sería alentar la intervención activa de la mujer en la economía. Y una de las maneras más efectivas de hacerlo, señalan varios estudios, es la ayuda para el establecimiento de microempresas.

La magnitud de los costos de la violencia, enraizada profunda y persistentemente en el tejido social, ha alertado a los gobiernos sobre la necesidad de acción. Mejorar la condición de la mujer y desarrollar su potencial económico es una de las vías para alcanzar un crecimiento no sólo más equitativo y más sustentable sino también más justo y más humano.

 

UNA REALIDAD QUE GOLPEA:

En Chile, un estudio reciente reveló que casi el 60 por ciento de las mujeres que viven en pareja sufren algún tipo de violencia doméstica y más del 10 por ciento agresión física grave.

En Colombia, más del 20 por ciento de las mujeres ha sido víctima de abuso físico, un 10 por ciento ha sufrido abuso sexual, y un 34 por ciento, abuso psicológico.

En Ecuador, el 60 por ciento de las residentes en barrios pobres de Quito han sido golpeadas por sus parejas.

En Argentina, el 37 por ciento de las mujeres golpeadas por sus esposos llevan 20 años o más soportando abusos de este tipo.

 

LAS CIFRAS MÁS RECIENTES

 

Un estudio realizado en Nicaragua en 1997 arroja resultados que podrían reflejar lo que actualmente sucede en la región.

---El 32,8 por ciento de las mujeres entre los 16 y 49 años son víctimas de violencia física severa (golpes, lanzamiento de objetos, uso de instrumentos cortopunzantes, quemaduras, y empujones fuertes.

---El 45 por ciento de las mujeres sufren amenazas, gritos, insultos, o presencian destrucción de sus bienes personales.

---El 13,8 por ciento de las mujeres informan haber sufrido moretones como consecuencia de golpes de sus cónyuges.

---El 63,1 por ciento de los hijos de mujeres víctimas de violencia física severa han repetido alguna vez un año escolar.

---Los hijos de víctimas de violencia física severa abandonan la escuela cuatro años antes que el promedio general.

---En hogares con violencia física grave sobre la mujer, los hijos son 100 veces más propensos a ser hospitalizados.

---El 41 por ciento de las mujeres que no trabajan en forma remunerada son víctimas de violencia física grave, mientras que sólo el 10 por ciento de las que trabajan fuera de sus casas y perciben ingresos lo son.

 

 


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Fecha de actualización en RIMAweb: 15-07-2004
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